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Vista aérea del acto central de la ANC en Barcelona para la Diada de 2020 / EFE

El independentismo se desfonda en una Diada de mínimos

La ANC consuma el 'pinchazo' en el día autonómico de Cataluña tras encadenar ocho años de grandes manifestaciones callejeras

5 min

Desfondados. Los independentistas han consumado el anunciado pinchazo en las movilizaciones convocadas con motivo de la Diada de Cataluña. Tras ocho años de protestas más o menos masivas, el catalizador de los secesionistas, la Assemblea Nacional Catalana (ANC) no ha conseguido pasar el corte y ha firmado una jornada con cifras muy discretas y marcada por los vacíos en las 107 concentraciones convocadas en distintos puntos de la región para señalar los centros de poder español, según la ANC.

Oficialmente, la asociación pseudocivil que comanda Elisenda Paluzie ha congregado a 59.500 personas en las protestas, que han arrancado poco después de las 17:00 horas. La realidad es más tozuda de lo que pregona la antaño poderosa entidad ciudadana. En puntos como Tarragona o la Estación de Sants de Barcelona, la asistencia ha sido inferior a la esperada, con puntos y sillas vacías. La ANC sí ha llenado su marcha central, la de la plaza Letamendi de la Ciudad Condal, frente a la delegación de Hacienda, desde donde ha insistido en que ha firmado la "movilización más grande convocada en toda Europa en plena pandemia" del virus SARS-CoV-2.

Contra el virus

En efecto, el patógeno ha dado al traste con el tradicional poder de convocatoria de la organización civil. La ANC se vio obligada a acotar perímetros, restingir aforos, retransmitir las protestas y exigir mascarilla y repartir gel hidroalgohólico a los asistentes físicos. Ello no convenció al Govern, que se desmarcó de otros años y anunció que ningún miembro del consejo ejecutivo acudiría a las marchas. De igual modo, el secretario de Salud Pública, Josep Maria Argimon, recomendó a los ciudadanos quedarse en casa y plantar a la ANC para evitar contagios.

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Un asistente a una de las más de 100 protestas independentista de la Diada de Cataluña / EFE

Con más o menos incidencias, las restricciones sanitarias a pie de mani han funcionado. Los asistentes han respetado al distancia de seguridad, al menos durante los parlamentos. Portaban las tradicionales esteladas, banderas independentistas, esta vez acompañadas de mascarillas buconasales. Las protestas han sido pacíficas.

Discreta asistencia

No obstante, sea por la posibilidad de contribuir al contagio comunitario, o porque los ciudadanos se encontraban en los tradicionales lugares de veraneo en Cataluña --el Servei Català de Trànsit ha calculado que unos 402.000 coches han salido de Barcelona y su conurbación de puente--, las marchas han sido también deslucidas. Ni los puntos calientes, como la Universidad de Barcelona, que Paluzie llamó a rodear, para luego tratar de rectificar, se han llenado. En lugares como Tarragona, el pinchazo se ha tornado clamoroso: un tercio (30%) de la capacidad, con 800 asistentes.

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Independentistas en uno de los actos de la ANC ante la delegación de Hacienda en Lleida / EFE

Periodistas estrella del secesionismo han admitido la poca asistencia en los que la ANC había llamado a concentrarse. Todo ello pese al esfuerzo de mercadotecnia de la plataforma de Paluzie, que ha conectado con los puntos de movilización en una retransmisión acompañada por su dircom, Adrià Alsina, y el exdiputado de la CUP en el Parlament, Antonio Baños.

Al noveno año, el fracaso

Pese al esfuerzo de los activistas, la ANC ha consumado el pinchazo. Lo ha hecho en el noveno año de movilizaciones por la Diada que pretendían ser masivas. En 2019, la que fuere la entidad paraguas del independentismo --ahora escorada hacia la radicalidad-- ya firmó una participación mucho menor que ejercicios anteriores. Este año, los independentistas venían de enfrentarse con todo el mundo: el puente de mando sanitario de lucha contra el coronavirus, el Govern y hasta ellos mismos, pues asambleas como la ANC de Berga se descolgaron de las marchas por el riesgo de rebrote.

Ni siquiera las polémicas --como el escrache a la UB-- han dado el tradicional minuto de gloria al secesionismo. El nacionalismo radical y su altavoz, la ANC, han pagado la pandemia, las cuitas internas y la proximidad electoral en Cataluña. En 2013, en plena ebullición del procés, la Generalitat contó 1,6 millones de manifestantes en la cadena humana que unió Alcanar (Tarragona) con Le Perthus (Francia), 400.000 según la Delegación del Gobierno. En 2014, la Guardia Urbana concedió 1,8 millones, por medio millón la Delegación. Hoy, 11 de septiembre de 2020 eran, según los organizadores, menos de 60.000.