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¿Debe dimitir Quim Torra?

Ocho personalidades del mundo de la cultura, la economía y la universidad explican a 'Crónica Global' lo que debería hacer el presidente de la Generalitat tras poner "en peligro" las instituciones

De izquierda a derecha: José Enrique Ruiz-Domènec, Carles Rivadulla, Jordi Alberich, Jordi Gracia, Jordi Canal, Albert Solé, Jorge Calero, Valentí Puig y Quim Torra / FOTOMONTAJE DE CG
06.10.2018 23:42 h.
16 min

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha protagonizado su peor semana en el cargo. Podría haber superado la prueba, pero tal vez habría naufragado días después o el próximo mes. Su condición de presidente “vicario”, como él mismo admite, en nombre de Carles Puigdemont, no le exime de la responsabilidad de gobernar, o, por lo menos, de no empeorar más las cosas.

Quim Torra “debe dimitir”. Es el juicio de ocho personalidades que Crónica Global ha reunido para que traten de explicar qué sucede en Cataluña, en una semana que se inició con los actos para recordar el referéndum del 1-0, y ha acabado con un Parlament totalmente paralizado por las disputas en el seno del independentismo. Todo ello precedido, el sábado 29 de septiembre, por las cargas de los Mossos contra sectores del independentismo que actuaron violentamente contra agentes de policía, que se habían organizado una protesta en el centro de Barcelona.

Valentí Puig, escritor y ensayista, buen conocedor del mundo cultural catalán, se expresa sin titubeos: “Más que un patriota catalán ultra, parece un patriota del caos”; en alusión a Torra.

Dejación del poder en la calle

Junto a él, ofrecen su visión el catedrático de literatura española, escritor y ensayista Jordi Gracia; el catedrático de Historia Medieval José Enrique Ruiz-Domènec; el periodista y documentalista Albert Solé; el catedrático de Economía Aplicada de la UB, Jorge Calero; el economista, ex secretario general del Círculo de Economía, Jordi Alberich; el historiador y profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHSS) de París, Jordi Canal; y el vicepresidente de la Asociación de Empresarios de Cataluña, Carles Rivadulla.

El nexo en común que apuntan todos los nombres consultados es que el independentismo ha adoptado posiciones “dogmáticas”, en representación de un supuesto pueblo catalán, que sólo responde a una parte de esa sociedad catalana. Están en juego las instituciones, la propia economía de Cataluña y la concepción del poder, que ha “cedido” esa responsabilidad “a la calle”.

Los hechos son elocuentes a juicio de los consultados: los propios escritos de Torra, antes de acceder a la presidencia de la Generalitat, la falta de respuestas claras sobre cómo gobierna, más allá de defender “la implementación de la república”; el apoyo a los comités de defensa de la república para que “presionen” al Ejecutivo catalán; la falta de interés y de presencia en actos tan importantes y tan demandados en el pasado reciente como la reunión de empresarios a favor del Corredor del Mediterráneo, y el ultimátum al Gobierno para que en un mes dé respuesta a un referéndum de autodeterminación.

Ante la doble pregunta: El presidente Torra, ¿debe dimitir? ¿cómo se valora su actuación?, estas son las valoraciones de las ocho personalidades:

Valentí Puig

“Más que un patriota catalán ultra, Torra parece un patriota del caos. Ciertamente, sería positivo para la salud pública que se retirase, pero es tal su distorsión patológica de lo que es Cataluña que no creo que se vaya sin que le jubilen políticamente. ¿Quieren comuns y la CUP elecciones anticipadas? El daño causado a la sociedad catalana por la tríada Mas-Puigdemont-Torra es insuperable, aunque todo es posible.

Para el independentismo, que coincidan las autonómicas con las municipales es un riesgo, a pesar de que un centenar de alcaldes separatistas de pequeños pueblos proclamasen vara rural en mano una república que ni tan siquiera ERC desea en términos unilaterales. ¿Aparecerá una nueva generación política? En el agujero negro del pujolismo han desaparecido muchas cosas. Jalear a los CDR y luego chantajear a Pedro Sánchez es demasiado para la capacidad del decimonónico Torra, un nostálgico de octubre de 1934. Es decir, el caos, la deslealtad institucional, el daño económico, la flagrante ilegalidad y un fraude intelectual de bolsillo".

Valentí Puig

Valentí Puig

Jordi Gracia

"Artur Mas apenas conocía a Puigdemont cuando delegó en él la presidencia y algo más sabía Puigdemont de Quim Torra. Pero ambas operaciones fueron democráticamente legales. Lo que les faltaba a ambas es la legitimidad que solo otorga el voto a un candidato electoral.

Les faltaba sobre todo el grosor moral y político que permite lanzar a la ciudadanía contra un dilema cerrado y su consiguiente maniqueísmo. Torra no ha sido consciente ni sensible a esa legitimidad degradada de su presidencia y seguirá allí mientras no convoque elecciones. Pero ni su conducta ni sus palabras ni su monoteísmo visceral revertirán la evidencia democrática de su bajísima respetabilidad política, junto al hecho de ser el caso más flagrante y desnudo, en 40 años de democracia, de sectarismo al frente de la Generalitat"

José Enrique Ruiz-Domènec

"Ante la pregunta, mi respuesta no puede ser otra: debería hacerlo. Sin embargo, tengo que añadir a mi pesar que el deber no es una virtud que se da en personajes como él, de los que la historia nos ha dado demasiadas muestras. Sus escritos, palabras y gestos responden al perfil del conspirador eterno. Es un robusto agitador, de gran simpatía con la que cautiva a la alta sociedad en privado, a la vez que un ardiente republicano, al que se admira en determinados círculos precisamente porque es de ese tipo de individuos de los que nos advirtió Alexis de Tocqueville en los cuales la demagogia, el delirio y la seducción se entremezclan tan bien que uno no acierta a decir dónde acaba uno y empieza otro, el tipo de individuo capaz de triunfar en una sociedad tan trastornada como la nuestra.

De ahí que predomine en sus actos públicos el delirio del dogmático, y ese delirio le lleva a reconocerse en la violencia cuando la ve en los actos de un pueblo fanatizado. Su carácter hierve de forma natural en medio de las pasiones de las masas en acción, como el agua hierve sobre el fuego. Cuando lo veo entre la multitud, me doy cuenta de que es el hombre más temible que pueda ejercer el gobierno de un territorio, porque es el más inseguro, el más voluble y el más narcisista de todos los que han suprimido para siempre de su código de conducta el deber de servicio a la comunidad".

El catedrático de Historia Medieval en la UAB, José Enrique Ruiz-Domènec, autor de 'Informe sobre Cataluña, una historia de rebeldía' /CG

José Enrique Ruiz-Domènec

Albert Solé

"El descontrol mostrado por el Govern de un Torra incapaz hasta de colgar su retrato oficial hace que ya nadie acierte a saber quién manda aquí y ya ni tan siquiera para qué sirve el Parlament, si lleva meses cerrado. Los acontecimientos de esta última semana, un intento a la desesperada por resguardarse debajo del mito protector del 1-O para intentar preservar algún atisbo de unidad en un mundo indepe desnortado y a punto de guerra interna, no hace sino confirmar esta sensación desoladora. De tanto poner a dedo a líderes mediocres se acaba con la mediocridad política absoluta".

Jorge Calero

"El president Torra debe dimitir, sí. Porque las universidades catalanas, como toda la sociedad catalana en general, están paralizadas, divididas y traumatizadas por el efecto de estos años de procés. ¿Cómo iba a prestarse atención a las universidades cuando lo único que ha importado ha sido la construcción de una nación ficticia? La universidad es justamente lo contrario de lo que busca el independentismo: la universidad es apertura, internacionalización, convivencia. Las posiciones políticas de Torra están marcadas por el supremacismo, el repliegue étnico y la confrontación.

Los meses de gobierno de Torra han dado continuidad a un proceso de pérdida de autonomía de las universidades catalanas, asfixiadas económicamente y con equipos de gobierno que han seguido perdiendo capacidad de actuación. Incluso las plantillas, en los últimos años, han pasado a estar diseñadas y seleccionadas con criterios fijados desde el Govern (programa Serra Húnter, por ejemplo). La progresiva “desfuncionarización” está implicando un mayor control político de las universidades por parte del Govern y una pérdida de capacidad de incidencia de los docentes catalanes en los procesos de selección y promoción en otras universidades españolas.

Finalmente, debe dimitir el presidente de un Govern que no ha querido respetar el principio de neutralidad de las administraciones públicas ni el derecho fundamental a la libertad ideológica de todos los profesores, alumnos y personal de administración y servicios de las universidades catalanas".

Jordi Alberich

"La figura de presidente de un gobierno adquiere sentido cuando se dan dos circunstancias. La primera, cuando estamos en una democracia representativa en la que, respondiendo a la voluntad libremente expresada por los ciudadanos, la labor legislativa se traslada al Parlamento y la ejecutiva, al Gobierno. En Cataluña, desde la etapa de Artur Mas, se asevera que el poder reside en lo que denominan calle, articulada alrededor de Òmnium y ANC o, incluso, no articulada. El papel de presidente de un gobierno pierde relevancia en este contexto de renuncia a la esencia de la democracia representativa.

La segunda, cuando, además, el presidente representa a una clara mayoría de la sociedad y no desatiende al resto de ciudadanos. Desde hace unos años resulta obvio que el presidente de la Generalitat se orienta a una parte de los ciudadanos, concretamente a algo menos del 50%, y se sitúa muy alejado del resto de catalanes.

Difícil entender el sentido de un presidente en un parlamento que cede poder a la calle y, encima, representa a menos de la mitad de los ciudadanos que depositaron su voto. Pero si, además, las diferencias en el seno de ese 48% son ya muy relevantes e indiscutibles, y el país vive un proceso de deterioro, del que el reciente caos en el ámbito de los mandos policiales son un ejemplo paradigmático. Me pregunto si tiene sentido la figura del actual presidente. Yo no lo veo".

Jordi Alberich

Jordi Alberich

Jordi Canal

"Quim Torra ha demostrado, desde el inicio, y en todos sus actos, su total incapacidad para presidir la Generalitat. Los catalanes tenemos muy mala suerte con nuestros presidentes, pero parece que no hay límites ante el ridículo. Al mismo tiempo, la gran pregunta no es si debe dimitir o no, sino cómo pudo llegar a ser presidente. Y esto nos conduce a lo absurdo y a la realidad paralela en la que sigue instalada la política catalana y su apuesta por lo más malo como lo mejor.

Torra ha contribuido a acabar de desprestigiar las instituciones autonómicas. Todo aquello que comenzaron a hacer Mas y Puigdemont, él lo ha acelerado. La inactividad de su gobierno y del Parlament, las llamadas a los CDR para que presionen o sus patéticos ultimátums desprestigian, aún más si eso resulta posible, la Generalitat y el independentismo. Torra protagoniza cada día el más triste de los ridículos. Torra debería dimitir, pero da miedo pensar que los suyos lo sustituyan por gente igualmente irresponsable y desquiciada como Eduard Pujol o Marta Madrenas. No estoy seguro de que unas nuevas elecciones pudieran cambiar grandes cosas. ¿Un nuevo 155? Un futuro muy negro, en todo caso".

jordi canal 04

Jordi Canal

Carles Rivadulla

"Puigdemont sabía perfectamente lo que hacía al designar a Torra como su sucesor: una persona que seguiría fielmente sus consignas y mantendría la dinámica de confrontación. Tras el éxodo masivo de empresas del año pasado, el goteo de salidas no ha cesado completamente. Aunque en menor medida, la cifra de sociedades que se han trasladado fuera de Cataluña supera ya las 4.000. Pero lo peor, sin duda, es el largo plazo.

Los efectos que en cinco o diez años achacarán la economía y las empresas catalanas por la pérdida de confianza en una tierra expuesta, por lo menos durante los últimos años, a frecuentes tensiones políticas e inseguridad jurídica. Y, como consecuencia de lo anterior, a una pérdida de la confianza de los agentes económicos. Desde un punto de vista de generación de riqueza, empleo e inversión en Cataluña es necesario, por no decir vital, que Torra dimita y convoque elecciones para que una nueva mayoría no independentista, que ya se vislumbra, pueda proporcionar estabilidad a la región".

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