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Los estatutos de la antigua Federación del PSOE dejaban claro que la UGT era su opción única.

Cuando militar en la UGT catalana era sinónimo de “socialismo”

Los estatutos de la Federación Catalana del PSOE revelan un ‘alma’ de clase

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Hubo una época en la que los socialistas catalanes eran obligados a entrar en la Unión General de Trabajadores a la mínima ocasión que tuvieran la condición de asalariados. Eran los tiempos previos a que un destacado activista independentista como Camil Ros, que ha ocupado diversos cargos dirigentes en ERC, fuera el Secretario General de esta organización más preocupada en la actualidad por el nacionalismo que por el obrerismo. Actualmente la doble militancia es solo una recomendación en el PSC.

Los estatutos de la antigua Federación del PSOE, la que representaba a este partido en Cataluña antes de la unificación que dio lugar el 16 de julio de 1978 al actual PSC, dejaban claro que la UGT era su opción única (artículo 8º, apartado g): “La organización en la que deberán solicitar la afiliación será la de inspiración socialista: Unión General de Trabajadores de Catalunya”. Claro que en aquella época era de “inspiración socialista”. Ahora no se sabe si se podría decir lo mismo.

La solidaridad por bandera

Era cuando el sindicato que fundó el histórico líder socialista Pablo Iglesias estaba más preocupado por la lucha de clases que por el ‘derecho a decidir’. Porque hay que recordar que la UGT no se creó en Madrid, nació en Barcelona el 12 de agosto de 1888 durante la celebración de un congreso obrero. Los tiempos han cambiado y Josep Maria Álvarez ha transformado, ya se verá si para bien o para mal, la orientación ideológica de la UGT catalana durante sus 26 años de mandato.

Volviendo a la Federación del PSOE hay que recordar que aquella unificación se hizo con generosidad por todas las partes, que cedieron para conseguir la confluencia socialista en Cataluña. Tres fueron los partidos que se fusionaron; el PSC-R (Reagrupament), el PSC-C (Congrés) y la ya mencionada federación. Esta última tenía una personalidad más obrerista y una mayor presencia en el llamado ‘cinturón rojo’ que las otras dos formaciones, aspectos que se reflejaban en sus estatutos.

Por ejemplo, uno de los motivos para ser expulsado del partido era “hacer traición a la solidaridad obrera en las luchas contra el capital” (artículo 9º). La colaboración y cooperación entre militantes socialistas para avanzar en su programa era uno de sus principales ejes políticos, y uno de los derechos de cualquier militante era “recibir la solidaridad de la Organización en caso de persecución por sus actividades en defensa de los ideales del PSOE”. Solidaridad. Bonita palabra que dio carácter a la organización.

Un partido de ‘clase’

Y es que ya en su artículo 2º la Federación catalana del PSOE se definía como “un instrumento de la clase trabajadora para la consecución de su completa emancipación y la unidad de intereses fundamenta la unidad de la Federación y sus relaciones con otras organizaciones de clase”. Una vez más la confluencia de acción con otras formaciones como la Unión General de Trabajadores. Está claro que todavía faltaba mucho para el primer alejamiento entre ambas, en la época de Felipe González, que en Cataluña fue rematada con el giro ideológico que Josep Maria Álvarez le imprimió a la UGT catalana.

Por mucho que se acusó en aquella época a la Federación Catalana del PSOE de “jacobina” esta admitía la condición “nacional” de Cataluña, y no dudó en utilizar esta terminología para definir sus dos estructuras más importantes: el “Congreso Nacional” y el “Comité Nacional”, entonces máximo órgano entre congresos. También había una “Asamblea Nacional” que estaba constituida  por representantes de las Agrupaciones Locales.