Política

¿Dónde está la burguesía en este momento crítico en Cataluña?

Los reproches de Manuel Valls a la burguesía catalana por su parálisis ante el proceso soberanista reabre un debate en los principales núcleos del poder catalán

Artur Mas (c), con Mariano Puig y Miquel Valls a su derecha y Juan José Brugera y Anton Costas a su izquierda / FOTOMONTAJE DE CG

Los prohombres de la burguesía catalana han cortado los lazos con el nacionalismo catalán. Foment del Treball, el Círculo de Economía o la Cambra de Comerç han rechazado la vía unilateral del independentismo y lamentan todavía los pasos que dio el presidente Carles Puigdemont con la organización del referéndum del 1 de octubre y la declaración de independencia en el Parlament del 27 de octubre. Pero reaccionaron tarde. Lo admiten las mismas fuentes empresariales consultadas, tras conocerse, como ha publicado ABC, los reproches de Manuel Valls, el exprimer ministro francés, a la burguesía catalana en una cena con Mariano Puig, y con la presencia del exvicepresidente español, Narcís Serra, del notario Juan José López Burniol, Emilio Cuatrecasas y Màrius Carol, director de La Vanguardia.

Esa burguesía, más o menos conectada con el poder político, dejó hacer cuando el expresidente Artur Mas inició el proceso soberanista. Mas tuvo la confianza del empresariado hasta muy avanzado el proceso, con la confianza de que “era uno de los nuestros”. Aunque se habían producido críticas y reproches, algunos miembros que comparten consejos asesores y juntas directivas de Foment y del Círculo de Economía, recuerdan que “Mas recibía numerosos aplausos, sin que hubiera una actitud frontal de rechazo a su proyecto”.

De la mano de Mas

La idea de Mas de buscar un acuerdo fiscal con Mariano Rajoy, tras la Diada de 2012, gustó entre ese empresariado, que dejó hacer, y no puso objeciones a un adelanto electoral, cuando el entonces líder de CiU quiso ir a las urnas para lograr una mayoría absoluta que le dejara las manos libres, sin necesidad de acordar los presupuestos con el PP catalán, como había ocurrido en los dos anteriores ejercicios.

Las cosas, sin embargo, cambiaron con la organización del 9N de 2014, aunque, justo después, algunos intermediarios quisieron buscar, otra vez, un acuerdo con el Gobierno de Rajoy.

El discurso del Rey

El Círculo de Economía y Foment, liderados por Antón Costas y Joaquim Gay de Montellà, se distanciaron con claridad, con algunos reproches, también, de Miquel Valls, presidente de la Cambra de Comerç. Y el remate final llegó con las elecciones de 2015, cuando Artur Mas perdió el control de la situación, y cedió la presidencia a Carles Puigdemont, sin ninguna conexión con esa burguesía catalana, ni con el entramado empresarial.

A partir de ese momento, se fue viendo la situación desde la barrera, hasta la decisión final, que sólo llegó con el toque de silbato del Rey Felipe VI, con su mensaje del 3 de octubre. En ese momento, La Caixa y Banc Sabadell, con Isidro Fainé y Josep Oliu al frente, decidieron cambiar las sedes sociales de las entidades financieras y de las empresas de sus respectivas órbitas. Era la orden para todos los demás, el semáforo verde para tomar decisiones.

Equilibrio empresarial y académico

“Los cordones umbilicales no se han cortado nunca”, advierte un empresario, que considera que en Cataluña el nacionalismo de CiU “invadió todas las esferas” y que sólo ahora se ha iniciado un despegue de toda esa burguesía catalana, la que queda, y de sus representantes en las patronales, aunque siempre buscando un punto de acuerdo.

Y es lo que ha intentado de nuevo el Círculo de Economía, que mantiene en su seno un difícil equilibro entre el poder empresarial y el poder intelectual y académico, teñido de un catalanismo transversal. En el Círculo formulan sus postulados empresarios como Amancio López, el dueño de Hotusa, partidario de la gestión de Mariano Rajoy, centrado todos estos años en la recuperación económica; Juan José Brugera, presidente de Colonial; Francesc Rubiralta, presidente de Celsa, el académico Antón Costas; el filósofo Josep Ramoneda, que ha coqueteado y de qué forma con el independentismo, o el historiador Joan B. Culla, un pujolista de primera hora.

Catalanismo transversal

La idea es se puede llegar, de nuevo, a acuerdos, que el independentismo ha roto una línea que no se debía traspasar, la de la ley, y que es necesaria una reforma en toda España, para superar las disfunciones que se han producido en todos estos años de democracia. La nota de opinión de Círculo de Econonomía fue rápidamente aplaudida por el colectivo Portes Obertes del Catalanisme, que desea recuperar un catalanismo transversal, con integrantes procedentes de la ex Convergència, de la ex Unió Democràtica, del PP Catalán, y del PSC. "Estamos seguros que la mayoría de la ciudadanía catalana vería de manera satisfactoria una reforma política e institucional como la que plantea el Círculo", aseguró en un comunicado. 

Sin embargo, la línea central de esa burguesía se sitúa ahora lejos del problema catalán. El hartazgo es grande, y se asume que no se ha estado a la altura. Pocos han sido los que, desde el primer momento, alzaron la voz, como José Luis Bonet, presidente de Freixenet y presidente de la Cámara de Comercio de España.

Enriquecerse

El director general del Círculo de Economía, Jordi Alberich, admitía en una entrevista en Crónica Global que el empresariado “no creyó en el potencial del independentismo”, y cuando se dio cuenta era ya tarde. Alberich, sin embargo, también culpaba de ello a las grandes empresas situadas en Madrid, que se habían mantenido también en silencio. No se quiso ver.

Otros académicos, como Benito Arruñada, de la Universidad Pompeu Fabra, culpan directamente a esos empresarios, por no saber liderar, por aceptar sus responsabilidades, lo mismo que le espetó Manuel Valls a sus interlocutores. Y Manuel Milián Mestre, un histórico de Foment del Treball y de la CEOE, culpa también a esa elite empresarial, que ha querido “centrarse en sus negocios y en enriquecerse”.