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Coixet denuncia en 'The Washington Post' que "Cataluña está más dividida que nunca"

Coixet denuncia en 'The Washington Post' que "Cataluña está más dividida que nunca"

La cineasta relata su experiencia personal por posicionarse en contra de la secesión: "insultos", "linchamiento salvaje" en las redes y pérdida de amistades

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La cineasta Isabel Coixet denuncia en un artículo publicado este martes en The Washington Post que el proceso independentista ha fracturado a Cataluña en dos mitades.

Con el título Mientras nos preparamos para las próximas elecciones, Cataluña está más dividida que nunca, la pieza repasa la situación política y social de la comunidad ante las autonómicas de este jueves. Unos comicios a los que se llega --explica Coixet-- tras el referéndum independentista del 1-O y la aplicación del artículo 155 de la Constitución, y con dos bloques enfrentados: el independentista y el contrario a la secesión.

"Nacionalismo"

La colaboradora de Crónica Global destaca que “los folletos de los partidos independentistas rezuman orgullo herido, y se obcecan obsesivamente con los políticos separatistas encarcelados durante varias semanas: ‘Llenaremos las urnas con votos para vaciar las prisiones de gente inocente’. [...] La propaganda política de estos partidos hace poco para definir qué tipo de sociedad defienden más allá del nacionalismo catalán”.

Un nacionalismo, añade, que “existe desde hace más de 20 años, dejando su huella en las escuelas, la universidad, los nombres de las calles, los documentos oficiales, la radio y la televisión públicas y la justicia”. “Cataluña disfruta de un nivel de autonomía que incluye su propia fuerza policial, su propio Parlamento y presidente, poderes comparables con los de cualquier Estado federal europeo”, añade.

Pocas propuestas sociales 

Coixet explica que los folletos de los partidos no independentistas “prometen reanudar las conversaciones con España sobre una autonomía aún más amplia”, y señalan que “es hora de empezar a convencer a las numerosas empresas que abandonaron Cataluña debido a la incertidumbre de que regresen”. También “prometen poner fin a este periodo oscuro que empezó hace seis años”, cuando el anterior presidente, Artur Mas, abrazó la independencia (“un cambio de opinión que podría haber tenido algo que ver con la nube de la investigación por corrupción que se cierne sobre su partido”).

Sin embargo, la cineasta también le reprocha a los partidos contrarios a la independencia que “están ofreciendo poco en el ámbito de las nuevas políticas sociales”. “Los asuntos patrióticos han eliminado cualquier debate serio sobre los problemas reales de la región, y las soluciones parecen más remotas que nunca”, lamenta.

Insultos por rechazar la secesión

Coixet entra en su experiencia personal con el procés. “Todos los días, cuando salgo a la calle, lo hago con cierta vacilación. En los días que siguieron al infructuoso referéndum del 1 de octubre, al que me había opuesto públicamente, los separatistas frecuentemente me lanzaban insultos, tildándome de ‘fascista’. Durante esas semanas, los ánimos se calentaron”, explica. Aunque cree que “hoy todo parece mucho más tranquilo”, pese a que las banderas siguen en los balcones.

Coixet habla de lo que vive en su barrio, Gràcia. Donde conviven paquistaníes, colombianos y chinos con otras muchas nacionalidades. Algunos de ellos piensan en volver a su país “por el miedo de una reactivación del sentimiento antiinmigrante después de las elecciones”.

"Perdí amigos"

La cineasta confiesa no entender lo que ha ocurrido en los últimos años, y relata las consecuencias personales del procés: “Cuando a veces me siento con mi taza de café en una de las soleadas terrazas de la plaza de la Vila, veo pasar a viejos amigos. Me saludan de forma superficial, pero puedo ver en sus caras que me habrían evitado si se hubieran dado cuenta de mi presencia antes. Estamos separados por el problema de la independencia. Yo no creo que la independencia sea una buena idea, pero ellos sí. Nos cruzamos miradas furtivas, un leve movimiento de cabeza. Pero no se habla una palabra”.

“Cuando hablábamos de la independencia antes, les trataba con la misma actitud que tenía al hablarme de nuevos novios que claramente eran inadecuados para ellos: un silencio cortés y ambiguo. Desde que tomé la decisión de expresar mi opinión, además de los insultos y del linchamiento salvaje en las redes sociales, también perdí amigos. Pero he ganado cierta tranquilidad espiritual. En cualquier caso, sigo pensando que sus nuevos amantes no son los adecuados para ellos”, concluye.