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Lucas Ferro comparte su opinión para el equipo de Crónica Global / CG

Ferro: "Señalar al panadero por hablar en castellano es puramente reaccionario"

El diputado de Podem defiende la inmersión, pero precisa que considerar el catalán como vehicular "no significa que el resto de lenguas sean extranjeras"

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Lucas Ferro, diputado de Podem en el Parlament, defiende la inmersión lingüística, pero precisa en una entrevista en Crónica Global que la consideración del catalán como lengua propia "no quiere decir que el resto de lenguas sean extranjeras y eso es fundamental. Hay una parte del catalanismo reaccionario que no entiende que los derechos lingüísticos son de todos".

--PREGUNTA: El blindaje del catalán como lengua vehicular que contempla la ley Celaá ¿genera también tensión? Hay personas, más allá de PP y Ciudadanos, rechazan que el castellano tenga un rango inferior al catalán a nivel oficial, si socialmente no hay conflicto.

--RESPUESTA: Es que en realidad no se ha cambiado nada. Quien cambió eso fue la ley Wert, impuesta por un partido que tenía mayoría absoluta y de espaldas a la comunidad educativa. Esta ley cuenta con más de 300 enmiendas del sector educativo incorporadas y con una pluralidad parlamentaria que nunca ha tenido una ley educativa en nuestro país. Y lo que hace es reconocer algo evidente, que España es un país plurilingüe, donde hay una lengua oficial y común, que es el castellano, en todo el Estado y lengua propias en los diferentes territorios. Y esas lenguas propias de cada territorio son las que deben vehicular la enseñanza en esos territorios, porque son minoritarias y necesitan espacios de normalización lingüística. Sin lo que ha supuesto la inmersión en Cataluña, yo entendería en catalán, porque veía el Club Super3 en TV3, Bola de drac, hablaba catalán con mis amigos… Pero no sabría escribir correctamente en catalán, no podría aspirar a ser profesor en según qué centros educativos en Cataluña. Así las familias castellanohablantes pueden tener las mismas aspiraciones, y eso fue el motivo por el que las propias clases castellanohablantes y los movimientos populares durante la transición hicieron la apuesta por la inmersión y un sistema educativo único frente a partidos como ERC o CiU que apostaban por una doble vía, es decir, unas escuelas catalanohablantes y otras castellanohablantes. Creo que eso ha sido un modelo de éxito y de cohesión social durante muchos años en Cataluña, y debe seguir siéndole.

--Pero quizá todo ese refuerzo del catalán en según que ámbitos se podría haber hecho sin oficializar que una lengua es vehicular y la otra no, o que el castellano no una lengua propia. Porque da la sensación de que una es mejor que la otra.

--Hay un discurso que se retroalimenta que es la consideración de lengua propia, que no la hace esta ley. La consideración de lengua propia forma parte de la tradición democrática española. Nace en la segunda República y se recupera en la transición. Y figura en los Estatutos de Cataluña, Valencia, Baleares, País Vasco y Galicia, en la ley del euskera de Navarra, en la ley de lenguas de Aragón. Es la forma que tenemos de explicar en Cataluña que en España hay territorios con lenguas particulares. Porque lo contrario de propia no es impropia. Cada vez que se señala al panadero por hablar en castellano, se está retroalimentando una visión lingüística que es puramente reaccionaria. Que el catalán sea lengua propia no quiere decir que el resto de lenguas sean extranjeras y eso es fundamental. Hay una parte del catalanismo reaccionario que no entiende que los derechos lingüísticos son de todos. Y que luego tiene que haber apuestas institucionales para sostener las lenguas minoritarias, y tengan espacios institucionales donde reforzarse y no ser minorizadas. En eso creo que estamos todos de acuerdo. Pero insisto, que haya quien defiende que la lengua propia es el catalán y el resto son lenguas extranjeras no significa que la ley Celaá diga eso ni que los estatutos digan eso.