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Laura Borràs (JxCat), abrazando al expresidente de la Generalitat, Quim Torra, tras ser elegida presidenta del Parlament / EFE

Los duros de JxCat desautorizan la reunión en Lledoners

Torra y Borràs se desmarcan de una negociación controlada por Junqueras y Sànchez al dar por superado el "mandato del 1-O" que los presos invocan para reclamar unidad

6 min

Mientras los presos independentistas piden unidad, la que les propició el referéndum del 1 de octubre y su condena, los duros de Junts per Catalunya (JxCat) hacen valer los resultados electorales del 14F. De ahí que la reunión celebrada ayer en Lledoners entre Pere Aragonès y Jordi Sànchez haya agrandado el abismo estratégico existente en el partido neoconvergente. El sector que lidera Laura Borràs, al que pertenece también Quim Torra o Joan Canadell, ha criticado la decisión de aceptar un encuentro en la prisión que, a su juicio, visualiza una unidad independentista que desmonta las exigencias de JxCat y refuerza el liderazgo de Jordi Sànchez a las puertas de un proceso congresual que está marcando las negociaciones.

De ahí que Elsa Artadi, vicepresidenta de JxCat y afín al desbloqueo de las conversaciones para formar gobierno, restara importancia a la reunión que, según dijo, ni fue una cumbre, ni desencalla nada. Artadi acudió a la prisión junto a Josep Rius para apoyar al condenado Sànchez, mientras que el preso Oriol Junqueras estuvo acompañado por Aragonès y Josep Maria Jové. El encuentro duró cuatro horas, no hubo avances significativos, pero sí se abordó el reparto de cargos del futuro Ejecutivo catalán.

 

 

Junts critica que ERC ponga "ultimátums" para cerrar un acuerdo / EP

Desmarque de los presos

Hace tiempo que los duros de JxCat marcaron distancia de los presos secesionistas. Algunos de ellos pertenecen a la antigua Convergència --Joaquim Forn, Jordi Turull y Josep Rull--, aunque en el caso de Turull, su acercamiento a Carles Puigdemont ha sido más evidente. Sànchez, a quien se le ha encomendado la difícil tarea de renovar el partido y, al mismo tiempo, evitar el cisma, es, según fuentes soberanistas, “quien está tomando las decisiones en esta fase”, mientras el fugado adopta un papel más institucional y se reserva para decisiones más trascendentales. Sànchez sabe que los duros tienen un importante ascendente en las bases de JxCat.

Las fricciones entre los presos y los valores emergentes en JxCat se remontan al mandato de Torra, quien en octubre de 2019 planteó la celebración de otro referéndum sin consultar a ERC --fue una de las crisis más fuertes vividas entre los socios del Govern--. Pero es que, además, el entonces presidente no informó de sus planes a los consejeros convergentes ni a los presos del 1-O. Ese segundo referéndum unilateral fue interpretado por una parte de JxCat --entonces grupo parlamentario donde estaba integrado el PDECat-- como un insulto para los dirigentes condenados por el Tribunal Supremo. Torra había prometido cumplir con el denominado "mandato del 1-O" que llevó a la cárcel a dirigentes de su partido. ¿De qué había servido entonces el proceso judicial si se volvía a consultar a los catalanes?

El 52% de los votos

Tras las elecciones catalanas del pasado 14 de febrero, Torra, Borràs, Costa o Francesc de Dalmases insisten en hacer valer "el 52%" de los votos independentistas que aseguran haber obtenido. A su juicio, hay un antes y un después de esos resultados. De ahí que, a modo de catarsis definitiva, esos duros propongan poner contra las cuerdas a ERC imponiendo el liderazgo de Puigdemont --con Aragonès sometido a las directrices del denominado Consejo para la República-- y la confrontación contra el Estado --adiós a la mesa de diálogo con Pedro Sánchez--.

Y si hay que repetir elecciones, se repiten. De hecho, Borràs confesó que hubiera preferido formar parte del Govern en lugar de ser presidenta del Parlament, un espacio donde, creía ERC, la exconsejera de Cultura estaría neutralizada. Torra ya intentó repescarla en la remodelación de su Ejecutivo, previa a su inhabilitación. Pero Puigdemont lo impidió.

No obstante, en medios parlamentarios crece la hipótesis de un acuerdo in extremis --el 26 de mayo acaba el plazo límite para celebrar una nueva investidura que evite otra convocatoria electoral-- en el que JxCat apoyaría a Aragonès, pero sin entrar en el Govern. Una fórmula que no agrada a la CUP, cuyo pacto con ERC ha roto muchos puentes con los neoliberales como Canadell o Borràs, quien se enfrentó con Sànchez durante la campaña del 14F por sus diferentes visiones sobre el impuesto de sucesiones.