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El eurodiputado del PSC, Javier López

“El caso 'Aquarius' dice mucho y muy bueno de España”

El eurodiputado del PSC Javier López asegura que nuestro país, junto a Portugal, puede ser el motor de la socialdemocracia en la Unión Europea

16.06.2018 00:00 h.
8 min

Asegura Javier López (Madrid, 1985) que España es un caso atípico en la Unión Europea pues, a diferencia de los discursos de ultraderecha existentes en Hungría, Alemania o Austria, en nuestro país se rechaza utilizar la inmigración como campo de batalla. Orgulloso de que el Gobierno español haya decidido acoger a los refugiados que viajan en el Aquarius, que llegará este fin de semana a Valencia, el eurodiputado del PSC asegura que hay capacidad suficiente para dar una atención digna a estas personas.

—Pregunta. ¿Cómo han reaccionado las instituciones europeas ante la acogida de los refugiados del 'Aquarius' por parte del Gobierno de España?

—Respuesta. Muy positivamente. El presidente de la Comisión Europea hizo una intervención muy favorable. Lo que ocurre es que desde Bruselas, durante años, se ha intentado sin éxito dar una respuesta coordinada al derecho de asilo.

¿Cómo debería articularse esa respuesta europea?

—Existen ya unas normas sobre el asilo común. La Convención de Dublín establece que el primer país que pisa el refugiado debe tramitar el asilo. Pero ese protocolo saltó por los aires en 2015, cuando un millón de refugiados llegaron a Alemania después de pasar por varios países europeos. El problema principal lo tienen los países fronterizos. Es necesario establecer criterios de reubicación y de cuotas. Hace tres años, la Unión Europea acordó un plan para reubicar a 160.000 refugiados en dos años, pero los estados tampoco lo cumplieron.

Fotografía cedida por la ONG "SOS Mediterranee" que muestra a varios de los 629 inmigrantes rescatados a bordo del barco "Aquarius"

Fotografía cedida por la ONG "SOS Mediterranee" que muestra a varios de los 629 inmigrantes rescatados a bordo del barco "Aquarius"

¿Hay quien cuestiona que a esas personas se les pueda ofrecer una acogida digna?

—El problema, como decía, son los países fronterizos. La Unión Europea no destina los recursos suficientes. Hay que abordar este asunto desde una perspectiva humanitaria y de seguridad. Para ser justos, es cierto que Italia sufre una enorme presión, pues tiene a pocos kilómetros a Libia, un Estado fallido con el que no se puede interlocutar. Hace un tiempo, el grueso de los refugiados procedían del norte de África. Ahora provienen de Siria, Afganistán, Yemen y Eritrea, donde hay una dictadura terrible.

¿Las quejas del ministro del Interior, Matteo Salvini, tienen entonces algo de fundamento?

—Lo que ha hecho Italia es tremendo porque ha abandonado a esos 600 migrantes del Aquarius. Pero hay que decir que Italia es el segundo país que más solicitantes de asilo ha tenido en los últimos tres años. También se debe tener en cuenta el contexto electoral que ha vivido Italia, donde se han celebrado comicios locales.

El ministro del Interior italiano y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini

El ministro del Interior italiano y líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini

Hay quien augura un rearme de la ultraderecha española ante la acogida de esos refugiados.

—No lo creo. España es una anomalía en la UE. El eurobarómetro asegura que somos el país más friendly con la inmigración. El 85% de los españoles asegura sentirse cómodo con los inmigrantes. Nuestra opinión pública es sensible a estos flujos, quizá porque en los años sesenta y setenta los españoles lo fuimos. A día de hoy, en España no hay posibilidad de que estalle un movimiento refractario a la inmigración. Otra cosa es que se produjeran conflictos en Marruecos y aumentaran los refugiados. Pero estamos muy lejos de los duros discursos sobre inmigración que se hacen en Centroeuropa, como el de Viktor Orbán en Hungría, Sebastian Kurz en Austria o el del CSU bávaro en Alemania.

¿Cómo se debe gestionar la acogida a los refugiados?

—Durante el primer trimestre de este año han llegado a las costas españolas 3.000 emigrantes. Ahora acogeremos a las 600 personas que viajan en el Aquarius. El protocolo pasa por una atención humanitaria, la tramitación del derecho de asilo y, en caso de que la persona no encaje en ese derecho, garantizar una devolución segura a su país. Que comunidades autónomas y ayuntamientos de todos los colores se hayan ofrecido a acoger a estas personas dice mucho y muy bueno de nosotros. Ha habido críticas, que son legítimas, pero existe cierto consenso en que hay normas de asilo que cumplir y que no hay que convertir la inmigración en un campo de batalla.

Usted ha comentado que España puede ser el motor ibérico de la socialdemocracia en Europa.

—España y Portugal son países socialdemócratas muy potentes en Europa. También hay que destacar el papel de Rumanía o Suecia. Somos el contrapunto al neoliberalismo de Polonia o Hungría, con posturas muy duras en inmigración. La socialdemocracia tiene un papel muy relevante en la Comisión Europea, 200 eurodiputados y varias sillas en el Consejo de Europa.

¿Qué otras políticas sociales deben ser protegidas o estimuladas por las instituciones europeas?

—En otoño de 2018 se aprobó el pilar europeo de los derechos sociales en Gotemburgo (Suecia), que incluye 20 objetivos con los que la UE quiere recuperar la legitimidad perdida en este terreno debido a la crisis económica. Una de las medidas a corto plazo es legislar en materia laboral para garantizar unas condiciones de trabajo dignas. El Estado del bienestar va a seguir en manos de cada uno de los Estados miembros, pero lo cierto es que van a tener un suelo social europeo que proteja por ejemplo el acceso a la vivienda. De hecho, los tres retos de futuro de la UE son la reforma del euro, los derechos sociales y la seguridad y defensa.

¿Se debe recuperar la idea de una Constitución europea para dar rango institucional a esos derechos?

—La Constitución europea fue un fiasco y ese engranaje institucional se recuperó mediante el Tratado de Lisboa. ¿Es necesario tocar los tratados? Se pueden hacer cosas en esos tres ámbitos sin necesidad de abordar esas reformas.