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Artur Mas, en el Consejo Nacional de Convergència.

Artur Mas pilota el viaje a ninguna parte de CDC

El ex presidente lleva las riendas de una refundación hecha a medida que enfrenta a los aspirantes a la secretaría general y provoca contradicciones ideológicas

María Jesús Cañizares
3 min

Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) se ha apuntado a la moda de la democracia interna, es decir, de dejar en manos de la militancia las decisiones importantes. Serán las bases del partido, según ha acordado la ejecutiva convergente, las que decidirán si el futuro pasa por la renovación o la creación de un nuevo partido.

"¿Alguien conoce la diferencia entre una cosa y otra?", se pregunta un diputado de Junts pel Sí, algo escéptico respecto a la estrategia de CDC. Una estrategia que, según han admitido a Crónica Global fuentes de la dirección del partido, pilota directamente Artur Mas de cara al congreso que se celebrarán los días 3, 4 y 5 de junio.

Sombra alargada

La sombra del ex presidente catalán sigue siendo alargada, por lo que la nueva Convergència está atada y bien atada en la mente de su líder. Dicho de otra manera, la propuesta que votará la militancia estará hecha a la medida de un núcleo duro, el de Mas, que, paradójicamente es el máximo responsable del hundimiento electoral de CDC.

Que "el proyecto está en la cabeza del president", frase muy habitual en los momentos decisivos de CDC, es algo que nadie cuestiona en el partido. Pero sí hay desconcierto respecto a la transversalidad del mismo, así como ruido de sables entre los candidatos a la secretaría general.

Eje político, eje nacional

El futuro partido de Mas plantea un eje político que aglutine a liberales, socialdemócratas y democristianos, así como un eje nacional que reúna a los independentistas y quienes votaron 'no' a la segunda pregunta formulada en la consulta del 9 de noviembre --aquellos que dijeron 'sí' a un Estado catalán pero dentro de España--. Todo ello configura un batiburrillo ideológico que pretende ocupar la centralidad situada entre ERC y la CUP, por un lado, y los partidos "unionistas", por otro. Algo muy difícil de "vender" en unas elecciones.

Respecto a los candidatos a controlar el día a día del partido, la lucha comienza a ser fratricida, debido en parte al mutismo del ex president. Germà Gordó, Jordi Turull, Miquel Buch y Carles Campuzano están bien posicionados, aunque algunos se postulan más que otros para protagonizar ese viaje a ninguna parte pues, como dice la frase lampedusiana, en CDC todo cambiará para que todo siga igual.