Universidades catalanas al servicio del independentismo

maria jesus canizares loop bw6
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Recordando a Unamuno, está claro que Gemma Geis vencerá, pero no convencerá. Tiene un doble rodillo: el independentista, que por lo visto lleva a los rectores universitarios a callar ante las injerencias del Govern. Y el gubernamental, que proporciona a la consejera del ramo la capacidad de fiscalizar, léase controlar, la actividad docente. ¿Dónde queda la libertad de cátedra? ¿Y el espíritu crítico? ¿Qué ha sido de la universidad como espacio vedado a las injerencias políticas?

Geis, gerundense reclutada por Junts per Catalunya (JxCatpara hacerle la competencia a una Marta Madrenas en horas bajas, ha determinado que el ámbito universitario debe estar sometido al yugo de los intereses independentistas. En una decisión absurda, porque supone crear un problema donde no lo hay, la consejera de Investigación y Universidades ha decretado “hacer un seguimiento” --alguien debería hacer un diccionario de eufemismos procesistas-- del idioma que se utiliza en las aulas.

El motivo no es que el uso del catalán --que es lo que en realidad preocupa a la neoconvergente, no los derechos lingüísticos de toda la comunidad universitaria o la calidad de la enseñanza-- retroceda en las aulas, pues los propios datos de la consejería apuntan a que se mantiene como idioma mayoritario. La razón de ese nuevo alarde de intervencionismo es la reunión que Geis mantuvo con Plataforma per la Llengua, esa entidad paragubernamental dedicada a espiar el idioma que utilizan los escolares en sus horas de recreo y que es capaz de condicionar las políticas lingüísticas de toda la Generalitat.

La autodenominada oenegé del catalán también es conocida por señalar e incitar a la delación, incluidos los alumnos que se quejan cuando se pasa del catalán al castellano en las universidades. La consejera, genuflexa ante esta asociación hipersubvencionada, ha informado a los representantes de 12 universidades catalanas que, semestralmente, analizará si el bilingüismo universitario, que simplemente refleja la realidad catalana, se ajusta al corsé que ella pretende imponer.

Lo peor de todo es que los rectores de esos centros sucumban a ese control. Que no protesten y den carta blanca al consejero de turno para endurecer las normas lingüísticas en una universidad, pretendidamente internacional y abierta, pero que lastrada por el nacionalismo provinciano de Junts per Catalunya, tiene visos de convertirse en una institución cerrada y sumisa al poder.

Tampoco es que sorprendan demasiado medidas de este calibre, procediendo de una consejera que tilda de "radical" y "fascista" a la Asamblea por una Escuela Bilingüe en Cataluña (AEB) por defender el castellano en la selectividad. Una defensa avalada por la Justicia, aunque ya se sabe que el grado de cumplimiento de las sentencias judiciales por parte del establishment separatista es bastante ínfimo cuando no se ajusta a sus intereses.

Y si grave es que los rectores callen ante la gubernamentalización universitaria, especialmente dramático es que los alumnos castellanohablantes pidan disculpas o se avergüencen por pedir una aclaración en su idioma cuando la clase es impartida en catalán. El aparato independentista es potente y difunde a los cuatro vientos los casos de estudiantes quejosos con el salto del catalán al castellano. No trascienden, por el contrario, la postura de profesores y alumnos que no se atreven a cuestionar normas lingüísticas cada vez más estrictas. Diez años de procesismo provocan ese tipo de mordazas sociales.

Lamentar, por último, que una buena idea, como era la creación de una Consejería de Investigación y Universidades, se haya convertido en un nuevo chiringuito al servicio del agitprop neoconvergente. Eso sí, con los manejos de Geis se caen muchas caretas. La transversalidad de JxCat esconde las preferencias neoliberales de esta formación, pero el fichaje de un asesor, contrario a bajar las tasas universitarias y favorable a privatizar el sector público, dice mucho de Geis. El nuevo hombre de confianza de la consejera duró 72 horas. Pero el mandato de la gerundense se está haciendo eterno.

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¿Quién es... María Jesús Cañizares?
sin fondo cañi

Periodista. Es subdirectora de Política de Crónica Global. Es licenciada en Ciencias de la Información por la UAB y ha cursado estudios de Derecho. A lo largo de su carrera se ha especializado en información política y del ámbito judicial.