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‘Des d’Olot per a Catalunya’ (Edicions El Bassegoda).

El 'sí se puede' de Pere Macias

Macias se apunta al ‘sí se puede’ cobrar de la Colau

Sergio Fidalgo
5 min

Ada Colau es la Florentino Pérez de la política local catalana. No le importa fichar “Figos” en los partidos rivales para reforzar su once titular y debilitar a los contrarios. A los socialistas los dejó tibios a base de fichar ‘ex compañeros’, y ahora le ha tocado el turno a un ilustre ex consejero de Obras Públicas de los Gobiernos de Jordi Pujol: Pere Macias, uno de esos dirigentes de las comarcas gerundenses que hicieron fortuna en la política ‘nacional’.

Antes de apuñalar, simbólicamente, a Xavier Trias, que se opone a la fusión de los tranvías por la Diagonal que ahora Pere Macias defenderá gracias al sueldo que le pagará Ada Colau, este político gerundense se hacía fotos sonriente con el ilustre médico. Los abrazos y los cánticos a la amistad eterna han quedado apartados por el “qué hay de lo mío” concretada en la “dirección estratégica” para unir los dos recorridos del Tram. Pero ahí queda la foto en el ‘Des d’Olot per a Catalunya’ (Edicions El Bassegoda), el libro que escribió en el 2003, para atestiguarlo (pág 78).

Se acabaron los días de vino y rosas entre Macias y Trias

De “Mafia” a “profesional”

Ada Colau calificó de “mafia” a Convergència durante la pasada campaña electoral. Y ahora ha confiado como “profesional” en un dirigente de un partido que, según la actual alcaldesa, en Barcelona tenía prácticas poco honestas. Eso sí, no se puede negar a Macias su coherencia en la apuesta por el tranvía. En el ya mencionado libro, que es una recopilación de discursos y artículos, recupera una pieza que publicó en El País para contestar a Oriol Bohigas, ya que este arquitecto se oponía al Trambaix.

“Deseo que el debate a este tema sea tan apasionado y valiente como lo es mi admirado amigo Bohigas, a quien me gustaría ver convencido de que el Trambaix es positivo par ala [sic] Barcelona acompleja [sic], la Barcelona de la Diagonal, la Barcelona metropolitana de L’Hospitalet, de Sant Just, De [sic] Esplugues, de Cornellá y de Sant Feliu, que muy pronto gozará de más y mejor accesibilidad gracias al tranvía” (pág. 55). Se ve que le costaba elogiar a Bohigas, tres errores de picado en dos líneas.

Ante todo, coherencia

“Pero la cuestión más importante a tener en cuenta es si podemos depositar nuestra confianza en un partido que pone cargos tan relevantes como la alcaldía de Barcelona en manos de una persona que no ha sido legitimada por las urnas. Y yendo más lejos: ¿Qué garantía tenemos del compromiso de estas personas, de su palabra?” (pág 166). Macias se refería a Joan Clos tras suceder a Maragall a medio mandato. ¿Y si se cambia “alcaldía de Barcelona” por “Generalitat”?. ¿Le aplicaría el mismo rasero a Puigdemont? Igual por eso ha aceptado la oferta de Ada Colau, para no seguir al servicio de un partido, CDC, que ha ‘traicionado’ su visión sobre el “compromiso” de los políticos “no legitimados por las urnas”.

Las mejores ‘perlas’ de libro se las dedica a Francesc de Carreras, en una réplica a un artículo de este constitucionalista publicado a inicios del 2003 en el que defendía la necesidad de un relevo en la Generalitat y en el que apoyaba la candidatura de Pasqual Maragall: “A lo largo de su artículo, entiendo que al final, embriagado en su propio delirio, llega a afirmar el mayor de sus despropósitos, que si se compara la transformación sufrida por la Barcelona de Maragall y la transformación sufrida por la Cataluña de Pujol gana el primero por goleada”.

“Llegado a este punto, la comicidad de sus argumentos me deberían haber hecho reír, pero no fue así porque tengo la seria sospecha que usted lo cree de verdad, y esto no sería nada gracioso” (pág. 159). Ahora, desde la política municipal, Pere Macias podrá contribuir a la enésima transformación de Barcelona, y pasar del nacionalismo de barretina de su Olot natal a la izquierda alternativa de ‘Catalunya sí que es pot’, ‘En Comú Podem’, ‘Barcelona en Comú’ y ‘Podem Catalunya Comú amb Barcelona que pot’. Del tradicionalismo de La Garrotxa, histórica zona carlista, al 15-M. Todo un reto.