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Amadeu Recasens, la alcaldesa Ada Colau y un mando de la Guardia Urbana.

Colau asume el control de asuntos internos de la Guardia Urbana

El nuevo plan director de la policía local pone en manos de cargos consistoriales la investigación de conductas contrarias al régimen disciplinario

María Jesús Cañizares
2 min

La Guardia Urbana de Barcelona no gana para disgustos y así lo denuncian sus representantes sindicales. Desde que Ada Colau gobierna la ciudad, los enfrentamientos entre la alcaldesa y la policía municipal han sido continuos. El aumento de los manteros, las coacciones del concejal de la CUP Josep Garganté para inculpar a los agentes de una agresión y la violencia okupa han puesto en evidencia, según los sindicatos, la falta de apoyo por parte de Colau.

Pero la gota que ha colmado el vaso es el nuevo plan director de la Guardia Urbana, que el gobierno municipal acaba de presentar. El documento contempla que la Unidad de Régimen Interior del cuerpo policial, que hasta ahora dependía de la prefectura de la policía municipal, pasará a estar en manos del gerente de Seguridad y Prevención del ayuntamiento, Jordi Samsó, un cargo de confianza de Colau.

Unidad de deontología

Dicho de otra manera, la investigación de las conductas contrarias al régimen disciplinario o al código deontológico policial en el que se vean implicados miembros de la Guardia Urbana, será asumida por cargos elegidos a dedo por Colau, en lugar de ser resueltos por los mandos policiales.

La gerencia depende del Comisionado de Seguridad, Amadeu Recasens, otro cargo de confianza de Colau. A partir de ahora, la Unidad de Régimen Interior pasará a llamarse Unidad de Deontología y Asuntos Internos.

Estos cambios han sido duramente criticados por el sindicato UGT, que interpreta la medida como un ejemplo más de que la Guardia Urbana no cuenta con el apoyo de su alcaldesa por una cuestión ideológica. Los agentes están convencidos de que se trata de un "castigo" por el polémico caso 4F, relativo a los incidentes ocurridos el 4 de febrero de 2006 durante un desalojo de okupas que se saldó con un guardia urbano que quedó tetrapléjico por el impacto de un objeto y la detención de varios antisistema que denunciaron torturas. Los incidentes fueron recogidos en el documental Ciutat morta, donde se aborda la supuesta corrupción policial que rodeó el caso.