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Carles Puigdemont, junto a Artur Mas, durante el acto de toma de posesión del cargo de presidente de la Generalitat.

CDC hubiera sacado menos de 20 diputados en marzo

Las desfavorables encuestas internas forzaron la alternativa de Carles Puigdemont, que en realidad no quería seguir en el Parlament

María Jesús Cañizares
3 min

La aparición del nombre de Carles Puigdemont como candidato a la investidura de presidente de la Generalitat el sábado pasado fue una gran sorpresa. También para él mismo. Casi en tiempo de descuento, Convergència propuso al ex alcalde de Girona para evitar la celebración de nuevas elecciones en marzo.

El motivo, según ha podido saber Crónica Global, no fue otro que la perspectiva cierta de sufrir un nuevo batacazo electoral, pues el partido de Artur Mas barajaba encuestas internas que otorgaban a CDC menos de 20 diputados, una vez descartada la reedición de la coalición de Junts pel Sí con ERC. De 62 escaños de 2010 había pasado a 50 en 2012; a 30 en 2015; y la posibilidad era caer por debajo de 20.

Gesto épico

Esos sondeos hicieron saltar las alarmas dentro del partido, que apuró al máximo los plazos para la investidura. En parte porque tenían esperanzas de que una CUP dividida acabara apoyando la investidura de Mas. En parte porque, de esta forma, la renuncia del líder convergente podía ser presentada con un gesto épico.

Aunque el nombre de Puigdemont se puso sobre la mesa de negociaciones con la CUP el viernes por la tarde, la confirmación se produjo al día siguiente. Aseguran en medios políticos que el ya ex alcalde fue visto la mañana del sábado comprando en el mercado con absoluta naturalidad. A pesar de su activismo independentista, que hace años era visto con perplejidad incluso dentro de Convergència, Puigdemont había manifestado que no quería volver a figurar en las listas al Parlament si, finalmente, se celebraban elecciones en marzo.

Provisionalidad

Todo ello reafirma el carácter provisional que, incluso en medios convergentes, se le da al nuevo presidente catalán, cuyos discursos de investidura, tanto en el Parlament como en el Palau de Generalitat, han tenido un perfil bajo desde el punto de vista identitario, con apelaciones al diálogo y a la legalidad.

Como mucho, permanecerá en el cargo 18 meses, pues éste es el tiempo que se han dado las formaciones independentistas para culminar este gobierno de transición. Con permiso de la CUP, que promete estabilidad, pero sólo en leyes de desconexión.

La refundación

Mientras, CDC acometerá su refundación a través de un proceso pilotado por Artur Mas, que acaba de renunciar a su escaño en el Parlament. El congreso convergente estaba previsto para marzo o abril, pero una vez descartada la celebración de elecciones, ya no hay tanta prisa para llevar a cabo ese asalto a la centralidad, perdida en este atribulado proceso secesionista.

Con Josep Rull incorporado al Gobierno catalán como consejero de Territorio, parece que la secretaría general de CDC podría recaer en Jordi Turull, identificado con el pujolismo, o en Germà Gordó, ex consejero de Justicia. Aunque los problemas judiciales que acechan a este último podrían truncar esa aspiración.