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El hemiciclo del Parlament vacío, donde se produjo el pleno los días 6 y 7 de septiembre de 2017 / EFE

Crispación, mucha cerveza y carreras en los pasillos: los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament

El pleno marcó un antes y un después en la política catalana y se recuerda como "uno de los momentos históricos de España", en el que no faltaron anécdotas

6 min

Si en algo están de acuerdo independentistas y no independentistas es en que las jornadas del 6 y 7 de septiembre de 2017 fueron muy intensas. Algo que se evidenciaba en las caras largas de los diputados y funcionarios, en el estrés que se percibía en los pasillos y en el récord de comida vendida en el restaurante del Parlament. La cerveza y el pan fueron los imprescindibles para sobrevivir a un largo día. Tanto, que se agotaron.

Esos dos días marcaron un antes y un después en Cataluña. Un pleno crispado que quedará marcado como "uno de los momentos históricos de España", pero en el que tampoco faltó alguna que otra anécdota.

La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en 2017 / CG
La presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en 2017 / CG

Jornadas maratonianas

Esas 48 horas sirvieron para que el independentismo aprobase las llamadas leyes de desconexión --ley del referéndum y de transitoriedad--, necesarias para la celebración del referéndum ilegal del 1-O. Unas normas que se hicieron de rogar y que tardaron unas 18 horas en ver la luz. Aunque se apagó pronto, ya que fueron tumbadas por el Tribunal Constitucional (TC) poco tiempo después.

Los diputados independentistas que formaban parte de la Mesa en esa etapa --entre ellos, la expresidenta Carme Forcadell-- "retorcieron el reglamento" para aprobar de urgencia esas normas en un pleno disfrazado de falsa normalidad, tal y como se probó en los tribunales. Y es que no fue una sesión común. De ahí que una de las fotografías más recordadas sea la del hemiciclo medio vacío, después de que los diputados constitucionalistas lo abandonasen al considerar que no debían participar en una votación ilegal. 

“¿Por qué me pide la palabra?”

Estos partidos --Ciudadanos, PP, PSC y Catalunya Sí que Es Pot-- también jugaron sus cartas para desgastar al independentismo y ganar tiempo hasta que el TC se pronunciase. Para ello, las peticiones de reconsideración fueron un buen recurso. Cada vez que el portavoz de una formación constitucionalista levantaba la mano para intervenir, la Mesa y la Junta de Portavoces debían reunirse y, por ende, retrasarse la sesión.

“Señor Carrizosa, ¿por qué me pide la palabra?”. Una pregunta dirigida al entonces portavoz del principal partido de la oposición, Carlos Carrizosa (Cs), por parte de Forcadell, que tuvo que suspender el pleno hasta en 12 ocasiones. Y una frase que, cinco años después, siguen recordando desde las filas naranjas.

Desde los despachos

En los despachos de los grupos parlamentarios también se cortaba la tensión con un cuchillo. Asesores y técnicos corrían por los pasillos para presentar ante el registro las peticiones de reconsideración, esquivando a la decena de periodistas que cubrían la noticia. Fuentes de esas formaciones reconocen su “sorpresa” al sentirse reconocidos por los medios.

“Los periodistas me paraban cuando nunca estaban pendientes de los que no somos políticos. Me pareció curioso que supieran quiénes éramos o qué íbamos a hacer”, expresan.

El pan y la cerveza, agotados

Esas jornadas también obligaron a los diputados a cenar en las salas de reuniones. Sin embargo, acudir al bar de la Cámara dejó de ser una opción a media tarde, cuando ya se habían agotado varios productos básicos. Entre ellos, el pan y la cerveza. 

"Algunos optaron por llevar la cena de casa", mientras que otros se aprovecharon de los diputados más previsores, que “guardaban comida en su despacho de manera habitual para matar el hambre con algunas latas de conserva”, recuerdan voces de la bancada socialista.

Carme Forcadell, presidenta del Parlament este martes en la reunión de la mesa de la Cámara catalana / EFE
Carme Forcadell, presidenta del Parlament en 2017 / EFE

Lectura para pasar el tiempo

Lo cierto es que los diputados que tenían que estar presentes en la Mesa y la Junta de Portavoces iban de cabeza, pero los “rasos" ya no sabían qué hacer para ocupar el tiempo entre reconsideración y reconsideración. “Recuerdo la imagen de diputados leyendo libros intentando matar las horas de aquellos días”, explican.

Pero pese a la tensión y las caras largas, no faltaron algunos ratos de humor entre políticos de distintas formaciones con ideologías muy distintas, como Catalunya Sí que Es Pot y Ciudadanos. Fuentes naranjas recuerdan estar en los pasillos con Joan Coscubiela, que se mostraba “intranquilo” al recibir elogios de Cs por su discurso. “En petit comité nos dio las gracias por aplaudir, pero pidió con risas que no lo hiciéramos más porque su público no quería que Ciudadanos le aplauda”, relatan los presentes en esas jornadas.

Con todo, quienes estuvieron presentes esos días en el Parlament recuerdan con “rabia y tristeza” esas 48 horas, las primeras de un corolario de "días históricos".