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Rivera y Ciudadanos fían su suerte a un buen resultado en la España urbana

Ciudadanos se agarra a la España urbana para sobrevivir

La formación naranja arraigó en las pasadas elecciones en el 80% del territorio, pero los sondeos advierten de la caída en el interior y las zonas rurales del país debido a la Ley d'Hondt

31.10.2019 00:00 h.
5 min

El sistema electoral español prima el bipartidismo, favoreciendo a las dos primeras fuerzas más votadas en las provincias medianas y pequeñas, donde los escaños a repartir son menos. Ciudadanos es consciente de ello y se centrará, principalmente, en mantener su fortaleza en las grandes ciudades. El 28 de abril, fecha de las últimas elecciones generales, logró arraigar en el 80% del territorio, y sabe que es difícil mantener ese grado de penetración en los entornos más rurales, que pueden volver a sus feudos tradicionales.

En las grandes provincias, sin embargo, la historia es otra. Cuanto más grande es una circunscripción más proporcional es el reparto de escaños, y allí es donde la formación naranja jugará su rol principal. Distanciarse del PP recuperando sus señas de identidad, que pasan por una propuesta liberal por lo que respecta a la eutanasia, gestación subrogada, matrimonio homosexual o prostitución, entre otros. Y, al mismo tiempo, mantener su firme posición sobre el desafío secesionista en Cataluña. 

Rivera prepara la campaña del 10N / EUROPA PRESS

Actos de campaña

En la anterior campaña de las generales, el presidente de Cs miró hacia la España vacía, donde se juegan unos 100 escaños. Se desplazó, por ejemplo, a Pedraza (Castilla y León) con los primeros puestos de la lista de Madrid para mostrar su apuesta por la "igualdad" entre todos los españoles.

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Albert Rivera, en Pedraza (Castilla y León)

En la campaña de estos nuevos comicios no renuncian a esa baza electoral, pero Cs ha decidido centrar su grandes actos en Andalucía, Cataluña, Madrid y Valencia. Se ha elegido Cádiz como ciudad para dar el pistoleazo de salida a la campaña, por su simbolismo como cuna del liberalismo español y del constitucionalismo. Y se cerrará en Barcelona, urbe donde nació el partido hace ya 13 años.

Escenarios postelectorales

El politólogo Lluís Orriols, en base a la encuesta del CIS, ha explicado a instancias de Crónica Global que el partido de Albert Rivera corre el riesgo de pasar de una presencia territorial del 80% a un arraigo del 30%. Sobreviviría, principalmente, en las grandes urbes. Fuentes del partido, no obstante, se muestran optimistas porque aseguran que el espacio que ocupa Cs “no lo ocupa nadie más” en España. “Estamos gobernando para 20 millones de personas en gobiernos autonómicos”, apostillan ante los pronósticos de una caída en los comicios del 10 de noviembre.  

El resultado electoral será determinante para dilucidar el futuro de Rivera. Como informó este medio, algunos de los barones ya barajan su relevo si los apoyos en las urnas bajan considerablemente. Desde dentro creen que el partido tiene recorrido, que es “un proyecto a largo plazo” y que ya se les ha dado por muertos en otras ocasiones.

Partido sin estructura

La previsible caída electoral en las provincias más pequeñas revela, además de la pérdida de fuelle del candidato, la debilidad organizativa del partido naranja. A lo largo de sus pocos años de actividad nacional, la formación de Rivera se ha entregado a la televisión y las redes, dejando la ramificación territorial en un capítulo sin cerrar.

De ahí que, tal y como ocurre con Podemos, también Ciudadanos, ambos emblemas de la llamada nueva política, sufren cuando las expectativas electorales van a la baja. Con un problema añadido para los de Rivera, dado que perder fuelle en zonas como las dos Castillas representaría una inexorable salida de las zonas de España más críticas con lo que ocurre en Cataluña. Es decir que, si hasta abril Ciudadanos podía aspirar a un sorpasso al PP, ahora, en el caso de perder escaños en zonas internas de la península, así como en Asturias o Aragón, esta hipótesis se complica. De esto ya se habla en algunos círculos del PP, que entre sonrisas apuntan: “Están volviendo a casa”.