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Oriol Junqueras (izquierda) y Marta Rovira (derecha) saludan al nuevo presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont

Amarga victoria para ERC

Junqueras será el número dos del Ejecutivo, pero un sector del partido teme ser fagocitado por CDC

Cristina Farrés / María Jesús Cañizares
2 min

La investidura de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat, pactada entre Junts pel Sí y la CUP, ha dejado un sabor agridulce dentro de ERC. El mutismo de Oriol Junqueras durante el pleno celebrado ayer ha sido elocuente. Ni intervino, porque la portavocía de Junts pel Sí fue ejercida por Convergència, ni se prodigó demasiado en los corrillos parlamentarios.

Aparentemente, Junqueras, sale reforzado como número dos del futuro Gobierno. Y tras el pase de Artur Mas a la reserva, el liderazgo moral del proceso secesionista debería recaer en Junqueras.

Si se confirma que el dirigente republicano asume la vicepresidencia y plenos poderes económicos, Esquerra lograría hacer bandera de papel de cortafuegos en materia de corrupción, prometiendo una limpieza en áreas de la Generalitat bajo sospecha. Asumir el control de la obra pública –que estaría bajo el paraguas de ERC- ejemplificaría esa posición.

Coste electoral

Sin embargo, a medio o largo plazo –la imprevisible CUP tendrá que demostrar su compromiso de dar estabilidad al Ejecutivo de Puigdemont- el coste electoral puede ser alto. Un sector republicano, el más socialdemócrata, teme ser fagocitado por CDC cuando el ciclo electoral era muy favorable a esta formación. Creen que Artur Mas ha neutralizado a Junqueras, mientras que él se dedica a refundar Convergència. De hecho, el expresidente catalán ha comenzado a asumir ya un papel de interlocutor con PP y PSOE, como evidenció en su discurso ante el Consejo Nacional de CDC. Eso es algo que no ha gustado a determinados dirigentes republicanos.

Por el contrario, quienes forman parte del núcleo duro de Junqueras advierten de que ERC también tiene un techo electoral y que, históricamente, ha crecido a la sombra de las mayorías absolutas en el Gobierno español. Y la situación en el escenario político nacional ha cambiado mucho.

También son conscientes de que la celebración de nuevas elecciones en marzo suponía un gran riesgo debido al empuje de Podemos, lo que hubiera abocado al partido a decidir entre dar apoyo a un referéndum pactado, tal como promete la izquierda radical, o mantenerse en una posición de unilateralidad.