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Cámaras de seguridad de control social en una imagen de archivo /Creative Commons

Control social o involución democrática: lo que trae la pandemia del Covid

La pandemia del Covid puede acelerar procesos políticos con la petición de "votar a césares", ante la "ineficacia" de las democracias liberales

15 min

Los defensores de lo que hasta ahora se ha llamado liberalismo están nerviosos. Se mueven inquietos, y han comenzado a actuar y firmar manifiestos. Lo ha hecho el expresidente del Gobierno, José María Aznar, junto a Mario Vargas Llosa y Cayetana Álvarez de Toledo. Cuestionan las medidas de confinamiento adoptadas en varios países y piden que la pandemia no sirva para “instaurar el autoritarismo”. Más allá de esa posición, que conlleva una intencionalidad política, sí existe un peligro que distintos expertos, desde el mundo del derecho constitucional, de la filosofía política, del periodismo y del ámbito judicial constatan y es que el signo de los tiempos está marcado por el control social e, incluso, “por la involución democrática”.

Es la pandemia del coronavirus, pero la tendencia ya existía. Son los populismos que llegan desde Europa del Este, es la realidad política que llevó a Donald Trump a la presidencia de Estdos Unidos, y es el sustrato que ha aprovechado Vox para encamarse con 52 diputados en el Congreso. ¿Qué sucede? ¿Por qué las democracias liberales han comenzado a flaquear de forma clamorosa?

"Votar, pero a césares"

Aunque pueda haber hechos concretos, y en eso inciden los expertos del mundo judicial y del derecho constitucional –el posible abuso de la declaración del estado de alarma—hay aspectos psicológicos y políticos que planean sobre la sociedad occidental. Lo expresa José María Lassalle, doctor en Derecho, exsecretario de estado de Cultura en los gobiernos de Mariano Rajoy y autor de Ciberleviatán (El colapso de la democracia liberal frente a la revolución digital; Arpa). “El liberalismo que puso en pie las democracias que hemos conocido deberá repensarse, no se puede considerar que volveremos al estadio anterior, y lo deberá hacer con fórmulas de cooperación, asumiendo una mayor complejidad, con mecanismos nuevos”, señala a Crónica Global.

José María Lassalle durante la entrevista en Crónica Global / LENA PRIETO
José María Lassalle en una entrevista en Crónica Global / LENA PRIETO

Lo que apunta Lassalle es que la tendencia, y lo que, a su juicio, abrazará la sociedad del presente y del futuro, son “césares a través de las urnas, se querrá votar, pero a césares”. Es decir, no se dejará de lado la posibilidad de elegir, pero se buscará dirigentes que “actúen”, que orillen el miedo que se ha comenzado a instalar. Y ello por un motivo esencial: “Se interioriza que la democracia liberal es ineficiente, que no atiende a los problemas serios cuando aparecen”.

El argumento de Lassalle es que los aspectos psicológicos que prevalecen estas semanas en España dan pie a pensar en ello: “Se ha normalizado la excepcionalidad, con el estado de alarma, o casi. Si eso sucede, estamos ante un posible caldo de cultivo”. Pero, entonces, ¿qué hacer? “Serán necesarios cambios, valientes, que valoren la complejidad, con protocolos de garantías digitales”. El autor de Ciberleviatán señala que esa normalización de la excepcionalidad buscará dirigentes fuertes, en línea con lo pronosticado por uno de los grandes referentes del llamado poder del pueblo, nada menos que Carl Schmitt, el filósofo jurídico que inspiró al nazismo.

"El riesgo de involución es real"

¿Va Lassalle más allá de la realidad? En España, este lunes comenzará la séptima semana del confinamiento, con el estado de alarma en plena vigencia, después de tres prórrogas que llevarán al 10 de mayo. Eso es algo tangible, que la población española acepta, por ahora, sin apenas críticas. El juez Jesús Villegas, muy crítico con cómo el sistema judicial ha sido “colonizado” por los partidos políticos, asegura que sí, que existe un riesgo de involución democrática.

“El riesgo de una involución democrática es real, no sólo en España, sino a nivel mundial. Precisamente el Parlamento Europeo acaba de publicar un informe donde alerta contra los recortes de las libertades públicas con ocasión de la epidemia. El problema se puede estudiar desde tres áreas sensibles. La primera es la libertad de expresión: El World Press Freedom Index, indicador que compara la libertad de prensa en más de 180 países, ha detectado un clima contra los medios informativos en países como Brasil y los Estados Unidos. En España se habla de introducir nuevos delitos contra los bulos en redes sociales. Debemos estar atentos, pues ya disponemos de sanciones penales contra las calumnias y las injurias, por lo que corremos el riesgo de terminar penalizando las opiniones políticamente incorrectas o la incluso mera disidencia ideológica”, afirma Villegas a Crónica Global.

El juez Jesús Villegas, en la entrevista con 'Crónica Global'
El juez Jesús Villegas, en la entrevista con 'Crónica Global'

¿Contra la propiedad privada?

En la segunda área sensible, en la libertad de circulación, “hay líneas rojas que nunca deberían cruzarse, como la utilización abusiva de dispositivos de geolocalización o los arbitrarios internamientos forzosos de población”. Y respecto a la tercera, sobre la propiedad privada, “la Ley orgánica 4/1981, reguladora de los estados de alarma, excepción y sitio, confiere a la autoridad gubernativa poderes extraordinarios, hasta para practicar ‘requisas de todo tipo de bienes’. Ahora bien, como el mismo texto explica, su naturaleza es ‘temporal’. Por tanto, es inadmisible aprovechar la confusión general para ejecutar medidas coactivas de distribución de la riqueza, muy populares entre algunos sectores políticos, pero ajenas a los objetivos de la norma, que no son otros sino los de atajar la emergencia. Nada más”.

Villegas es severo, y añade otra cuestión: “El anuncio del Ministerio de reformar la Ley de Enjuiciamiento Criminal para entregar la investigación criminal a una Fiscalía cuya cúpula es nombrada por el Gobierno, precisamente en estos momentos extraordinarios, debilita la confianza del ciudadano en las instituciones, pues hace temer una mayor influencia de la política en asuntos tan delicados como la corrupción o las represalias partidistas”. Es decir: hay agua en la piscina como para evidenciar una preocupación, seria, que puede dañar las democracias liberales tal y como las hemos conocido.

Bajo las órdenes de la administración

El catedrático de derecho administrativo de la UB, José Esteve Pardo, uno de los mayores especialistas en España en el periodo de entreguerras, cuando se conforma el derecho público, que dará lugar a los tribunales constitucionales después de la II Guerra Mundial, entiende el momento extraordinario por la pandemia del Covid-19, pero constata: “El régimen instaurado al amparo de la ‘Ley 4/1981’ de los estados de alarma, excepción y sitio está conduciendo a una regulación de la sociedad y la vida de los ciudadanos que los sitúa en la órbita de la categoría, hace mucho tiempo superada, de las relaciones de sujeción especial en las que no impera la ley, sino las órdenes de la administración.

El ejemplo que se utilizaba era el del recluso, un estatus que se ha generalizado con la reclusión domiciliaria que no propiamente confinamiento”. Habla Esteve Pardo de “reclusión”, con todas las palabras.

José Esteve Pardo, autor de 'El pensamiento antiparlamentario y la formación del Derecho público en Europa', durante la entrevista con 'Crónica Global' /CG
José Esteve Pardo, autor de 'El pensamiento antiparlamentario y la formación del Derecho público en Europa', durante la entrevista con 'Crónica Global' /CG

Porque, ¿qué está pasando? De nuevo el catedrático de derecho administrativo, experto en la obra de Kelsen y Schmitt: “Es fundamental mantener y recuperar en lo posible la conexión con el orden constitucional. En la actualidad la Constitución está muy quebrantada tanto en el capítulo de derechos y libertades como en el institucional, con muchas instituciones desactivadas y otras con las competencias modificadas. Este régimen excepcional sólo es admisible si tiene un carácter marcadamente provisional. En ese sentido, la Ley 4/1981 sólo lo admite por 15 días y que se podrá prorrogar. Pero las prórrogas se conciben en cualquier legislación con carácter limitado: una prórroga, dos, y en último término con un límite temporal. Las prórrogas sucesivas borran el límite temporal y la provisionalidad con lo que se estaría produciendo una modificación constitucional muy a la baja al margen del procedimiento previsto para ello”.

China es...otra cosa

¿Vamos hacia una situación marcada por países como China? El periodista Juan Pablo Cardenal, experto en el país asiático, en el que ha trabajo como corresponsal, marca las distancias. Los temores sobre el deterioro de las democracias occidentales existen y son reales, pero, ¿qué pasa en China? Cardenal lo señala con claridad: “La situación en China y en España son incomparables. Mientras en España el gobierno podría tener la tentación de recortar libertades en medio del estado de alarma, en teoría cualquier medida en ese sentido tendría que pasar el escrutinio constitucional, además de que un gobierno que pretendiera hacer una cosa así no podría evitar el griterío y, por tanto, el coste político. No es que lo tenga imposible, pero sí que lo tendría más difícil por los contrapesos de nuestro sistema democrático. En China es una historia completamente distinta. De entrada, no podemos olvidar que el Partido Comunista chino (PCCh) está por encima del Estado, es decir, en la práctica es jerárquicamente superior. Por tanto, nadie podría desafiar una ley o una medida tomada por las altas instancias del PCCh”.

Obreros de la construcción de China se protegen del coronavirus / EFE
Obreros de la construcción de China se protegen del coronavirus / EFE

Cardenal marca la frontera con ese supuesto modelo que algunos expertos auguran para Europa. Y añade: “Además, dada su naturaleza autoritaria, China no ha tenido que usar la coartada del Covid-19 o de un estado de alarma para impulsar medidas de control social, pues éstas llevan introduciéndose en China desde hace un lustro. El régimen comunista, con la excusa de la ‘estabilidad social’, ha tenido la voluntad de controlar a su población desde siempre, con la particularidad de que en los últimos años ha podido ir perfeccionando sus herramientas de control gracias a la tecnología, incluidas las estimadas cámaras de vigilancia, hasta 200 millones, dotadas con inteligencia artificial que hay en el país”.

Los datos-algoritmos

¿Y para qué las usan, si pensáramos que ese modelo pudiera acogerse en las sociedades occidentales? De nuevo Cardenal: “Todo ese sistema de control existe para todo, desde cazar a delincuentes, hasta para crear un ranking de puntuación social, pasando por el control de los disidentes o las minorías musulmanas o tibetanas, por nombrar a unos pocos. Pese a que todo esto reúne las características de lo que en el mundo libre denominamos un ‘estado policial’, es importante entender también que en China, por su mentalidad confuciana o porque no hay mucho que puedan hacer para cambiarlo, nadie excepto el mundo de los disidentes discute la conveniencia de tener un sistema de control de estas características”.

Eso es lo tangible, lo real. Lejos de China, pero con medidas que evidencian un mayor control social, un cambio en las relaciones sociales y en los derechos civiles. Lassalle lo explica en su libro con una expresión: “La convergencia datos-algoritmos-inteligencia artificial adopta el papel de una trinidad tecnológica divinizada. Un Santo Grial digital, con una capacidad ilimitada de sanación de los seres humanos”. ¿Ese es el futuro?