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Josep Borrell (i) y Pedro Sánchez (d) en una imagen de archivo / EFE

El 'exilio' de Borrell deja las manos libres a Sánchez para pactar con los 'indepes'

La Moncloa quiere una campaña sobre el eje izquierda-derecha para concentrar votos frente al trío de Vox, PP y Cs, lo que facilitaría un entente con los soberanistas

27.02.2019 00:00 h.
7 min

Una decisión complicada. Josep Borrell será el candidato del PSOE a las elecciones europeas pese a que no era su destino más deseado. Borrell, que fue presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007, se había inclinado en los últimos días por encabezar la lista por Barcelona en las elecciones generales. Pero ha sido Pedro Sánchez quien, finalmente, ha acordado con Borrell la vía europea.

Borrell tendrá la opción de encabezar la lista por toda España, al ser unas elecciones de circunscripción única, pero las cosas han cambiado desde el momento en que Sánchez convocó las generales para el 28 de abril, antes de las elecciones autonómicas, municipales y europeas del 26 de mayo. El presidente del Gobierno necesita a Borrell en Europa y no en Barcelona. Se trata de la estrategia socialista elegida, que no se quiere variar: todo debe estar relacionado con el eje izquierda-derecha.

Que viene la derecha

Sánchez ha comenzado a perfilar la campaña electoral con el apoyo del PSC. La apuesta es arriesgada y dura: agrupar todo el voto de la izquierda posible, provocar dudas en los electores que se ubican en el centro y pedir el voto para que no gobierne la derecha, una derecha que se identifica, este vez, con tres partidos: PP, Ciudadanos y Vox. ¿Era compatible todo eso con Borrell?

Lo era, pero Borrell tiene otro componente que ha resultado fatal para sus intereses como cabeza de lista por Barcelona: su fuerte personalidad y su batalla sin cuartel contra el independentismo. No se trata de que el PSOE renuncie a ese papel --después, además, de que los partidos independentistas hubieran dejado en la estacada al Gobierno de Sánchez con el rechazo a los presupuestos--, sino de poner el acento en el eje ideológico y no tanto en el conflicto Cataluña-España. Y Borrell es visto, por el mundo independentista, como un gran espantajo, como el representante del constitucionalismo que se debe combatir.

Meritxell Batet, ministra de Política Territorial, un desayuno informativo / EFE

La ministra Meritxell Batet, en el centro

Batet y el acercamiento al independentismo

Él mismo ha contribuido a esa imagen, con un papel muy activo en la entidad constitucionalista Societat Civil Catalana. Su candidatura, sin embargo, a las elecciones generales era defendida por una parte el PSOE y del PSC que reclaman ese combate de frente y ganar el terreno a Ciudadanos para recuperar los votos que se fueron a la formación naranja en las elecciones autonómicas del 21-D.

Ha ganado, no obstante, la opción de Meritxell Batet, la ministra de Política Territorial, que será ratificada como cabeza de cartel del PSC por Barcelona en el consejo nacional del partido este sábado. Batet, que ha buscado un acercamiento con el Gobierno de Quim Torra como ministra, en los ocho meses de gobierno de Pedro Sánchez, está más interesada en el objetivo real de los socialistas: plantear las elecciones como una dualidad, o Sánchez o tripartito de derechas. Y con ello se plantea ganar apoyo electoral por parte de todos aquellos ciudadanos catalanes que, al margen de su identificación con el procés independentista, lo que no quieren es un Gobierno de Pablo Casado, junto a Albert Rivera y Santiago Abascal, los líderes del PP, Ciudadanos y Vox. ¿Qué sale más a cuenta? Los estrategas del PSC no lo dudan: “las elecciones son elecciones generales y lo que se dirime es un Gobierno español progresista o de derechas, retrocediendo 40 años”, indican. Son las expresiones que también repite Miquel Iceta, y que se pretenden que se difundan una y otra vez por todos los candidatos socialistas.

El ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, en una imagen de archivo / EFE

Josep Borrell, ministro de Exteriores

Borrell, sin presentar batalla

El caso es que Borrell ha acabado aceptando su candidatura al Parlamento europeo porque ni quería ni puede presentar batalla. No lo puede hacer en el seno del PSC, aunque tiene un gran ascendente entre las bases socialistas. Ni quiere cuestionar las indicaciones de Sánchez, que apostó por él como ministro de Exteriores cuando nombró su gobierno tras la moción de censura contra Mariano Rajoy. Pero deseaba esa candidatura, con el añadido de que delante hubiera tenido a Inés Arrimadas como candidata de Ciudadanos por Barcelona, y a Gabriel Rufián, por ERC, con quien ha polemizado en numerosas ocasiones.

Queda, sin embargo, tiempo por delante. Todo es dinámico en la política española. Y los resultados de las generales serán determinantes, pero dependerán de lo que ocurra el 26 de mayo, con esas elecciones municipales, autonómicas y europeas. Hasta la fecha electoral, o el inicio de la campaña electoral, Borrell mantendrá su cargo como ministro de Exteriores, insistiendo en la misma labor que ha ejercido en los últimos meses: combatir en todas las embajadas europeas el mensaje del independentismo, sobre una España con baja calidad democrática.

Los principios de Iceta

El momento político ya no es el del acercamiento con el independentismo, pero el Gobierno quiere mantener su idea de diálogo con ese mundo, buscando sus propias contradicciones. Lo ha expresado Miquel Iceta en diferentes foros en los últimos días, y también Meritxell Batet. Borrell, en cambio, lleva semanas con una idea, la de que la estrategia del “ibuproceno”, como la calificó el propio Iceta, para desinflamar el independentismo no estaba funcionando demasiado, con un independentismo que sigue sin renunciar con claridad a futuras decisiones con carácter unilateral.

Sánchez necesita un buen resultado electoral en Cataluña que le impulse en toda España. Y para ello no desea una pugna con el independentismo a cara de perro, sino convencer a todos los catalanes que él representa la alternativa al acuerdo de las tres derechas, que pueden formar gobierno como ha ocurrido en Andalucía.