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‘Textos per la llibertat de Catalunya’, Generalitat de Catalunya, 2004.

“Queda prohibida la gandulería en Cataluña”

La ‘constitución’ secesionista de 1928, contra los gandules, toreros y boxeadores

5 min

Los esfuerzos de los nacionalistas por reivindicar cualquier cosa que suene a secesión, aunque sea una mezcla entre folklórico y bizarro, son encomiables.  ¿Recuerdan a Josep Bargalló, ese dirigente de Esquerra Republicana que llegó a ‘conseller en cap’ de la Generalitat por una serie de factores cósmicos que nadie entendió? Bajo su mandato se editó, con el dinero de todos los catalanes, un libro no solo imprescindible, sino imperativo: ‘Textos per la llibertat de Catalunya’ (Generalitat de Catalunya. 2004). Si ustedes no lo sabían, no se preocupen, su bolsillo seguro que lo notó.

Dentro de esta recopilación necesaria de los textos que resumían el anhelo del pueblo catalán por sus libertades más primarias frente a la opresión de la siempre malvada España, destaca con luz propia el “Proyecto de Constitución Provisional de la República Catalana”, un documento redactado en 1928 en la catalanísima ciudad de La Habana, capital del país cuna de la bandera ‘estelada’. El valor de esos aguerridos luchadores sin igual les llevó a dejar sus vasos de ron, a miles de kilómetros de la jurisdicción de la Guardia Civil, para poner negro sobre blanco sus sueños de emancipación.

¿Y los ‘Països’?

Jaume Renyer define este proyecto legislativo, en un texto introductorio que sirve para contextualizarlo, como “una síntesis del pensamiento nacionalista catalán de la época”. En su primer artículo, esta ‘Constitución’ proclama que el “pueblo de Cataluña” adopta como “forma de Gobierno la República técnico-democrática-representativa” y consagra como bandera oficial (artículo 3º) la “histórica de las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo: con la adición, en la parte superior, de un triángulo azul con una estrella blanca de cinco puntas en el centro del mismo”.

Ya hay bandera y forma de gobierno. Ahora toca definir el territorio (artículo 5º), que queda constituido “por el que forman en la actualidad las llamadas ‘provincias’ de Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona”. ¿Y los ‘Países Catalanes’? Puestos a escribir cartas a los Reyes Magos en La Habana entre mojitos… ¿Por qué dejar fuera de los anhelos de libertad a los ‘hermanos’ de Valencia, Baleares, la ‘Franja’ de Ponent, l’Alguer y la ‘Catalunya Nord’? ¿O es qué eso de los ‘Países Catalanes’ es una invención posterior y Francesc Macià, que era el líder del movimiento que promovió esta ‘Constitución’, no estaba por la labor?

Esa gente de mal vivir…

Como texto ‘constitucional’ tenía sus puntos de interés, como la igualdad hombre/mujer, aunque las señoras que quisieran ejercer sus derechos políticos (artículo 27º) debían “inscribirse en el registro de su municipio correspondiente, a solicitud suya firmada”, trámite que los catalanes con pene se ahorraban. Pero si hay un artículo que marca doctrina es el 51º: “En Cataluña se prohíbe la gandulería y la mendicidad. Todos los ciudadanos deberán ejercer habitualmente algún oficio y profesión o dedicarse la mayor parte del año a ocupaciones mecánicas, industriales, mercantiles o intelectuales. No estarán exentos de este deber, ni los rentistas”.

No solo estaban prohibidos los “gandules”, dado que el artículo siguiente, el 52º, dicta que “en Cataluña quedan prohibidas las corridas de toros, las exhibiciones de boxeo y todo deporte que tienda a embrutecer al pueblo. Las plazas de toros y los rings de boxeo serán derribados en el término de dos años, una vez conseguida la independencia”. Lo de “todo deporte que tienda a embrutecer” no queda claro. ¿Se referían al fútbol? ¿Al fútbol, pero dependiendo del equipo que lo practicara? ¿A las carreras de galgos? ¿Al frontón? ¿Al ‘teto’?

Un apunte final: los independentistas consideran a España una “democracia de baja intensidad” o “predemocrática”. Pero ellos bien que pueden defender sus ideas de romperla en libertad y sin cortapisas. Sus “hermanos” de 1928 dictaron que la ciudadanía catalana “se pierde” por “conspirar o atentar contra la independencia de Cataluña” (artículo 10º). En esto, como en otras muchas cosas, los independentistas ven la viga en el ojo ajeno y no la paja en el propio. O así lo veía el independentista Josep Bargalló al editar y reivindicar, pagando con dinero público, textos de este tenor en la España democrática del 2004.