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El presidente Carles Puigdemont (i) junto a su predecesor, Artur Mas (d) en el Palau de la Generalitat, tras el juicio del 9N / RUBÉN MORENO

El homenaje presidencial a Mas se le va de las manos a Puigdemont

La solemne recepción de Palau tras el juicio del 9N irrita al aparato de PDECat y al entorno del jefe del gobierno catalán

2 min

Dos líderes políticos, una misma foto. El juicio por la organización de la consulta del 9N exigía una imagen de unidad entre Artur Mas y Carles Puigdemont. Y así se hizo el viernes por la noche, cuando el presidente catalán rindió homenaje al acusado con una solemne recepción en el Palau de la Generalitat. Sin embargo, el aparato de PDECat y el entorno de Puigdemont creen que ese agasajo presidencial fue excesivo.

El exalcalde de Girona decidió concluir la semana del “juicio del siglo”, según la terminología soberanista, tal como la había empezado: recibiendo a Mas, la exvicepresidenta Joana Ortega y la exconsejera de Enseñanza, Irene Rigau, en el Palau de la Generalitat.

"Grândola, Vila Morena" en el carrillón

Los equipos de Mas y de Puigdemont estaban de acuerdo con celebrar ese acto, amenizado con las notas de Grândola, Vila Morena –el himno de la revolución de los claveles de Portugal—interpretadas por el carrillón. Lo que disgustó al entorno del actual inquilino del Palau de la plaza Sant Jaume fue la rueda de prensa conjunta en la que se dispusieron dos atriles en la sala noble. El formato colocó a ambos dirigentes al mismo nivel, lo que a juicio de los nuevos convergentes, lanzó un mensaje subliminal: Mas es el que manda, mientras que Puigdemont no logra emanciparse.

Según han explicado a Crónica Global fuentes conocedoras de la gestión de esa comparecencia pública, el criterio del entorno de Mas se impuso al de Puigdemont.

Nuevo ruido de sables, por tanto, entre quienes parecen inmersos en una carrera por la candidatura a la presidencia de la Generalitat. Puigdemont no se postula, pero se deja querer, mientras que Mas no descarta presentarse y busca que le quieran.