Menú Buscar
Ana Botella no se privó de relatar en “Mis ocho años en La Moncloa” sus experiencias como primera dama.

Cuando Botella se quedó sin falda y Roca pudo ser ministro

Las ‘memorias’ de Ana Botella en La Moncloa, un pozo de anécdotas

5 min

En unos días se cumplirá el primer aniversario de las elecciones del 24 de mayo de 2015, que acabó con la larga etapa del PP al frente del Ayuntamiento de Madrid con la llegada de Manuela Carmena a la alcaldía. El nombramiento de la ex jueza significó el fin del mandato de Ana Botella, que era la primera edil desde el 27 de diciembre de 2011, cuando Alberto Ruiz-Gallardón cambió el bastón municipal por el Ministerio de Justicia.

Botella cerró así una etapa de doce años en el consistorio madrileño: entró en el 2003 como tercera teniente de alcalde y culminó su carrera municipal con el “relaxing cup of café con leche” de la fallida candidatura a los Juegos Olímpicos del 2020.  Pasó de ser la “mujer de” a una política con perfil propio. Aunque no se privó de relatar en “Mis ocho años en La Moncloa” (Plaza y Janés. 2004) sus experiencias como primera dama durante la presidencia de José María Aznar.

Por la raja de tu falda

Uno de los ‘momentazos’ de Boris Izaguirre en Crónicas Marcianas fue cuando recordó como a Ana Botella se le cayó la falda en un acto público. La imagen no pasó a la historia del erotismo gracias a la diligencia de sus acompañantes, pero la protagonista relata así el suceso acaecido durante un desfile de moda: “Al entrar en el edificio, estaban colocados los fotógrafos. (…). Notaba como si el forro de la falda no estuviera del todo estirado y en un acto reflejo, traté de colocarlo en su sitio”.

“No era el forro lo que no estaba en su sitio, sino que la prenda entera se estaba escurriendo y yo misma terminé de bajarla” (Pág 141-142). Botella se convirtió durante su etapa en La Moncloa como el alter ego de Ana García Obregón. Los posados veraniegos de ambas significaban para el común de los mortales que comenzaban las vacaciones de verano. Aunque en el caso de la entonces primera dama, lo hacía con pereza: “aquel era uno de los peores momentos de todo el año”  (Pág 52).

“Llegué a un acuerdo con la prensa para que tras el primer chapuzón no pidieran más ‘posados’”. Y el por qué queda claro: “Lo de aparecer en traje de baño, a partir de los veinticinco ¡debería estar prohibido!”. Es duro ser primera dama. Aunque más dura es la vida de los ex ministrables, como la de Miquel Roca, que “no aceptó el ofrecimiento” de la “cartera de Asuntos Exteriores” (pág 219). Botella negó posibles cambios en el Gobierno a un buen número de periodistas con las que comía en Moncloa mientras Aznar y el político nacionalista debatían esta cuestión en la planta de abajo.

Aznar, a punto de dimitir

Uno de los momentos más delicados de la presidencia de su marido, según nuestra protagonista, fue la invasión por parte de un destacamento marroquí del Islote de Perejil. Aznar estaba muy, pero muy preocupado por la reconquista: “Si la operación no culminaba según lo previsto, el presidente del Gobierno había decidido presentar su dimisión”. Tal y como lo cuenta Botella, parecía el Desembarco de Normandía: “Afortunadamente, tras unas horas angustiosas todo salió a la perfección. La operación se llevó a cabo exactamente como se había diseñado”.

A lo largo de 308 páginas de texto, y 64 de fotos a todo color, se descubren otros aspectos entrañables de la ex alcaldesa. Y es que Ana Botella comparte con El Corte Inglés un aspecto fundamental: “Para mí las Navidades empiezan el 30 de noviembre con el cumpleaños de mi hijo mayor José María. (…). Por lo tanto, en casa los adornos se colocan el día 30 de noviembre y se retiran el día 7. Es decir, nuestro calendario navideño coincide con las luces de las calles y con los grandes almacenes” (pág 67-68). Seguro que desde el cielo Milton Friedman y Adam Smith sonríen al ver esta unión de cristianismo y vis comercial.