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Los partidarios de 'romper' con CDC, con Anna Gabriel a la cabeza (en la imagen, en el Parlament), son mayoría en la CUP.

Las dos almas de la CUP se preparan para un invierno de trincheras

La dimisión del 40% de la dirección de los radicales expone la debilidad del Gobierno catalán y las fracturas en el proceso secesionista

Carles Ballfugó
5 min

No habrá paz para los cuperos. La CUP, el partido anticapitalista que hasta ahora aseguraba la estabilidad parlamentaria en Cataluña, se prepara para un invierno en las trincheras. El partido, cuya dirección saltó por los aires el viernes, se divide en dos mitades que, en el escenario actual, proponen programas irreconciliables. Ello conlleva negras expectativas para Junts pel Sí (JxSí), cuyos 62 diputados dependían hasta ahora de los 10 electos radicales para alcanzar la mayoría en la cámara autonómica.

"No habrá pacto". Así de contundente se muestra una fuente muy cercana a las dos almas del partido radical. La frase sigue a la dimisión de seis de los 15 miembros del Secretariado Nacional. El adiós, que avanzó Crónica Global, muestra varias cosas.

Los anti 'procés' son más

Las dimisiones del viernes son políticas. Los dimisionarios dieron un portazo cargando contra los "pasos dados en falso" en los últimos meses. Dichos pasos no son sino el 'no' de la CUP a la propuesta de presupuestos presentados por el vicepresidente económico del Govern, Oriol Junqueras.

Pues bien, las dimisiones por la negativa fueron seis de 15. Ello significa una cosa: la facción que lidera Anna Gabriel, más partidaria de endurecer su discurso de clase con CDC y ERC, es mayoritaria en el seno de la CUP.

Los defensores de romper con CDC y articular un frente de izquierdas con Cataluña sí que es Pot (Catalunya en Comú) son más numerosos que los partidarios de dar oxígeno al Govern de Carles Puigdemont. Esta distribución será crucial en el momento en que el President se someta a una cuestión de confianza en el Parlament en septiembre.

La moción responde, precisamente, a las calabazas dadas por los radicales a la propuesta de cuentas de 2016.

Quiebra en el nacionalismo catalán

La segunda consecuencia es también evidente. El llamado proceso soberanista en Cataluña está a punto de partir a otra organización política, tras llevarse por delante a CiU y a los díscolos del PSC. Ahora, los radicales se exponen a las inclemencias de la aventura soberanista.

¿Se partirá la CUP? "No a corto plazo. El sector más procesista, que patrocina Poble Lliure, no abandonará el partido para aventurarse a la intemperie", agrega la misma fuente.

A pesar de eso, el nuevo orden de fuerzas en la pequeña formación de extrema izquierda revela otra herida para el nacionalismo catalán: los partidarios del proceso soberanista alentado por JxS, por difícil que parezca, son minoría dentro del socio parlamentario de la coalición CDC-ERC.

'Winter is coming'

Los cuperos elegirán a su nueva dirección en noviembre. Las candidaturas a dirigir el minúsculo pero decisivo partido se presentarán en agosto. En su última asamblea nacional, los radicales decidieron elegir su cúpula por equipos de 11 personas para, precisamente, evitar las luchas cainitas que han dejado espectáculos como el famoso empate a 1.515 votos en diciembre del año pasado en la decisión para investir o no a Artur Mas como presidente catalán.

Si ninguna lista logra mayoría, la ejecutiva del partido se ponderará con miembros de las opciones ganadoras.

El proceso de renovación de noviembre se prevé tenso, en un invierno que ya podría ser preelectoral en Cataluña si Carles Puigdemont no logra la confianza de la mayoría en septiembre.

La CUP varada deja al Govern en el barro

La otra derivada de la guerra de guerrillas que prepara la CUP es la política. Los radicales aseguraban hasta ahora un inestable Govern. El bloqueo en la formación radical deja al Govern esclerotizado. Prueba de cuán decisiva es la influencia anticapitalista son los presupuestos para 2016: el 'no' de la CUP obligará a recortar partidas en, por ejemplo, la sanidad catalana.

Con su aliado embarcado en luchas intestinas, Junts pel Sí y su aventura secesionista embarranca. La hoja de ruta soberanista se pudre por falta de apoyos. Si pierde a su socio parlamentario, la coalición entre CDC y ERC, con Mas en la sombra, deberá buscar nuevos apoyos o convocar elecciones.

Cualquiera de los dos escenarios dejaría muy tocado el proceso soberanista que JxSí prometió empezar si lograba ganar las elecciones del 27 de septiembre de 2015.