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El primer ministro italiano, Giusseppe Conte / EP

El eje hispano-italiano alerta de un estallido social

Sánchez y Conte reclaman una respuesta europea urgente con el riesgo de que en poco tiempo el populismo recoja el descontento del paro y el confinamiento

8 min

Vuelven las cartillas de racionamiento, mientras el temor a una hambruna espolea el malestar de la gente. El presidente del Consejo de Ministros italiano, Giuseppe Conte, admite abiertamente que la ciudadanía no encaja bien el confinamiento y destaca ya que “el problema más importante es de orden público”. Italia inició el pasado fin de semana la distribución de 400 millones de euros en alimentación para las capas más vulnerables y un fondo de 4.600 millones que se tramitará a través de los ayuntamientos. Desde ayer se distribuyen bonos para realizar la compra alimentaria de primera necesidad, la versión transalpina de una economía de guerra. En España, con un clima social más sereno, la tormenta del Cobid-19 no amaina y el mundo empresarial considera que el último decreto de inmovilidad que entrará en función hoy mismo supone el cierre de casi toda la capacidad productiva. Si le damos al “interruptor de parada de la economía, después no habrá quien lo ponga en marcha”, señala Antonio Garamendi, presidente de la patronal CEOE.

Los temores de España e Italia solo se despejarán si Bruselas acepta un gran impulso fiscal de toda la Unión, al que Sánchez llama Plan Marshall y Conte lo bautiza con el nombre de Plan de Recuperación Europea y Reinversión. A criterio de ambos mandatarios, la recesión que tenemos delante no es una crisis económica que haya tocado a algunos países menos virtuosos que otros, sino que nos encontramos ante una pandemia simétrica que acabará perjudicando a todos. No estamos ante el problema unilateral que planteó Grecia en 2008. Ni tampoco se trata de buscar una solución por tiempo indefinido, sino de hacer frente ahora con prontitud a un problema de duración limitada.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en rueda de prensa telemática
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en rueda de prensa telemática

Mancomunar la deuda

La guerra abierta entre el Norte y el Sur de la UE por la puesta en marcha de un plan para mancomunar la deuda tiene una línea divisoria: el Eurogrupo y los ministros de Economía de los países miembros (Ecofin). El norte quiere que sea el Eurogrupo quien resuelva, mientras que España Italia y siete países más (Francia,  Bélgica, Portugal, Grecia, Luxemburgo, Eslovenia e Irlanda) rechazan esta solución, porque saben que los ministros de Economía toman nota, analizan, proponen, pero no resuelven.

Hoy por hoy, solo el Consejo de jefes de Gobierno tiene capacidad decisoria ante un tema de tal gravedad. Allí se ha vuelto a instalar la canciller alemana, Ángela Merkel, pertrechada en el nein alemán a mancomunar la deuda; y también allí ha tomado cartas el presidente francés, Emmanuel Macron, tímidamente partidario del eje Hispano-Italiano, pero sin esgrimir todavía argumentos contundentes. Es el Macron que quiere estar en misa y repicando, el líder agotado que no tiene intención de violentar al Norte. Él sabe que al final, como en todos los grandes duelos europeos, el llamado eje franco-alemán acabará decidiendo.

La respuesta del PP

El frentismo de los duros en contra de la Europa perdedora del Sur ha provocado en España la primera reacción amiga del PP en defensa del Estado. La portavoz popular en el Parlamente Europeo, Dolors Montserrat, afirmó que los españoles y el resto de europeos “merecen una rectificación y unas disculpas inmediatamente” del ministro holandés de Finanzas, Wopke Hoekstra, que acusó en la última Cumbre a algunos países de no haber ahorrado lo suficiente para afrontar el coronavirus. Montserrat añadió que “el infame comentario del ministro holandés contra España” no refleja el espíritu de solidaridad y entendimiento de la UE sino todo lo contrario”.

En el entramado institucional de la economía europea se oyen también mensajes en defensa de la propuesta hipano-italiana. Es el caso de la economista jefe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), Laurence Boone, que considera "pertinente" lanzar emisiones de deuda en común en la eurozona y alerta de la preocupante falta de coordinación de los países miembros en cuanto a las medidas que se están tomando para intentar paliar la pandemia. En una entrevista publicada ayer en el diario económico francés, Les Echos, Boone da su conformidad a “la idea de financiar de forma solidaria los gastos de sanidad o las pérdidas económicas relacionados con la pandemia.

El argumento alemán

Merkel y su ministro de Finanzas se opusieron con firmeza a la petición de Sánchez; después de la reunión de los más altos cargos, sin decirlo abiertamente, han dado a entender que los países que piden una solución drástica tratan de que la UE se haga cargo de su deuda histórica. Y nada más falso, ya que tanto Sánchez como Conte han dejado esto claro: “no pedimos compartir nuestra deuda acumulada”. Lo que está en juego no es el modus operandi del escenario macroeconómico de la región, basado en el pacto de estabilidad y contención de déficit, sino la idea de que la “UE sea capaz de acabar de forma unitaria con una crisis sobrevenida de consecuencias catastróficas”. La próxima Cumbre, prevista para dentro de dos semanas, tiene que sentenciar en la disputa Norte-Sur, contando con la idea de que un fracaso generaría un clima irrespirable en gran parte del mercado único.

Los efectos derivados de otra regresión, después del fiasco de la Constitución Europea y de la crisis del euro, darían alas al populismo que sufre Italia con la Lega Norte, Forza Italia y le Movimiento 5 Estrellas y España, con el doble nacionalismo eurófobo, Vox y el soberanismo catalán. La destrucción de las democracias desde dentro es una amenaza en un tiempo en el que la división de poderes se “dinamita con propuestas autoritarias salidas de las mismas democracias”, escribe en su último libro, Quién es fascista, el historiador italiano Emilio Gentile. El mismo premier italiano, Giuseppe Conte, jurista y profesor de Derecho, añade que la UE se encontraría en un punto de “no retorno” si ahora no responde solidariamente a las peticiones de sus ciudadanos. Los gobiernos de Italia y España comparten la idea que el populismo es percibido como un enemigo frontal, que no dudaría en situarse al frente del descontento social provocado ahora por el confinamiento y el paro.