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Las candidatas de Convergents al Congreso, con Silvia Requena, la primera por la izquierda, como cabeza de lista por Barcelona, con las firmas necesarias para presentarse

Convergents, ¿una opción catalanista antes de tiempo?

La candidatura del partido que dirige Gordó al Congreso apunta a las autonómicas, con la duda de si ha llegado el momento para un nuevo catalanismo

27.03.2019 00:00 h.
7 min

Convergents, el partido que impulsó el exconsejero de la Generalitat Germà Gordó, es una realidad. Ha elaborado listas al Congreso, por Barcelona, Girona y Tarragona, y ha obtenido las firmas necesarias, más de 10.000, para poder presentar la candidatura. El objetivo es ver hasta qué punto existe un espacio electoral, con la mirada puesta en el Parlament de Cataluña. Se trata de recuperar un catalanismo “posible”, que recupere la capacidad para “hacer política”, para “defender cuestiones concretas”, pero que no renuncia a un mayor autogobierno, a modificar el estatus jurídico de Cataluña, siguiendo la propuesta que elaboró el Círculo de Economía con su Constitución catalana, una especie de nuevo Estatut reforzado. ¿Es posible?

Las dudas son enormes. Quien lidera el proyecto es Germà Gordó, que ha sufrido un enorme desgaste por la causa judicial que le persigue sobre el llamado 3%. Gordó, en cualquier caso, discrepó del acelerón final de Convergència hacia la defensa del derecho a la autodeterminación y la vía unilateral que acabó con la declaración de independencia del 27 de octubre de 2017. Su pasado es Convergència, y quiere que su futuro sea una nueva Convergència, que pueda recuperar un espacio de centro-derecha nacionalista, desaparecido en estos momentos en las instituciones, con Junts per Catalunya, dominado por Carles Puigdemont, totalmente orientado hacia posiciones de izquierda, en competencia, casi, con la CUP.

El exconseller Germà Gordó / EFE

El exconsejero Germà Gordó

Una polarización manifiesta

Las fuentes nacionalistas consultadas y los expertos en demoscopia discrepan sobre el momento elegido por Convergents. “Con una enorme polarización todavía, es pronto para lanzar un proyecto así, aunque es evidente que se deberá ensayar y que acabará fructificando”, señalan fuentes próximas, dentro del PDeCAT, a las tesis de Gordó.

Ese espacio del catalanismo de centro-derecha que aspira a tener representación está dividido. No encuentra dirigentes claros que lo puedan personificar. Pero los puentes existen. “Hay vasos comunicantes, reuniones, intercambio de ideas, estrategias que se comparten, pero no puede fructificar todavía”, señalan las mismas fuentes.

Trabajo en silencio

Por un lado está Convergents, que ha ido trabajando con cierto silencio, y que aparece ahora con listas al Congreso, a las municipales y con la idea de presentarse en las autonómicas, cuando se convoquen. Por otro está Units per Avançar, que lidera Ramon Espadaler, y que mantiene un acuerdo con el PSC en el Parlament. En paralelo figura Lliures, que impulsó Antoni Fernández Teixidó. Todos esos movimientos parten de dirigentes y cuadros de lo que fue CiU. Eso no debería ser un impedimento, pero ¿para hacer exactamente qué?

En Lliures lo tienen claro. Se trata de un partido político ya organizado, que ha tomado una primera decisión: formar parte de las listas de Manuel Valls al Ayuntamiento de Barcelona. Fernández Teixidó tiene claro que lo que se impulse, a partir de ahora, no deberá seguir la estela de la vieja CiU. Su idea es que “la ambigüedad” ya no tiene futuro. Y que si el catalanismo pretende tener algún papel en la política catalana no podrá ser el de mezclarse, de nuevo, con el independentismo. O se es leal a un proyecto compartido con España o mejor no iniciar nada. Es un punto de vista similar al de Josep Antoni Duran Lleida, que, fuera de la política, pero militante de base de Units per Avançar, señala que se debería impulsar ese catalanismo pero “con la bandera de España detrás”. Y apostar, sin dudarlo, por la gobernabilidad de España, algo que el catalanismo moderno, desde la transición, no quiso ensayar: la entrada de ministros en los gobiernos de España para corresponsabilizarse del conjunto de España.

Silvia Requena, abogada y dirigente de CDC.

Silvia Requena, la candidata de Convergents

La opción de Requena

También circulan otros movimientos, como Portes Obertes al Catalanisme. Hay una figura que tiene interlocución con todos, como es el notario Mario Romeo. El objetivo  es que se pueda constituir alguna fórmula electoral a medio plazo que tenga incidencia en las mayorías parlamentarias. ¿Pero cómo se cose todo ese espacio, y, principalmente, quién lo lidera?

Ese es el reto. Convergents se ha adelantado al buscar ya una posible respuesta electoral. Va en solitario, aunque los contactos con el resto de movimientos han existido. Lo lidera, con una candidatura al Congreso, la abogada Silvia Requena, con larga trayectoria en la vieja Convergència, y que puso en un aprieto a Quico Homs en las primarias para ser el cabeza de lista en las generales de 2016. Obtuvo casi un 30% de los votos. Sus argumentos de entonces serán los de ahora: hacer política, negociar y pactar. ¿Pero hay catalanes que quieran seguir ese camino?

Convergents ha logrado una cierta receptividad en sectores económicos y sociales. Sin embargo, el problema que han tenido todos esos movimientos y partidos es la falta de un compromiso real por parte del poder económico. En gran medida porque las dudas son grandes sobre si es necesario o no apostar por esa vía justo en este momento.

El precedente de Duran Lleida con Unió

Sin embargo, el partido de Gordó ha dado el paso. Porque, “¿cuándo será el momento?”, aseguran fuentes de Convergents.

El precedente de un catalanismo no independentista en los años del proceso soberanista se produjo en las elecciones generales de 2015. Entonces, Unió Democràtica, en solitario, y con Josep Antoni Duran Lleida, obtuvo 64.725 votos, el 1,73% de los votos, sin obtener ni un solo escaño.

Eso lo sabe Convergents. ¿Pero, hay más agua ahora que entonces, después de que los mismos protagonistas del proceso independentista hayan asegurado en el juicio del 1-O en el Tribunal Supremo que todo era más simbólico que real?