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Tuvo que ser Comín o nos vamos a Moldavia...

Xavier Salvador
4 min

Saben que Antoni Comín ha sido uno de nuestros gobernantes independentistas preferidos. Sobre él hemos explicado hasta la saciedad todo su recorrido político, sus salidas de tono y, en especial, el nefasto paso por la Consejería de Salud de la Generalitat en el momento en que mayores tropelías se cometieron y más destrozos políticos se intentaron.

No me extenderé sobre su figura porque Crónica Global editó la obra de Ignasi Jorro que lleva el título de Comín, el enterrador solitario en la cual se daba cumplida información de esos y otros detalles sobre su nefasta gestión, un récord conseguido en un tiempo mínimo de permanencia en el cargo. Si tienen interés en conocer su evolución y sus antecedentes políticos, no pueden dejar de leer la obra de Jorro, el periodista más valiente de cuantos ejercen la cobertura de la información sanitaria y el único que realmente escribe con absoluta y total independencia, además de con la máxima honestidad.

Por ese conocimiento estrecho de Comín, que nos ha mencionado en más de una ocasión en el Parlament, nadie se extrañó ayer de que el enterrador de la sanidad del país haya sido, también, el sepulturero del procés. Dirán que no tiene ninguna culpa, que le fue hurtada una información privada o cualquier otra justificación para su figura. Pero, a la postre, Comín es el hombre que ha cavado la tumba del ilusorio republicanismo previo a la aplicación del 155. No se quiso ir como diputado, jugó a retener su acta de electo y Carles Puigdemont le confió la sentencia final de este largo y a la vez proceloso juego político que amenaza con llevar Cataluña al más triste desasosiego y al mayor empobrecimiento de cuantos se recuerden.

Si Puigdemont acaba en Moldavia, todos los peores temores y sospechas sobre sus verdaderas motivaciones se habrán cumplido

Veremos ahora qué pasa con Comín y con Puigdemont. Finiquitada su existencia política por el sacrificio al que les han sometido propios y ajenos, ¿qué piensan y dónde de su vida futura? El último de los run run que circunda nuestra redacción tiene que ver con el destino futuro del expresidente fugado. Ya hay quien le ha puesto longitud y latitud, y no es otro que Moldavia. ¿Ahí, se preguntarán ustedes? Pues sí, esa república colindante con Ucrania y Rumania parece ser uno de los enclaves en los que podría refugiarse un político que se niega a afrontar sus responsabilidades ante la justicia. La proximidad con el país donde habita su familia política --y podría trasladarse la suya propia-- es una de las razones que lo convierten en uno de los espacios indicados para hacer de la fuga un espacio seguro y exento de convenios de repatriación.

Si Puigdemont acaba en Moldavia, todos los peores temores y sospechas sobre sus verdaderas motivaciones se habrán cumplido. Y nos acordaremos de aquella canción de La Unión --Sildavia--que comenzaba así: "No tengas miedo de perderte, no; el tiempo pasa tan despacio en Sildavia...".

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy ejerzo como consejero delegado de CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía, digitalización y periodismo en estado puro, vamos.

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