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Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, ha sido acusada de hablar de todo sin decir nada / EFE

Colau: el arte de hablar de todo sin decir nada

La alcaldesa de Barcelona defendió un referéndum que inicialmente rechazaba y ha sido bautizada como la “emperadora de la ambigüedad”

05.11.2017 00:00 h.
9 min

Primero, abogó por la desobediencia y la celebración de un referéndum; luego, se negó a colaborar con la consulta para, posteriormente, sellar un pacto con el entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y facilitar que en Barcelona se pudiera votar. Como finalmente hizo.

La alcaldesa de la capital catalana, Ada Colau, ha tomado partido en todo momento desde los inicios de la convulsión de la actualidad política en Cataluña --cada cual contempla esa fecha en uno u otro de los tantos días históricos vividos en el territorio durante los últimos meses--. Las idas y venidas de sus mensajes han confundido a sus receptores, ya sean partidos de la oposición o barceloneses que la siguen incondicionalmente, que en varias ocasiones le han mostrado la obviedad de sus contradicciones con las hemerotecas, tan temidas ya por los dirigentes políticos.

Desobediencia irreal

En la campaña electoral por la alcaldía de Barcelona, Colau publicó un tuit (5 de agosto de 2014) en el que aseguró atreverse a todo, entonces por la consulta del 9N: “A diferencia de CiU yo estoy dispuesta a desobedecer al Gobierno del PP para poner urnas el 9N por el derecho a decidir”. Consideraba entonces que el derecho a decidir no se negociaba.

Una año después, siendo ya alcaldesa de la Ciudad Condal, publicó otro tuit: “Echadnos si no hacemos lo que dijimos”. Dicho y hecho. Las redes se le echaron encima (8 de septiembre de 2017) al conocerse la existencia de una carta que le envió a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. Tras la anulación del Tribunal Constitucional, solicitó al Govern más información sobre los planes previstos para el 1-O. Entonces no pensaba ceder ni un solo local para posibilitar la celebración del referéndum.

La carta que escribió Ada Colau a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras / CG

La carta que escribió Ada Colau a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras / CG

Ni una semana tardó en cambiar de opinión. El 14 de septiembre se supo de su pacto con el expresidente catalán, pese a no dar detalles ni uno ni el otro.

Nuevamente vía redes sociales, Colau aseguró: “Cumplimos nuestro compromiso: en Barcelona, el 1-O se podrá participar sin poner en riesgo institución ni servidores públicos”. Puigdemont contestó con un enérgico “¡Buena noticia!”. El independentismo aplaudió desde entonces lo que entendió como un paso hacia el soberanismo de la alcaldesa. A petición de los grupos independentistas, ERC y PDeCAT, suspendió las comisiones previas al pleno municipal el 20 de septiembre, cuando la Guardia Civil llevó a cabo varias operaciones policiales entre las que figuraba la intervención en la Consejería de Economía.

Actividad municipal paralizada

Se convirtió de repente en la abanderada del independentismo y paralizó el pleno del Ayuntamiento de Barcelona y del Área Metropolitana de Barcelona (26 de septiembre) por “la situación excepcional que vive el país”. Un argumento copipasteado de las formaciones partidarias de la ruptura de Cataluña con el resto de España. A finales de septiembre, había suspendido cuatro plenos –cinco en total, con el de octubre que aplazó posteriormente--, cuatro comisiones y cinco consejos de barrio en la recta final hacia la celebración del referéndum.

El 1 de octubre fue a votar. Pese a haber criticado anteriormente la falta de garantías de la iniciativa para que fuera viable, hizo cola durante horas para depositar su voto en unas urnas en las que no acababa de creer. Lo hizo acompañada de las cámaras de la televisión pública de Cataluña, que emitieron un reportaje pasada la fecha con todas las imágenes de la jornada.

Tan solo 24 horas después, Colau se unió al parón institucional en protesta por las cargas policiales que se produjeron el 1-O. Horas después, volvió a desempolvar su ambigüedad para dedicarle un mensaje al entonces president: “Una DUI no es la mejor vía para solucionar la situación de Cataluña”. Pasaba a la siguiente fase: adueñarse de los movimientos sociales que empezaban a crearse para pedir el diálogo entre el Gobierno de Mariano Rajoy y el Govern de Carles Puigdemont.

Por el diálogo

Pidió ayuda a los cónsules europeos (5 de octubre) para evitar la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española y también la Declaración Unilateral de Independencia, y acudió a la concentración anónima en la plaza Sant Jaume de Barcelona del movimiento Hablemos en las que no quiso hacer declaraciones a los medios al considerar que no era ella la protagonista del evento. Días después (9 de octubre), se coló en las parrillas televisivas entre declaración institucional –del Rey Felipe VI-- y declaración institucional –del expresidente de la Generalitat—y quiso protagonizar la suya propia. Pidió diálogo, su nueva enseña.

También se encargó del sector empresarial (17 de octubre), a quien pidió confianza ante la situación política, tras la fuga de empresas que empezaba a desatarse en Cataluña. El mismo día volvió a saltar junto a los independentistas, uniéndose al acto de protesta por el encarcelamiento de los Jordis, que tachó de “barbaridad”. Incluso se planteó (19 de octubre) romper el pacto que mantiene con Jaume Collboni en el consistorio barcelonés si el PSC apoyaba el 155 (algo que ella misma desmintió durante los días posteriores, remarcando que el mandato común-socialista funcionaba bien).

Puigdemont es el ambiguo

Pero volvió a mostrar su rechazo al sector soberanista (25 de octubre) al asegurar que Barcelona en Comú no se plantea un acuerdo con formaciones independentistas de cara a las elecciones el próximo 21 de diciembre. Tras el pleno extraordinario (26 de octubre) contra la aplicación del 155, uno de los más tensos de su mandato, se reunió por separado y a puerta cerrada con Alberto Fernández (PP) y Carina Mejías (Ciudadanos) para prometerles que no volvería a paralizar la actividad municipal, ya que pretende dar un mensaje de normalidad a la ciudadanía.

El exministro y expresidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell, criticó su ausencia en la manifestación convocada por Societat Civil Catalana (29 de octubre) y se refirió a ella como “la emperadora de la ambigüedad”. La misma noche, Colau respondió: “Denunciar los extremismos, la DUI y la aplicación del 155 no es ser ambigua”. Horas después (30 de octubre), la propia alcaldesa criticaba a Puigdemont tras conocer que se encontraba en Bruselas: “¿Cómo puede ser que el Govern desaparezca?”, espetaba criticando, paradójicamente, la ambigüedad del expresident.

Tras la noticia de encarcelación de algunos exconsellers, la alcaldesa convocaba otra declaración institucional (2 de noviembre) en la que reconocía a Puigdemont como único presidente de Cataluña y pedía unión entre partidos políticos, y volvía a hacer un llamamiento a los grupos municipales para celebrar un pleno extraordinario (3 de noviembre) en el que rechazaría lo que entendió como "escalada represiva" del Estado español. Esta vez no era a petición de los partidos independentistas, sino por voluntad propia.