El bilingüismo en la Iglesia catalana

La mayoría de los rectores ofician en los dos idiomas oficiales: los catalanes que tienen el castellano como primera lengua van a misa el doble que los catalanohablantes

Estelada en el campanario de Moià, Barcelona / CG
09.04.2018 00:00 h.
8 min

Es difícil atribuir un significado al eslogan repetido como un mantra en Cataluña de un sol poble ('un solo pueblo' en catalán). La frase ha acabado por convertirse, en términos de Laclau, en un significante vacío que ha ido variando a lo largo de las últimas décadas en función de quien ostentara la hegemonía cultural y política en Cataluña.

Si bien en un inicio la idea fue acuñada por el catalanismo de izquierdas –se atribuye la autoría de la misma al activista político Josep Benet–, el pujolismo fue capaz de arrebatar este valioso concepto en términos propagandísticos y dotarlo de un sentido conservador en sus largos años de dominio convergente.

El catalán como vehículo de cohesión social

Sin embargo, la idea siempre ha ido asociada al uso de la lengua catalana como vehículo de cohesión social dentro de Cataluña, sobre todo de las clases proletarias que tenían el castellano como lengua materna.

De esta manera, los poderes públicos se han visto legitimados para mantener durante todos estos años un sistema de educación público basado en el uso del catalán como lengua vehicular en la escuela.

Elementos socializadores

La oposición a esta medida en la última década es pública y notoria, por lo que cabe poco más que añadir. No obstante, antes de entrar en materia, es necesario señalar que las escuelas son uno de los elementos que la sociología identifica como de “socialización secundaria”; esto es, que influyen a la hora de pensar y determinar los valores de los niños.

Los padres de la sociología también consideraban a las religiones como un elemento de “socialización secundaria” en los individuos. Lógicamente, el proceso de secularización en Occidente –también en España– ha hecho que el papel de la Iglesia como agente socializador y de transmisión de valores se haya visto mermado de forma drástica.

El interés por las iglesias en Cataluña

Sin embargo, el rol que desempeñó en los inicios de la democracia española no era nada desdeñable, por lo que los cambios que trajo el nuevo sistema político y su afectación a la Iglesia eran motivo de interés de algunos sectores políticos. Si bien los progresistas nunca mostraron demasiado interés en imponer sus tesis en la institución religiosa, en Cataluña sí que podía producirse una disputa por el control de los centros religiosos. El nacionalismo conservador catalán no quería que la Iglesia quedara atrás y se viera desvinculada de la idea de un sol poble, que algunos párrocos han abrazado con mayor entusiasmo que otros.

Los últimos acontecimientos en Cataluña han provocado que hasta el Papa haya tenido que intervenir para evitar que la Iglesia catalana se implique públicamente en el denominado procés. Incluso algunos medios señalaron que el Pontífice prohibió al cardenal Juan José Omella ejercer de mediador cuando sonaba su nombre en los despachos de la Generalitat de Cataluña para intervenir en el conflicto.

El bilingüismo en misa

A pesar de ello, un aspecto que han tratado de respetar los diferentes párrocos de Cataluña respecto a los usos y costumbres de sus ciudadanos ha sido el bilingüismo que le caracteriza como sociedad. La mayoría de iglesias y parroquias catalanas ofician la misa tanto en castellano como en catalán en diferentes horarios. Basta con echar un vistazo a las páginas webs de los diferentes centros religiosos para comprobar que casi todos celebran misa en ambas lenguas.

Esto se debe a la propia voluntad de los rectores de la parroquia, ya que desde el Arzobispado de Barcelona indican que no existe ningún protocolo que les obligue a oficiar las misas en los idiomas oficiales de Cataluña, sino que es un asunto que queda reservado a la propia elección del cura. Algunos incluso lo hacen también en italiano o en inglés. El caso más paradigmático es el de la basílica de la Sagrada Família, donde todos los domingos se celebra a las 9 de la mañana una misa internacional en inglés, francés e italiano.

Mayoría hispanoparlante

Si la motivación de los párrocos para celebrar las misas en distintos idiomas es por una cuestión práctica, los datos avalarían esta decisión. En el barómetro sobre religiosidad realizado por el CEO (Centre d’Estudis d’Opinió) en 2016, los datos arrojaban una mayoría de hispanohablantes entre los asistentes a misa en Cataluña.

Así, un 14% de los catalanes que tienen el castellano como primera lengua van a misa "cada semana o más", mientras que los que tienen el catalán como primera lengua apenas llegan al 7%. Además, la mayoría de los catalanes no asocian el catolicismo como un elemento destacable del nacionalismo tanto catalán como español.

Catolicismo y nacionalismo

En la última encuesta del CEO --el CIS catalán-- de febrero de este año, se preguntaba a los entrevistados por las “circunstancias importantes para ser verdaderamente catalán o español”, en dos preguntas diferenciadas. En ambos casos los resultados fueron muy similares.

Un 70,5% considera como “nada importante” ser católico para ser un “buen catalán”, mientras que los que sí lo creen son sólo el 3,2%. Lo mismo sucede con el sentimiento opuesto, ya que tan sólo un 3,3% cree que es “muy importante” ser católico para ser “un buen español”, mientras que un 67.3% lo considera “nada importante”. Así pues, a la Iglesia le conviene no mezclar nacionalismo y espiritualidad si no quiere ver como sus parroquias se quedan cada vez más vacías, un proceso ya de por sí natural que avanza a medida que los mayores mueren y dan paso a las generaciones más jóvenes.

¿Quiere hacer un comentario?