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El candidato del PSC a la presidencia de la Generalitat, Miquel Iceta, baila acompañado del expresidente del alcalde de Cornellà de Llobregat (Barcelona), Antoni Balmón, en el mitin final del partido / EFE

Una campaña electoral vista para sentencia

Los catalanes votan un cambio de rumbo o revalidar un gobierno independentista en unas elecciones donde las mayorías pueden depender de un solo escaño

7 min

Cambio de rumbo versus revalidar un gobierno independentista. Esa es la batalla que se libra mañana en las urnas tras una campaña electoral donde la carga emotiva ha dejado en segundo plano el debate de los contenidos programáticos. Los resultados, dicen las encuestas, están muy abiertos y las mayorías pueden depender de un solo escaño. De ahí las llamadas a la participación, que se prevé muy alta.

Mientras los independentistas han enfocado el 21D como una segunda vuelta del referéndum del 1-O, los partidos constitucionalistas consideran que estas elecciones nada tienen de plebiscitarias o de constituyentes, pero sí reconocen su excepcionalidad y su repercusión en la política española.

Desafío secesionista

Resultado de la aplicación del artículo 155 de la Constitución ante el desafío independentista, las elecciones de mañana se celebrarán con candidatos en la cárcel o fuera del país. Y como no podía ser de otra manera, las formaciones secesionistas no han perdido la oportunidad de aprovechar ese componente sentimental. Así, mientras Junts per Catalunya tiraba de videconferencia para explotar la imagen del “exiliado” Carles Puigdemont, ERC invocaba las cartas carcelarias de Oriol Junqueras.

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Carles Puigdemont, desde Bruselas, en el mitin final de campaña

El único culpable de esa situación, han reiterado en debates televisivos y actos de campaña, es el “Estado opresor”, cuyas medidas “contra Cataluña” han sido apoyadas por PP, Ciudadanos y PSC. Hasta aquí, los lugares comunes de JxCat, ERC y CUP. Porque a pesar de ese aparente cierre de filas, la campaña ha evidenciado la guerra existente entre una candidatura republicana, que parte como ganadora en los sondeos de intención de voto y quiere gobernar, y la que encabeza Puigdemont, que exige restituido como presidente legítimo. "El dia 21 nos jugamos el país y el voto a Junts per Catalunya es el voto útil de país”, dijo el expresident en el mitin final de campaña.

Los antisistema, siempre por delante, se presentan como los únicos garantes de la unilateralidad abandonada por sus antiguos socios, sea por imposición judicial, sea por un recobrado pragmatismo inconfesable.

Rajoy se la juega

Tampoco en el frente constitucionalista existe cohesión. Nunca la hubo y tampoco hubiera sido conveniente entrar en el juego plebiscitario de los secesionistas. La política española también ha condicionado los intereses de los partidos no independentistas. Mientras PP y Ciudadanos han sacado pecho del artículo 155 –ambos se dirigen a un mismo electorado--, el PSC ha marcado distancias mediante una propuesta transversal donde no se reniega del apoyo a esa medida constitucional, pero que piensa en clave de pactos. “Ni inmovilismo ni independentismo. Reconciliación”, es el mensaje que ha reiterado Miquel Iceta durante una campaña en la que sus asesores le prohibieron bailar. Pero lo hizo en el acto final celebrado en Cornellà de Llobregat (Barcelona).

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Mariano Rajoy, en el mitin final de campaña del PP / CG

El mensaje de Iceta ha hecho fortuna en la candidatura de la formación naranja, cuya candidata, Inés Arrimadas, también habla de seny y de recoser las heridas. "El 21D hay que salir a votar en masa para despertar de la pesadilla del procés y trabajar por una Cataluña de todos", dijo la cabeza de lista en un mitin final, en el que estuvo arropada por Albert Rivera.

Arrimadas habla de reformismo, para distanciarse a su vez de un PP en caída libre, según los sondeos, pese al desembarco de dirigentes nacionales.  La presencia constante de Mariano Rajoy en la campaña, frecuentada también por Soraya Sáenz de Santamaría o María Dolores de Cospedal, entre otros ministros del Gobierno español, ha ofrecido la imagen de un PP totalmente desacomplejada a la hora de defender la unidad de España y la ley. Rajoy se la juega y lo sabe, pues una nueva mayoría independentista precipitaría su final político.

El papel errático de los comunes

A diferencia del PP, Catalunya en Comú-Podem no ha contado demasiado con sus referentes nacionales. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, casi pasa de largo, a diferencia de 2015, cuando se instaló en Cataluña para participar en los mítines de CSQP, el embrión de la nueva confluencia de izquierdas que ahora encabeza Xavier Domènech.

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El equipo de Inés Arrimadas, en el acto final de campaña de Ciudadanos

La equidistancia que han intentado mantener los comunes –ni DUI ni 155— se ha vuelto resbaladiza tanto para Iglesias, que había mantenido contactos con ERC gracias a la cena que le organizó en el empresario Jaume Roures, como para Ada Colau. La alcaldesa de Barcelona apenas ha asistido a los mítines de Domènech, dicen que para no desgastarse si los resultados no son buenos. Pero también para evitar caer en contradicciones, pues tras romper con el PSC en el ayuntamiento por su apoyo al 155, los comunes podrían verse ahora en la tesitura de tener que votar –o cuando menos abstenerse-- a favor de la investidura de Iceta, único candidato del bloque constitucionalista que se salva del cordón sanitario de los comunes.