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Alexander Dmitrenko, entrevistado en Crónica Global  / LENA PRIETO

Alexander Dmitrenko: "Quiero entrar en política en Cataluña"

El empresario, que fue 'cicerone' de Josep Lluís Alay en Rusia, enfría la teoría de la injerencia en Cataluña: "No tenían a nadie en ese país, solo a mí"

20 min

Es empresario. Joven, en la treintena. Ruso de nacimiento, aunque domina varias lenguas, incluido el castellano y el catalán. Fundó una suerte de cámara de comercio catalano-rusa, y también fue representante con credencial de la Cámara de Barcelona en la potencia euroasiática. Todo ello, en pleno procés independentista. El abogado Gonzalo Boye lo quería "potenciar". Pero Alexander Dmitrenko saltó a la fama, o al menos a los titulares de prensa, cuando trascendió que se había acercado a Josep Lluís Alay, director de la oficina de Carles Puigdemont, expresidente catalán fugado. 

A partir de aquel lance, otros muchos. Un intento de compra de gas en Barcelona que el juez investiga si sirvió para financiar el procés. Una supuesta conexión del independentismo con Rusia que ha copado titulares y ha llegado a las instituciones comunitarias. Una presunta trama de espías rusos vinculados con el fallido intento de secesión catalana de 2017. Una denuncia de complot del Reino de España para negarle la nacionalidad. ¿Quién es Alexander Dmitrenko?

-Pregunta. ¿Quién es Alexander Dmitrenko?

-Respuesta. Un empresario. Creo que tengo derecho a llamarme así. Por montar startups, por participar del microcosmos empresarial. He fracasado y he tenido éxitos. He tenido broncas, y también celebraciones. Y luego me propuse vincular dos mundos: rusoparlantes y catalanoparlantes. Por el hecho de que hablo estos idiomas bastante bien. Cabe recordar que crecí aquí, donde pasé la infancia y la adolescencia. El inglés ya lo tengo de partida. 

Alexander Dmitrenko comenta su visión para Crónica Global  / LENA PRIETO
Alexander Dmitrenko comenta su visión para Crónica Global / LENA PRIETO

-Usted montó una patronal. 

-Monté CatRus con mi exsocio. Tenía voluntad social, política, internacional. Ahí empezó la faceta activista de mi vida. Valoré mucho más el activismo social. Tenía muchos contactos, y la respuesta, el feedback, fue muy positivo. Me trajo cosas positivas. Ahí empecé el activismo, que valoro positivamente. No soy tan buen actor para ser político (ríe), pero... Después, alguna gente me introdujo en gente de la política, conocí a gente. 

-¿Qué ideología tiene usted?

-Soy centrista. Soy de los pocos rusos partidarios de que mi país entre en la Unión Europea, poca gente lo dice allí. Ese liberalismo no gusta a mucha gente. Siempre me consideré ciudadano del mundo, no el periódico (ríe). (Sigue) Tengo una empresa de compraventa de yates, no es alquiler, es algo especial. Da acceso a un mundo desconocido que está muy bien. Imagine tomar champán en un yate de 50 metros de eslora. Eso cuesta mucho trabajo. Trabajo mucho, mucho. 

-Se define como empresario. ¿Cómo entra en contacto con la Cámara de Barcelona y qué relación tiene con ella?

-En off the record he citado el nombre de una persona catalana que vivió en Rusia. Es periodista, escribió incluso un libro. Él me introdujo en la Cámara. Él tiene más contacto con Catar y él me propuso llevar Rusia. Esa era la intención de CatRus: competir con Acció, con la Cámara de Comercio. Era una pseudocámara. Era una cámara inventada por nosotros que cubría carencias que tenía la Cámara como tal. 

-¿Cuáles?

-Corporativismo, burocracia... Una cámara tiene que ser ágil, dar contactos, ayudar. Si vas a Moscú o San Petersburgo y dices soy de la Cámara de Comercio de Barcelona, nadie dice, ah, vale. En cambio, yo quería un sello de confianza, algo que ayudara a hacer negocios, que impactara. Que tuviera efecto, vamos. Es lo que hago ahora en la Cámara: creo el sello de confianza, intercambio programas, dirijo uno de landing (aterrizaje) de bienvenida de 360 grados a los empresarios rusos que quieren invertir aquí. Tengo un equipo de 16 personas en total. 

-¿Sintió que el independentismo catalán utilizó su papel en la Cámara de Comercio para ganar simpatías en Rusia?

-No sé si lo vieron, pero he montado una página web contra la rusofobia (esta). Creo que debo hacerlo. Lo sufrí toda la vida. Si eres una chica rusa joven, hay gente que piensa una cosa. Si eres un empresario ruso joven, con ambición, la gente piensa otra. ¿Os fijáis que si viene alguien mal vestido a limpiarte el cristal del coche, sospechas de su nacionalidad inmediatamente? Eso es xenofobia. Y en mi caso, que se me ha vinculado con los proindependencia, esa xenofobia se multiplica. ¿Por qué no se habla de la persona que llevó a Josep Alay a Estados Unidos? ¿Por qué solo con Rusia?

-¿Por qué cree usted?

-Por desconocimiento. Por 100 años de desconexión, de falta de vínculo moral con la sociedad rusa. Hay una desconexión que alimenta los prejuicios. Y son malos. 

-¿Qué fue la trama rusa en Cataluña? Explíquelo. 

-Lo único que hice fue llevar a Alay a Rusia dos veces. ¿Por qué? Por mi agenda. Yo tenía mi propia agenda. Imagínese: a alguien que quiere hacer negocios, en cualquier país, le va bien conocer las altas esferas gubernamentales. Eso es universal. Y por cómo es el señor Alay. 

-¿Cómo es Josep Alay?

-Es un ponente excelente. Recuerdo en una ponencia, que habló de la influencia judía en Cataluña. Usaba mapas, referencias a Rusia, que yo, que también estaba en el panel, utilizaba también. El señor Alay ha escrito un libro sobre Rusia. Había un nivel. 

-Pero el señor Alay tenía su agenda. 

-Seguro. Pero no me inspiraba la sensación de que iba a hacer algo malo. Es una persona con excelentes modales.

-El señor Alay buscaba apoyo ruso al procés

-Y yo quería crecer en Cataluña. Mi agenda era empresarial. Me encierran en un círculo, el independentista, cuando mi vida es mucho más. Yo vivo en Barcelona y conozco gente de todo tipo, también independentista. Obama decía que si ves CNN, ves el mundo de una manera, y que si ves Fox, de otra. El 1 de octubre de 2017 vi las furgonetas de policía pasar, y los incidentes. 

-¿Es usted independentista?

-Soy extranjero, no me toca opinar. Pero en sentido amplio soy demócrata. Por mí, que voten y lo solucionen. Si gana el , pues sí. Y lo mismo con el no. Y por eso, la gente me dice que soy independentista. Y yo he estado en la plaza Roja de Moscú tomando cerveza con gente de Ciudadanos. Me he hecho fotos con gente monárquica, con la bandera de España. ¡Y yo encantado! Tengo polivalencia para la política. 

-Nos detenemos en Alay porque es director de la oficina del expresidente catalán prófugo, Carles Puigdemont. Y porque está imputado en un procedimiento judicial [el 'caso Voloh']. ¿Qué le pidió el señor Alay en Rusia? ¿Cómo de arriba llegó?

-Somos conocidos. Y nos necesitamos en un momento dado. Yo le dije que necesitaba alguien que estuviera realmente conectado en Cataluña. Necesitaba un conocedor del ambiente del país. Y él empezó a ir a Moscú para hablar con un periodista para conseguir una entrevista para Puigdemont. Luego, le monté reuniones con el sector educativo, social y otros. Hice más de intérprete que de otra cosa. 

-Las agendas de Josep Alay y Alexander Dmitrenko en Rusia, ¿coincidían?

-Solo en las recepciones institucionales. 

-Explique la operación de compraventa de gas en el Puerto de Barcelona, también investigada por financiar el procés

-Es que es fantástico. Si yo mañana cierro un negocio, ya resulta que estoy con [Vladimir] Putin. Todo empezó porque yo soy una referencia en un campo, y me contactan por según qué cosas. No sé si conocen, pero el 76% del PIB catalán está vinculado a energía (gas) rusa. Hablamos de Lukoil y su joint venture con Meroil en el Puerto de Barcelona, pero también otras. De ahí conozco empresarios muy potentes que traen petróleo y gas a Cataluña. 

-¿Hizo de intermediario?

-Yo puse a gente en contacto. Di teléfonos entre dos brókers. La operación era entre Rusia, Cataluña y Hong Kong. Yo solo conecté personas que querían traer gas por mis contactos. No tenía nada que ver con la independencia. Además, no salió bien. 

-¿La operación para comprar gas fracasó?

-Fue un desastre. Una parte no era capaz de negociar con la otra. Los chinos no son de fiar: no presentaron ningún documento de aduanas, de transporte. Te tenías que buscar la vida. No puedes traer un barco lleno de gas desde China porque alguien lo quiere comprar. Yo solo hice un memorandum of understanding (MOU, memorando de entendimiento). Decía que las dos partes son capaces de llevar a cabo la operación. Cuando los pagos no se hacían, el abogado dijo Pues bien, no son capaces de llevar a cabo la operación, y esto es un incumplimiento. La operación no se hizo. 

-Usted se define como intermediario, o 'dinamizador económico', como se definió alguien antes. El caso Voloh, o las acusaciones de espía, ¿han afectado su capacidad de conectar personas?

-Me ha hecho perder algo muy valioso: tiempo. Y lo de espía no sé de dónde viene. Mi intermediación con el señor Alay... Pues sí, nos llamábamos cada día, porque él estaba traduciendo su libro. E intercambiábamos impresiones. ¿Estaba interesado en Rusia? Hablábamos del procés, sí, pero de más cosas. De la operación que han citado. 

-Del gas. Esa que usted dice que no salió. 

-Es que enviaron el dinero un mes y medio más tarde. En el mundo del petróleo hay plazos de producción y entrega. El gas es un subproducto del petróleo, está muy vinculado con la producción. Si no hay demanda y tienes cuota, la pierdes. Teníamos un plazo de 10 días para transferir 300.000 dólares y no se hizo. Yo era el intermediario, y me involucré, pero era como un partido de tenis. No salía. No se pagaba. Me llamaban gritando de Rusia. Y yo llamaba a Hong Kong, y enviaban pagarés de un banco español. ¡Pagarés! No estábamos en España, eso no servía. Fue un desastre y me afectó, porque estaba involucrado emocionalmente. 

Alexander Dmitrenko, empresario, durante la entrevista en las instalaciones de Crónica Global  / LENA PRIETO
Alexander Dmitrenko durante la entrevista en Crónica Global / LENA PRIETO

-¿Son amigos aún con Alay?

-Desafortunadamente, no. Quizá por recomendación de su abogado. Creo que pudo ser por razones políticas. Se distanció. 

-¿Cómo ve el caso Voloh?

-La investigación está en marcha, pero yo no estoy ni acusado, ni citado, tampoco como testigo. No salgo en ninguna parte. Yo tengo un contencioso-administrativo con la denegación de concesión de mi nacionalidad española [denuncia que se la deniegan por acusarle de espía]. El juez lo ha parado hasta finalizar la investigación [del juzgado de Instrucción número 1, que instruye el caso Voloh]. 

-¿Qué planes de futuro tiene?

-¿Mi plan? Que paren la investigación y me concedan la nacionalidad. Ese es mi plan, el futuro perfecto. Para aquella gente que dice: Te vas a fugar. Pues no. Me encanta Barcelona, vivo aquí, me apasiona esta ciudad. Mi sueño es vivir aquí, como ahora. 

-Para dejarlo claro. No da crédito a las pesquisas de la Guardia Civil o del juez del caso Voloh

-Hacen muy bien su trabajo investigando. Pero una investigación es una cosa larga. Si me acusan de algo, espero que se me cite para ser escuchado. Para ser acusado, te tienen que escuchar. Y qué mejor fórmula de escuchar y ver a alguien que por medio de la prensa (ríe). Alguien pensará que soy un empresario oscuro. Pues bien, soy público. Me explico. Que me escuchen. 

-Responda. 

-Respeto la investigación, que conducen muy bien, pero jamás cometí un delito. No tengo ni antecedentes. Soy una persona trabajadora, formada en mi ámbito. Seguro que conducen muy bien la investigación, pero no soy culpable de nada. 

-¿Ha leído los whatsapp publicados?

-Jamás me llegaron, les llegaron a ustedes (la prensa). Yo sé mi agenda, no la de los demás. No leo whatsapp ajenos. Y si yo conozco a alguien, es porque tengo mi agenda. Si luego resulta que ha cometido un delito, ¿soy yo el responsable?

-¿Qué relación tuvo con Carles Puigdemont, expresidente catalán fugado?

-Me lo presentaron en Suiza. Yo estaba en el país por dos temas: petróleo y un fondo de inversión. Él estaba allí por política. Habíamos hablado tanto con el señor Alay que al final Alay dijo: tienes que conocerlo. Y me lo presentó. Pero fíjese que me gusta conocer a todo el mundo. Al Rey de España, también. Para mí fue un motivo de orgullo, como conocer a cualquier persona influyente. Él estaba en un foro político, y tenía su agenda. Y yo la mía. Pues muy bien. 

-Sin embargo, el abogado del señor Puigdemont, Gonzalo Boye, transmite en las escuchas del caso Voloh que hay que potenciarle a usted, que es una persona muy importante. ¿Por qué diría Boye algo semejante?

-Porque no tenían a nadie más en Rusia en quien confiar. Porque yo fui su referencia. No tenían a nadie más. Y mi relación con Rusia es fuerte. No huyo de mi origen. Respeto a mi familia, a mis antepasados. Tengo una relación fuerte con Rusia, con personas influyentes. No lo puedo negar: es así. Me encontraron a mí como referencia, y les motivó a hablar bien de mí, supongo. El señor Alay me presentó a un periodista que antes era su contacto en Rusia. Pero un periodista no es un dinamizador económico (ríe). Pasaba un filtro político. Y yo tenía otro perfil. Por eso tanto ímpetu en decir que era una persona de contacto relevante. Pero acuérdese que yo tengo mi agenda, que son mi familia y mis empresas. Y ahora, el activismo. 

-¿Cómo piensa plasmar ese activismo?

-Me encantaría montar una conferencia sobre las relaciones entre Rusia y la Unión Europea. Pero no lo puedo hacer, por ahora, hasta que termine la investigación 

-¿Qué hará pues?

-Uno de mis sueños es entrar en el campo político en Cataluña. Me gustaría entrar en la política. Es algo que me apasiona. 

-¿Siendo político dónde?

-En Cataluña. Me presentaría a presidente, si hace falta. Hablo catalán mejor que el expresidente José Montilla. Me siento de aquí, y me gustaría hacer cosas. Por el momento, ya tengo mi página web.