Menú Buscar
La primera ministra del Reino Unido, Theresa May / EFE

El Brexit desconcierta más a los británicos que al resto de los europeos

Algunos ingleses que residen en el exterior piensan en la posibilidad de recurrir a la doble nacionalidad para proteger a sus hijos

Sara Høyrup
22.04.2019 00:00 h.
12 min

La Unión Europea y el Reino Unido se han dado de plazo hasta el 31 de octubre para evitar una salida brusca y sin acuerdo del club comunitario con un Brexit duro. Ahora se abre un periodo en el que puede suceder cualquier cosa. Los británicos tendrán que participar en las elecciones a la Eurocámara, lo que no impide que acabe efectivamente con una ruptura. Un abanico de posibilidades que desestabiliza a aquellos que viven en otros países de Europa y a los europeos que residen en Gran Bretaña.

"El viernes 12 de abril hubiese podido dejar de ser un ciudadano europeo," constata Christopher Tulloch, profesor de periodismo en la Universidad Pompeu Fabra (UPF). "Tengo que decidir si pido la nacionalidad española, algo que no entraba en mis planes”, explica.

Pérdida del derecho a voto

"No pude votar en el referéndum", apunta Daniel Nicholls, profesor de Relaciones Internacionales en el mismo centro. Quien lleva más de tres lustros fuera del Reino Unido pierde el derecho de voto, aunque la ruptura con la Unión Europea afecta sobre todo a los llamados expats --abreviación de expatriados--, los emigrantes a menudo altamente cualificados que viven fuera de su país.

Daniel Nicholls, profesor de relaciones internacionales

Daniel Nicholls, profesor de relaciones internacionales

A diferencia de otros, Nicholls no da gran importancia a la amenaza de un Brexit duro, sin acuerdo. "Probablemente, hubiese votado a favor de quedarnos en la Unión Europea, porque la salida me complica la vida". Al igual que Tulloch, lleva desde los 90 en Cataluña, y ambos viven en los alrededores de Barcelona con sus familias.

Tampoco es para tanto

"No veo por qué el Reino Unido no puede valerse por sí mismo fuera de la Unión. A Noruega y Suiza les va estupendamente, si bien es cierto que son casos distintos", aclara. "También debo decir que es más fácil funcionar con un pie dentro de la colaboración comunitaria y otro fuera, para los países que nunca han sido miembros. La UE es un club proteccionista. No lo veo tan maravilloso", señala.

Ahonda en su crítica: “La Unión no es representativa. Está controlada por lobbys --grupos de presión--. Es remota y opaca, y ni siquiera las élites urbanas la entienden. Los mismos nombres de las instituciones parecen hechos para confundir". Por si esto fuera poco, añade: “La política de agraria común riega los campos de los terratenientes y rebaja el precio de los productos. Algo dañino para los países subdesarrollados”. No se puede decir que Nicholls sea muy favorable al proyecto común. “La UE permite que el totalitarismo florezca en el este de Europa. No defiende sus propios valores con los instrumentos que tiene a su disposición”.

Cruzando fronteras

Algunos expats británicos encuentran soluciones privadas. Jonathan Wilson, de Irlanda del Norte, contempla nacionalizarse como ciudadano irlandés para continuar siendo europeo. Vive en Sant Cugat, y su hija es española. Otros han logrado obtener la doble nacionalidad en España para sus hijos, pero tienen que mantenerlo en secreto, porque la ciudanía dual entre ambos países está prohibida. Es una opción de uso común entre antiguas colonias y las exmetrópolis europeas. España conserva este tipo de tratados con muchos países de Latinoamérica.

La médica española María Corretge lamentaría tener que cruzar la frontera en una cola distinta a la de sus hijas pequeñas después del Brexit. Viven en Edimburgo.

La médica española María Corretge

La médica española María Corretge

"Peligraban nuestros trabajos, pero por suerte se dieron cuenta de que el sistema sanitario británico no podía funcionar sin personal europeo. Eso sí, de repente comenzaron a aflorar quejas contra los que somos de fuera. Yo tengo un inglés impecable porque lo aprendí en Estados Unidos cuando era adolescente, pero después del referéndum hubo pacientes que decían que no me entendían. La mera idea de salir de la Unión hizo que la xenofobia aumentase”.

Un apogeo de nacionalismos

Corretge estuvo en una misión en Grecia junto a otros médicos. Allí, en una de las fronteras externas de la UE, atendió a niños refugiados que llegaban a las costas europeas en un estado lamentable.

Para esta sanitaria, el Brexit y el procés secesionista en Cataluña significan lo mismo: un populismo supremacista que ofrece soluciones simples a desafíos complejos. Pero, a diferencia de otros unionistas, no se refugia en el patriotismo español y tampoco cae en la tentación de señalar a los recién llegados.

El caso de Irlanda

"Nadie sabe qué va a ocurrir," subraya Wilson. "Cuando durante las últimas Navidades estaba en Portadown, mi ciudad, la gente evitaba el tema. Están hartos de tanto vaivén". El inminente riesgo de una frontera que atraviese Irlanda despierta viejos fantasmas. Algunos nacionalistas irlandeses ya han recordado cómo se oponían en otros tiempos al orden establecido.

Las fronteras, así como las barreras aduaneras, invitan a la delincuencia, aunque pueda parecer que son los territorios abiertos los que la provocan. En Dinamarca, no falta quien opina que se debe cerrar la frontera para detener la afluencia de delincuentes del Este, así como refugiados y migrantes de lo que en la jerga de las instituciones se llama terceros países, es decir, extracomunitarios.

Pedro y el lobo

"He dejado de ver las noticias," dice Naïm Ahadri, un joven danés afincado en el barrio del Raval de Barcelona. "Sólo hablan del Brexit, pero nunca llega. Día sí y día también salen noticias de última hora en torno a que la ruptura sin acuerdo es inminente, pero luego no pasa nada", se lamenta. Puede que ahora sí. El viernes 12 de abril vencía otra de las fechas límites establecida por Bruselas, pero que se ha trasladado siete meses más lejos. La primera ministra británica, Theresa May, no logra convencer a su entorno de la gravedad de la situación.

"¡La líder conservadora no para de conminar a los políticos para que voten una y otra vez el acuerdo con Europa!", exclama desesperado Pete Kercher desde el lago Como, en Italia. "¿Por qué no deja votar de nuevo al pueblo? ¿Qué tipo de democracia es ésta?”, denuncia.

Pete Kercher

Imagen de Pete Kercher

Un segundo referéndum

Ésta es la solución que reclaman los que votaron para quedarse en la Unión Europa y perdieron. "Una gran parte de los leavers --partidarios de romper con la UE-- ya han pasado a mejor vida", apunta el profesor Tulloch. Los remainers --favorables a permanecer en el proyecto común-- eran mayoría entre los jóvenes, los escoceses, los del norte de Irlanda y Gibraltar, otro territorio donde el Brexit amenaza con despedazar un acuerdo de difícil consecución.

En un segundo referéndum podría volver a pasar lo mismo, según alertó Bryony Worthington, de la Cámara de los Lores, durante una visita en Bruselas. "La campaña para la salida ya se está preparando para convencer una vez más a la población de que el Reino Unido ganará con el Brexit. No se les pudo perseguir por las noticias falsas que difundieron en 2016, como que el sistema sanitario británico --NHS-- tendría mucha más financiación. Esto fue así porque el referéndum no fue legalmente vinculante. Y, sin embargo, su resultado obligaba a los políticos, ya que prometieron en sus programas cumplir el deseo expreso del pueblo".

"Yo todavía no me creo la ruptura", dice Ángel Ramírez. Reside en Londres desde hace cuatro años, y ha logrado un buen puesto de trabajo.

Ángel Ramírez

Ángel Ramírez reside en Londres desde hace cuatro años / CG

"Será que no he alcanzado la fase de aceptación. Fue difícil tomar la decision de emigrar; dejar a mi familia y encontrar el trabajo que me apetecía desarrollar en Londres. Ahora, las decisiones de una política mediocre no me van a apartar de mis objetivos. Probablemente, me quedaré en Reino Unido hasta que el mercado laboral en España se acerque a un equilibrio digno entre lo que ofreces y lo que recibes", señala.

Prepararse para lo desconocido

"Yo no me preparo porque no sé para qué prepararme," se resigna Wilson. "Yo sí", afirma la psicóloga y emprendedora Amy Holden. "He sacado mi dinero del Reino Unido por si acaso, al igual que hice antes del 1-O aquí en Cataluña. He solicitado la ciudanía española", explica.

"Primero no me preocupé. Estaba convencida de que ganaría el remain. Cuanto más se acercaba el referéndum, entendí lo fracturada que estaba la sociedad. La gente, de hecho, se creía la campaña nacionalista del leave. Antes no hablaba nunca de política con mi familia y mis amigos; ahora, no hablamos de otra cosa. Lloré cuando vi el resultado, y pasé meses sintiéndome abrumada. Fue una especie de duelo".

"Yo trabajo por toda Europa", cuenta Kercher, que se instaló en Italia en los años 70 y domina varias lenguas. "Unos días antes del 12 de abril preparaba un viaje a Rumanía y pensaba que me iría siendo europeo y que cuando volviera quizá ya no lo sería. Nadie sabía decirme si podría volver a casa sin visado", lamenta.