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El líder de Podemos, Pablo Iglesias, y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

El 'inconfesable' apoyo de los independentistas al referéndum pactado de Podemos

Iglesias propone una consulta con cobertura constitucional que sacaría del atolladero a CDC y ERC, acorralados por la unilateralidad que plantea la CUP

María Jesús Cañizares
5 min

Para Podemos, el referéndum sobre el futuro de Cataluña no es una línea roja. Nunca lo fue, pero la intervención que Pablo Iglesias hizo al respecto en el debate televisivo del lunes ha permitido a las formaciones independentistas que acuden a las elecciones del 26J, CDC y ERC, agarrarse a esas palabras para sentenciar que los partidos “españoles” no son de fiar.

No es la primera vez que Iglesias y sus compañeros de partido precisan que el referéndum no es una condición sine qua non para pactar la formación de Gobierno, aunque con esa predisposición al toma y daca no han logrado --tal como se visualizó en el citado debate-- que el PSOE se avenga a un acuerdo.

Grandes expectativas

En este asunto, Iglesias ha jugado a la ambigüedad, es decir, que ha levantado grandes expectativas entre determinados sectores secesionistas hablando de un referéndum en Cataluña que evoca una unilateralidad en realidad inexistente.

La textualidad del programa electoral de Podemos se basa en dos puntos: en un derecho a decidir en el marco del “cambio constitucional” y en un referéndum al que la Carta Magna daría cobertura. Nada de unilateralidad, como defiende ahora ERC, más por bailarle el agua a la CUP que por convicción.

Lo que plantea Podemos

Así, los podemitas proponen la “apertura de un amplio debate ciudadano sobre el reconocimiento y las formas del ejercicio del derecho a decidir en el marco del cambio constitucional. Reconocimiento constitucional de la naturaleza plurinacional de España. Garantía constitucional del derecho de los gobiernos autonómicos a celebrar consultas a la ciudadanía sobre el encaje territorial de país cuando una mayoría lo pida con intensidad. Al amparo del artículo 92 de la CE, convocatoria de un referéndum con garantías en Cataluña para que sus ciudadanos y ciudadanas puedan decidir el tipo de relación territorial que desean establecer con el resto de España”.

Hay que recordar que, en sus primeras propuestas electorales, las que plantearon de cara a los comicios del 20D, la formación de Pablo Iglesias ni siquiera contemplaba esa vía de la consulta para ejercer el derecho a decidir.

Teatralidad

Por su parte, hay un punto de teatralidad en las críticas de CDC y ERC a la falta de sensibilidad catalana de Podemos y acusan a su líder de "hacer un Zapatero". Es decir, de prometer un referéndum que no podrán cumplir, tal como sucedió con el Estatuto. Pero los sectores más moderados de CDC, aquellos que están llamados a protagonizar la refundación de este partido en horas bajas, confiesan en privado que un referéndum para cambiar la Constitución les permitiría salir del atolladero en que se han metido.

Dicho de otra manera, que abrir el melón de la reforma constitucional conciliaría una centralidad que es precisamente la que pretende ocupar de nuevo Convergència. Otra cosa es en qué términos se plantea el caso catalán o qué pasaría si gana el “no”. Pero lo cierto es que la vía Podemos agradó, y mucho, al presidente Carles Puigdemont, según dijo Iglesias tras el encuentro mantenido en el Palau de la Generalitat hace dos meses.

Comisión sobre Cataluña

El propio candidato de CDC, Francesc Homs, conocido por su radicalidad separatista, ha propuesto recientemente la creación de una comisión en el Congreso para abordar el encaje de Cataluña en el conjunto de España, que apunta a ese cauce constitucional.

Por su parte, ERC también actúa en clave electoral y mantiene la equidistancia entre dos partidos con los que es posible que llegue a formar Gobierno, CUP y la órbita de Podemos en Cataluña, incluida Ada Colau, a quien PP y Ciudadanos se empeñan en presentar como independentista, sin serlo. Los cupaires son los cerebros intelectuales del término referéndum unilateral de independencia (RUI), que está haciendo fortuna en la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y que los republicanos no rechazan, aunque prefieren agotar la vía del diálogo. Es decir, del referéndum pactado.