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Sesión de un pleno del Senado / EUROPA PRESS

Las elecciones al Senado, claves para autorizar otro 155 en Cataluña

El Gobierno necesita la aprobación por mayoría absoluta de la Cámara Alta para intervenir una autonomía

10.03.2019 16:26 h.
8 min

Las elecciones al Senado, celebradas de forma simultánea a las del Congreso, nunca han despertado un gran interés entre la sociedad española. No obstante, la entrada en escena del artículo 155 por primera vez en la democracia en 2018 ha provocado que la designación de los representantes de la Cámara Alta cobre un interés mayor. Y es que el futuro Gobierno saliente del 28A, si quiere intervenir una autonomía, necesitará que los senadores lo aprueben por mayoría absoluta.  

El Senado es, formalmente, la cámara de segunda lectura de las leyes que aprueba el Congreso, que puede deshacer los cambios que introduzca y tiene el protagonismo en el proceso legislativo y de control al Gobierno. La Cámara Alta sólo es decisiva para que el Gobierno pueda aplicar el 155, porque necesita su autorización, así como para aprobar lo que se denomina techo de gasto, esto es, los límites presupuestarios con los que el Gobierno tendrá que elaborar las cuentas del Estado.

Mayoría absoluta del PP

Si Senado y Congreso tienen mayorías diferentes, como le ha ocurrido al actual Ejecutivo de Pedro Sánchez, puede ser utilizada para dilatar tramitaciones, crear comisiones de investigación o endurecer el control al Gobierno, entre otras medidas, pero no tiene otra trascendencia legislativa. En las últimas tres legislaturas, el Partido Popular ha ostentado la mayoría absoluta en esta cámara, una situación que podría verse alterada a partir del 28 de abril.

Los ciudadanos eligen en las próximas generales a 208 de los 265 miembros del Senado de la nueva legislatura, ya que el resto son de designación autonómica (los designan los parlamentos regionales). En cada provincia, con excepción de las islas, de Ceuta y de Melilla, se elige a cuatro senadores mediante un sistema de listas abiertas, una libertad de elección que sin embargo no se utiliza.

Competición de dos

Los electores suelen señalar en la papeleta a los candidatos de un mismo partido y el resultado es que la formación más votada se lleva tres escaños y la segunda, uno. Es decir, sólo dos partidos se distribuyen los senadores y hasta la fecha, en la mayoría de casos, han sido PP y PSOE.

"La tercera fuerza política de cada provincia y las siguientes no obtienen escaños", explica el secretario general del Senado, Manuel Cavero, letrado mayor de la Cámara Alta. Cavero señala que los votantes se guían mayoritariamente por la "lógica de partido" y cuando escogen la papeleta de una formación para el Congreso, suelen apoyar a sus candidatos también para el Senado. Pero en la Cámara Alta "el sistema premia" al más votado, que se lleva directamente tres escaños, mientras que el segundo partido se queda con el cuarto senador en disputa.

Castigo a los pequeños

De cara a las próximas elecciones, los dos partidos más fuertes en el Congreso serán los que se llevarán probablemente el grueso de los senadores; está por ver si ese 3+1 será un PP-PSOE, como en las últimas legislaturas, o la situación cambia radicalmente. La duda de los populares es que la división del voto en la derecha haga mayoritarios a los candidatos socialistas y que el PP se quede con el cuarto escaño. Es decir, que el reparto 3+1 a su favor dé la vuelta a favor del PSOE.

Este sistema y el apoyo mayoritario hasta ahora a PP y PSOE ha complicado la entrada en la Cámara Alta de los nuevos partidos. En las generales de junio de 2016, Ciudadanos logró 3,1 millones de votos al Congreso y 32 diputados, pero no consiguió ni un sólo senador porque resultó ser tercera o cuarta fuerza, lo que en la Cámara Alta se traduce en quedarse sin escaño. El partido naranja tiene seis senadores, pero todos elegidos por parlamentos autonómicos (Andalucía, Madrid, Catalunya y Comunidad Valenciana), no en las urnas.

Unidos Podemos y sus confluencias, sin embargo, lograron auparse en esas elecciones de 2016 a la primera o segunda posición en Catalunya, País Vasco, Galicia, Comunidad Valenciana, Navarra y Baleares, lo que les concedió 14 escaños.

Beneficio a los nacionalistas

La mayoría a favor de populares o socialistas, especialmente de los primeros, ha sido lo habitual legislatura tras legislatura con la salvedad de 1993, cuando se dio un empate con 96 escaños para el PSOE y 93 para PP, y de 2008 (101 a 88). El sistema le dio al PP en 2011 el mejor resultado obtenido por un partido político en democracia en el Senado: se hizo con 136 de los 208 senadores en liza.

El tercer partido y los siguientes sin embargo se sitúan muy lejos de esas cifras y no suelen pasar de la docena de senadores electos. Al margen de Unidos Podemos, sólo los partidos catalanes y el PNV se han acercado a los diez o los doce parlamentarios obtenidos únicamente en sus territorios. El buen resultado de los partidos nacionalistas se debe también al diseño del sistema de elección, donde una parte de los senadores son escogidos por los parlamentos regionales. Y es que la Cámara Alta en teoría, también es un órgano de representación territorial. 

Desigualdad entre provincias

Según el sistema electoral, todas las provincias eligen al mismo número de senadores (como se ha señalado, salvo las islas, Ceuta y Melilla) al margen de su tamaño: Madrid y Barcelona envían a cuatro representantes a la Cámara Alta al igual que Soria o Teruel. A estos 208 senadores electos se les suman otros 57 de designación, donde la cifra ya sí varía por comunidades dependiendo del tamaño.

Manuel Cavero explica que cuando se diseñó este sistema no existían las comunidades autónomas y se optó por este reparto igualitario entre provincias para que "las menos pobladas y sociológicamente más tradicionales o conservadoras pudieran equipararse a las más urbanas o progresistas".

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