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Vista de la calle Aragón con Balmes, en Barcelona, durante la tradicional manifestación convocada por la ANC con motivo de la Diada del 11 de septiembre / EFE

La protesta ‘indepe’ pierde fuelle mientras distingue entre buenos y malos catalanes

Los secesionistas utilizan la Diada “más decisiva”, según Puigdemont, para orillar a partidos y catalanes que no apoyan el referéndum

6 min

Nunca una Diada había sido tan excluyente de los catalanes y partidos que no comulgan con el independentismo. Hubo un tiempo en que el 11 de septiembre era sinónimo de festividad. Pero hace cinco años que el secesionismo comenzó a orillar ese carácter integrador. Este proceso culminó ayer con una manifestación que consagró la división entre buenos y malos catalanes, es decir, quienes apoyan y rechazan un referéndum previsto para el 1 de octubre.

Fue una concentración, organizada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium --que marcan el paso a las instituciones catalanas--, menos masiva que otros años, aunque igualmente espectacular y potente gracias a la impecable retransmisión de la televisión catalana. Mientras la Guardia Urbana hablaba de un millón de asistentes al acto celebrado en el cruce del paseo de Gràcia con calle Aragó, Sociedad Civil Catalana reducía a 225.000 esa cifra, inferior según esta entidad a las 300.000 del año pasado. La Delegación del Gobierno cuantifico 350.000 el número de manifestantes.

Muchísimas personas asisten año tras año, pero con un goteo constante y evidente pese a la agitación que se hace desde las instituciones y los medios de comunicación públicos --y no pocos privados-- del país. Los organizadores mostraron su capacidad de convocatoria, aunque su Diada pierde fuelle y su capacidad organizativa quizá ha sido sobrevalorada por ellos mismos, como quedó demostrado con el pinchazo del objetivo central: unir las pancartas que sobrevolaban las cabezas de los manifestantes en el cruce paseo de Gràcia y Aragó. Falló la coordinación.

Semana judicial intensa

Horas antes de la concentración era el propio Govern y Parlament los que politizaban el acto institucional de la Diada, que siempre se había mantenido la neutralidad. No en vano, el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, oficializaba esa fractura en un discurso televisado en el que advertía de que ningún juez puede inhabilitarle porque él solo responde a las leyes de ruptura aprobadas la semana pasada en el Parlament. Y porque "Referéndum es democracia", según rezaba el eslogan de la concentración indepe.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont (c), y la presidenta del Parlament, Carme Forcadell (i), y el presidente de la ANC, Jordi Sánchez (d), participan en la tradicional manifestación convocada en Barcelona por la Asamblea Naciona

Puigdemont (c), Carme Forcadell (i) Jordi Sánchez (d), en la manifestación de la ANC

El desafío se producía en el inicio de una semana que promete nuevas acciones por parte del Tribunal Constitucional, que se reúne hoy, y de avances en las investigaciones penales en curso y que afectan a Puigdemont y Forcadell. Un cóctel que propició proclamas independentistas muy duras contra PP, Ciudadanos, PSC y CSQP. Mientras los populares hace años que plantaron la Diada, la formación naranja celebra su propia fiesta y los socialistas cumplen con la tradicional ofrenda floral ante el monumento de Rafael Casanova, sabedores de que serán objeto de silbidos e insultos. Y así fue.

El presidente de la ANC, Jordi Sánchez, anfitrión de la gran concentración en forma de cruz, cogía el micrófono para llamar a la insumisión ante los tribunales y arremeter contra estas formaciones en general y contra Joan Coscubiela en particular, la “bestia negra” de una izquierda independentista que se siente amenazada por el desmarque podemita del proceso secesionista.

La división de la izquierda 

No obstante, la Diada visualizó la división interna existente en CSQP, con Albano Dante Fachín (Podem) protagonizando un acto independentista junto a Eulàlia Reguant (CUP) y Jaume Asens (BCN Comú), mientras el líder de Podemos, Pablo Iglesias, la alcaldesa Ada Colau y el coordinador general de Catalunya en Comú, Xavier Domènech, mantenían la equidistancia en un mitin en Santa Coloma de Gramenet (Barcelona). Pero también los comunes airearon sus discrepancias, pues el teniente de alcalde Jaume Asens fue más allá que Colau, compañera de partido, y tras defender una nueva república catalana, aseguró que "pondremos las urnas"

Xavier Doménech, líder de Catalunya en Comú, junto a Ada Colau y Pablo Iglesias / CG

Domènech, Colau e Iglesias, en el acto de Santa Coloma de Gramenet

La Diada estaba llamada a ser el ensayo de la gran movilización antisistema -acampada ante el Parlament incluida- que sucederá a la prohibición del 1-O. Y fue precisamente la izquierda independentista la que no perdió fuelle. Tras los escraches ante ayuntamientos antireferéndum y cuarteles de la Guardia Civil, los cupaires utilizaron el 11 de septiembre como fecha de autoafirmación, de reivindicación de las esencias independentistas frente a las divisiones internas de PDeCAT y, sobre todo, de la "vampirización de un Estado demofóbico heredero del franquismo” por parte de "La Caixa, el Santander, el BBVA o el Banc Sabadell" (Reguant dixit).