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Carles Puigdemont, presidente del Consell per la República / CXREP

Un balón de oxígeno político para Puigdemont

El fugado recupera su minuto de gloria en vísperas del cuarto aniversario del 1-O, pone a Aragonès a su servicio y moviliza de nuevo a sus fieles

3 min

Quizá por inesperada, la detención de Carles Puigdemont ha disparado todo tipo de especulaciones. Inesperada y oportuna para los intereses partidistas del fugado, que hasta el jueves vivía sus horas más bajas desde el punto de vista político.

El fugado ha recuperado una cuota mediática de la que no disfrutaba desde hace meses. En parte por voluntad propia, porque en plena negociación entre ERC y Junts per Catalunya (JxCat), se inhibió y adoptó una postura institucional. Se quejan en su partido de que Puigdemont nunca está cuando se le necesita. Y las pugnas internas han necesitado en varias ocasiones de ese árbitro, cuya imagen se había visto seriamente dañada por sus coqueteos con Rusia.

Diálogo y presupuestos

Pero el de Waterloo vuelve a ocupar portadas, ha movilizado de nuevo a sus fieles y, sobre todo, ha puesto a Pere Aragonès a su servicio en pleno diálogo entre Gobierno y Generalitat, y mientras se negocian los presupuestos generales del Estado.

Mucho se debatió durante las negociaciones para la investidura del republicano sobre el papel que debía tener el Consejo para la República, liderado por Puigdemont, en la acción de gobierno. Tras varios meses de tira y afloja, Aragonès logró reducir ese rol a la mínima expresión, temeroso de las injerencias del fugado desde Waterloo.

Pero el arresto del “presidente en la sombra” ha obligado a ERC a hacer piña entorno a su rival y poner todo el engranaje gubernamental al servicio de su causa. Aragonès, que buscaba su propio camino sin ataduras, vuelva junto al vicepresidente Jordi Puigneró –el hombre fuerte de JxCat en el Govern—a Cerdeña para seguir de cerca las novedades de la detención y posterior puesta en libertad del fugado.

Golpe de efecto

Dicho de otra manera, Puigdemont necesitaba de un golpe de efecto para insuflar esperanza a sus simpatizantes --y de paso captar adeptos para un Consejo para la República con problemas financieros--, donde el desánimo por el descarte de la independencia unilateral había calado hondo.

No es que ayer, ante el Consulado de Italia, tuviera lugar una concentración masiva de independentistas nostálgicos de la declaración unilateral de independencia (DUI), pero este desafío estuvo muy presente y sirvió de ensayo para la manifestación que tendrá lugar el domingo para pedir la libertad definitiva del de Waterloo y de los dirigentes que siguen fugados.