Menú Buscar

Xammar, la tarjeta de visita de Quim Torra

Joaquín Romero
7 min

Quim Torra llegó a la presidencia de la Generalitat siendo un desconocido, y sigue siéndolo, más allá de que protagonice muchos titulares de prensa. Él es muy consciente de ello y por eso inició ayer su conferencia en Madrid presentándose.

En su tarjeta de visita figura un trabajo como abogado de una multinacional de seguros, que prescindió de sus servicios en un ajuste laboral, y una vocación como editor/divulgador de la obra de periodistas catalanes a los que compara con Julio Gamba y Manuel Chaves Nogales. Concretamente, de Eugeni Xammar, un hombre que fue corresponsal en varios países europeos --en Alemania entre 1922 y 1936-- para distintos medios catalanes.

Xammar murió en el olvido en Cataluña en 1973, pero el nacionalismo ha querido hacer de él una figura emblemática como profesional de un periodismo ejemplar. A ojos de cualquier analista, la obra de aquel intelectual es precisamente el paradigma de lo que un periodista nunca debe hacer: ponerse al servicio de unas ideas políticas más que a los hechos y a los lectores. Desde ese punto de vista, Torra eligió bien al personaje porque lo define muy bien a él mismo.

El huevo de la serpiente, editado por Quaderns Crema y El Acantilado, recoge crónicas del corresponsal desde Berlín entre 1922 y 1924, unas piezas que demuestran una formación intelectual sólida y una capacidad de observación brillante. Un potencial que, junto a su dominio de varias lenguas --tras la guerra española se ganó la vida como traductor e intérprete--, entregó a la causa nacionalista con un entusiasmo rayano en la ingenuidad y que visto por un lector de nuestros días no es precisamente digno de elogio. Xammar informa e interpreta para su diarios lo que sucede en un cóctel incesante en el que el único ingrediente que nunca falta son unas gotas de antiespañolismo, aunque no vengan a cuento.

El primer párrafo de un artículo que envía a La Veu de Catalunya desde la cuenca del Ruhr, ocupada en ese momento por Francia para obligar a Alemania a que pague las compensaciones previstas en Versalles tras la primera guerra mundial, es muy representativo del estilo de Xammar.

Decidme cómo van los ferrocarriles y os diré si en un país hay paz o guerra. Paz quiere decir regularidad y precisión en las comunicaciones. Guerra quiere decir inseguridad y confusión. (Existe, por supuesto, la excepción de España, donde los ferrocarriles van mal en tiempos de paz. Pero es que España no es exactamente aquello a lo que nosotros queremos llamar ‘país’”).

Unas páginas antes, el cronista explica la conferencia de un antiguo alumno de la Escola Elemental de Treball de Barcelona, Francesc Joanxich. Interviene el joven en el centro Hispania de Berlín. Quizá para compensar el nombre del escenario, muy poco equívoco y aún menos grato para él, se ve en la necesidad de echar basura sobre Hispania. “Exportada, la vacuidad de la verborrea castellana parece todavía más vacua y llega a inspirar verdadera lástima. Pero Joanxich es un catalán de la nueva Cataluña y los continentes le incomodan”.(sic)

En 1924, Xammar escribe varias piezas tratando de explicar a sus lectores el fenómeno de la hiperinflación en Alemania. En una de ellas señala a El Imparcial --"uno de los diarios de Madrid más simples”, dice-- como defensor de los inversores en marcos, que se han arruinado.

“Pero España no es precisamente Suiza, ni Suecia, y como El Imparcial es un periódico que en España tiene la influencia que merece --es decir, mucha--, no sería extraño que gracias a su campaña los tenedores españoles de marcos se organizaran y el directorio militar se decidiera a acometer por la vía diplomática la defensa de sus intereses”.

Hay que subrayar que una buena parte de esos piropos se publicaban en un periodo de tiermpo en que España se aplicaba la censura periodística, impuesta por los militares. De hecho, en alguno de los artículos aparecen leyendas en referencia a las líneas eliminadas por el censor.

Una de las crónicas donde la censura se cargó tres líneas recoge la brevísima entrevista que supuestamente Xammar y Josep Pla, a cuatro manos, habrían hecho a Adolf Hitler. El consenso es que aquel encuentro no se produjo, y que ambos se lo inventaron: nunca más en su vida ninguno de los dos volvió a referirse al acontecimiento --un hito para dos jóvenes reporteros--, que se habría producido en un momento imposible para el alemán; además, pusieron en su boca unas afirmaciones sobre los judíos que habrían sido noticia mundial.

También está documentado que los dos periodistas catalanes intervinieron en la preparación de un atentado contra Alfonso XIII en 1924. Buscaron quién se encargara de ejecutarlo. Lo pagaría un “patriota” que ponía 100.000 pesetas encima de la mesa, según las referencias que ambos hacen en su correspondencia. No encontraron al kamikaze porque, claro, ellos solo aportaban el intelecto.

O sea, que Torra elige bien su tarjeta de presentación en Madrid: una persona consagrada a reescribir el pasado con España siempre como la enemiga opresora que termina por dar sentido a su existencia.

Artículos anteriores
¿Quién es... Joaquín Romero?
Joaquín Romero

Desde julio de 2015 trabajo en Crónica Global, donde trato de aplicar todo lo bueno que he podido aprender en varias décadas de ejercicio periodístico en diferentes redacciones.