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Manifestantes independentistas en las vías de la Estación del AVE de Girona / EFE

La protesta se cebó con el transporte

El AVE a Francia, el tráfico rodado y, en menor medida, Cercanías, 'pagaron' con 150.000 afectados una huelga que apenas existió

Ignasi Jorro / Cristina Farrés
09.11.2017 00:00 h.
6 min

La protesta de ayer, miércoles, 8 de noviembre, en Cataluña se cebó con el transporte. La huelga convocada por el sindicato minoritario Intersindical-CSC no se notó en casi ningún sector productivo salvo en el citado, donde dejó 150.000 afectados.

Y, en este caso, fue por los persistentes cortes de carreteras y vías de grupos reducidos de manifestantes.

Según informó Renfe, los servicios mínimos (33%) de las redes de Cercanías y Regionales se cubrieron con normalidad todo el día salvo en los casos de bloqueos de vías y sabotajes. Esto se produjo en Ulldecona (Tarragona) y Sant Vicenç de Castellet, Montcada i Reixac, Montcada-Bifurcació y Mataró (Barcelona) por la mañana.

Por la tarde, un corte de vías estudiantil en la Estación de Barcelona-Sants dejó retrasos en las líneas R1, R3 y R4.

Además, Adif detectó la presencia de obstáculos en la vía en la línea R3, que une L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona) con Puigcerdà (Girona) y en Tarragona.

El AVE paga el pato

Aún peor fue la jornada en la alta velocidad. La línea de AVE entre Barcelona y Francia estuvo interrumpida desde las 8.12 horas de la mañana por un corte masivo en la estación de Girona. La acción se prolongó todo el día, obligando a cancelar todos los enlaces en ambos sentidos.

Por la tarde, una manifestación de estudiantes se coló en Sants e interrumpió la llegada y salida de convoyes, ampliando el cierre de la línea Madrid-Zaragoza-Barcelona-Frontera francesa a la estación Camp de Tarragona. Adif reaccionó con el cierre del hub ferroviario.

En total, Renfe Operadora calcula que 150.000 pasajeros de la red de AVE y Cercanías se vieron afectados por las acciones de los piquetes.

FGC, cortes puntuales

Por su parte, Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña (FGC) consiguió operar con normalidad buena parte del día tras cortes intermitentes de las vías.

Los servicios mínimos (50% en horas punta y 25% el resto de horas) de FGC se interrumpieron por la mañana en la línea Barcelona-Vallès por la presencia de manifestantes en las vías de Sant Cugat del Vallès.

La red de la operadora que comanda Enric Ticó recuperó la normalidad poco después de las once de la mañana y ya no la dejó en todo el día.

Metro de Barcelona ‘pasa’ de la huelga

El suburbano de Barcelona fue el servicio en el que la afectación fue menor. El 90% de la plantilla acudió a su lugar de trabajo en la hora convenida, con la consiguiente afectación en la circulación de metros. La línea que acumuló más retrasos fue la L4, donde sí que varios conductores decidieron ejercer su derecho de huelga y provocaron que sólo circularan entre el 57% y el 60% de los convoyes habituales. Cifras que implican superar por mucho los servicios mínimos decretados por Interior.

Para comprender esta baja afectación se debe tener en cuenta que la plantilla de Metro sale de un conflicto laboral para renovar el convenio que ha desgastado. “Fue un proceso largo y complicado”, indicaron fuentes del comité de empresa, en el que CGT tiene mayoría. La falta de acuerdo incluso entre la parte laboral provocó tensiones en las secciones sindicales, que se vieron obligadas a renovar los interlocutores en varias ocasiones para arañar mejoras por parte del ayuntamiento de la capital catalana.

Conflicto laboral de más de un año

El conflicto se prolongó durante más de un año e implicó un calendario de paros muy contundente. Los trabajadores indican que frenar de nuevo el servicio es complejo, ya que también se vivieron momentos de tensión con los usuarios que por ahora no se quieren repetir. Además de los efectos económicos en el acumulado anual.

También pesó que el sindicato convocante ni siquiera esté representado en un comité atomizado. Tampoco CGT apoyó lo medida, como sí hizo el 3-O, y dio libertad a sus afiliados para que se unieran a las movilizaciones que creyeran convenientes. Al final, la propia plantilla de Metro reconoce que los que optaron por no ir a trabajar lo hicieron por una cuestión ideológica que ni siquiera fue mayoritaria en el sector independentista de la empresa de transporte público.