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Batir dos marcas

Ignacio Vidal-Folch
2 min

La Diada de la Marmota se repite hoy con ilusión colectiva pero también entre temores de declive, auspiciados por un dato previo revelador: la pérdida del liderato en la audiencia de la TV3%, superada por Antena 3 y por Tele 5.

Es cierto que este último bajón ha coincidido con el breve lapso en que la temporada futbolera queda suspendida y el Barça no puede renovar sus victorias, pero aún así la caída de audiencia de la tele de "la ceba" hay que considerarla una veleidad alarmante. Es la deslealtad del zapping, la traición del mando a distancia.

Ni encuestas, ni sondeos, ni apuestas, ni conteo de asistentes a las manifestaciones nacis son fiables. El criterio estadístico más riguroso es el mando a distancia.

La caída de audiencia de la tele de "la ceba" hay que considerarla una veleidad alarmante. Es la deslealtad del zapping, la traición del mando a distancia

A la televisión de "la ceba" la masa empieza a preferir otras cadenas de matriz castellana y boina de diseño: a Toni Albà, la piara de Jorge Javier; a Toni Soler, los chonis de Gran Hermano; a Toni Cretí, la caspa tradicional española.

Síntoma inquietante, porque se empieza por cambiar de canal y se acaba cambiando de imaginario colectivo. Y entonces el imaginario anterior, con sus cocomochos, colaus y astuts, puede empezar a parecerle extraño y ridículo. Y el share sigue cayendo.

Ahora bien, teniendo en cuenta que en nuestra vida política todo es representación, todo es espectáculo, y que el show debe continuar, ojalá muchísimos prusesistas participen en las manifestaciones de hoy; y luego, esta misma noche, de vuelta en casa, puedan verse en TV3%.

Así contribuirán a batir a la vez un récord de asistencia y otro de audiencia.

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¿Quién es... Ignacio Vidal-Folch?
Ignacio Vidal-Folch

Por desgracia nací huérfano, ya que mis padres fueron aplastados por un aerolito un par de años antes de que yo naciese. Esta tragedia me obligó a formarme como autodidacta. De joven lavé platos en el Soho, fuí maquinista en un ballenero, croupier en un casino, músico callejero en la estación Sebastopol del metro de París, y dí tres veces la vuelta al mundo como inspector de hoteles para la cadena Savoy. Enriquecido por tantas experiencias volví a Barcelona, donde he publicado varias novelas y libros de relatos y colaboro con el diario El País y las revistas Tiempo, Jot Down y otras.