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Hillary Clinton y Donald Trump, que no se habían saludado al inicio del debate, chocaron sus manos al acabar / EFE

EEUU ya ha vivido confrontaciones electorales entre dos candidatos tan despreciados como queridos

En la historia de la llamada 'mayor democracia del mundo' existen precedentes de presidenciables que generaban tan poco entusiasmo como los que se disputan este martes la presidencia

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¿Existe algún precedente de una elección presidencial en EEUU que se asemeje a la de hoy entre Hillary Clinton y Donald Trump? Pues sí, existe. Para ello hay que remontarse a la elección de 1885 en la que se enfrentaron el republicano James Gillespie Blaine con el demócrata Stephen Grover Cleveland.  

Según un estudio publicado recientemente por el analista político Richard E. Berg-Andersson, Blaine llegó a ser tan detestable como lo es ahora Trump para muchos de sus conciudadanos y para parte del partido republicano. Blain, como Trump, también tuvo la oposición de gran parte de la prensa, a pesar de que en aquella época era tradicionalmente republicana. 

Escándalo sexual

Por su parte, el candidato demócrata tampoco desataba las pasiones. Se había escaqueado de la guerra civil pagando a un sustituto para que luchase por él, cosa que, si bien era frecuente entre los que podían permitírselo, no era del agrado de los electores. Además, se descubrió, poco después de su nominación como candidato, que tenía un hijo fuera del matrimonio --el estigma sexual omnipresente en la política estadounidense-- lo que no contribuyó a mejorar su imagen. 

Por si todo ello fuera poco, en 1885 otros dos candidatos disputaron también la presidencia, obteniendo cada uno de ellos el 2% de los votos. Se trata del exgobernador de Massachusetts, Benjamin Butler, del Greenback Party, y el exgobernador de Kansas, John San Juan del Prohibition Party, que de alguna manera son los equivalentes del libertario Gary Johnson y la ecologista Jill Stein del Partido Verde.

Política exterior

Pero, tal vez, la más sorprendente de las similitudes la encontremos en la política exterior. Mientras que la elección presidencial de este martes se dirime en un mundo sacudido, entre otras cosas, por el terror yihadista, especialmente del Estado Islámico, en 1885 pasaba una cosa parecida: se constituía en Sudán la primera entidad política yihadista moderna.

Tras encabezar una revuelta contra Egipto y el imperio británico, el líder religioso Muhammad ibn Abdalla, autoproclamado el Mahdi (el Mesías), entró en Jartum, asesinó al General británico Charles George Gordon e implantó una teocracia nacionalista.

La analogía es innegable... ¿también lo será su final?

En 1885, con la ayuda de los republicanos reformistas anti Blaine, el demócrata Stephen Grover Cleveland ganó la presidencia. Si hoy gana Hillary, la historia terminará sin que pase nada, más o menos de la misma manera como terminó la del siglo XIX.

Pero, ¿y si gana Trump? De todas las del mundo, la Constitución de los Estados Unidos de América es una de las más estrictas en la limitación del poder político. Fue concebida y redactada para eso: para impedir un poder autocrático o dictatorial. Sus siete únicos artículos están dedicados a limitar, controlar y balancear el poder político. La Ley de leyes, al constreñir el poder de la mayoría y de la presidencia, protege a la nación y sus ciudadanos de los malos presidentes.