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El presidente del Parlament de Cataluña, Roger Torrent, y dirigente de Esquerra Republicana / EFE

ERC dice ahora que está dispuesta a jugárselo todo por la República

El presidente del Parlament y dirigente republicano, Roger Torrent, reclama que no se cuestione el compromiso de su partido

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La presión es total. Los gurús mediáticos por un lado, las entidades soberanistas por el otro, y Carles Puigdemont con todo el campo libre desde Berlín, mientras sus dirigentes, los de Esquerra, siguen en prisión o en “el exilio”. Esa es la situación de ERC, que ha obligado a Roger Torrent, presidente del Parlament, a proclamar que su partido está “dispuesto a jugárselo todo” por la República.

Pero, ¿qué República? Los republicanos, y valga la redundancia, han jugado con esa idea en los últimos meses. “Implementar” la república quiere decir que buscarán ganar tiempo, ampliando la base social del independentismo, y gestionar desde la Generalitat, con políticas que permitan esa “república” y que se basan en extender los derechos sociales. Pero “implementar” la república es, para el núcleo duro del independentismo dejar de respetar los vínculos legales con el Estado español y proclamar ya la independencia con todas las consecuencias.

República es democracia

Entre esos dos terrenos de juego se mueve Esquerra, como ha querido dejar claro este sábado Roger Torrent en un acto de partido con motivo del recuerdo de la II República. “República es democracia”, ha señalado, para insistir en que su partido hará todo lo necesario para “implementar la República”.

Torrent ha querido constatar su acento más ‘indepe’, con proclamas sobre el carácter “represivo” del Estado. “Se vive una de las olas de represión más grandes que se recuerdan”, y por ello ha llegado el momento, a su juicio, de “darlo todo por implementar la república, como estamos haciendo ahora y como lo hicimos en los años treinta”, los de la II República.

Sin embargo, esa es la retórica. Lo que defiende Esquerra es formar gobierno cuanto antes e intentar iniciar una nueva fase política en Cataluña, que, por ahora, se ve lejana, con todo pendiente de los deseos y de la estrategia de Puigdemont.