¿Se atreverá ERC a ‘matar al padre’ tras el 14F?

Joaquín Romero
6 min

El éxito electoral de un partido no siempre responde a que ofrezca soluciones a los problemas del país. Con frecuencia son los movimientos tácticos --estar en el lugar preciso en el momento preciso, incluso sin adquirir grandes compromisos-- los que explican las victorias. El don de la oportunidad permite recoger como fruta madura el agotamiento del Gobierno saliente aunque no haya demostrado previamente capacidad para la administración del interés colectivo.

Es lo que le pasó al PSOE en 1982 cuando España salía de un golpe de Estado y la UCD, que había estado cinco años en el poder, se deshacía. Y es lo que ahora podría ocurrirle a ERC tras el pésimo balance de la década negra que inició Artur Mas en Cataluña.

La ERC que conocemos no tiene nada que ver con la que se fundó hace 90 años y que tuvo tanto protagonismo en la segunda república; tampoco es la misma que concurrió a las elecciones de 1977. De hecho, en estos 40 años de democracia el partido ha vivido varios cambios profundos que le han dado la vuelta como a un calcetín en al menos cuatro ocasiones y que le han hecho irreconocible de una vez para otra.

CDC, una organización creada en 1974, ha ocupado la centralidad del espacio nacionalista en Cataluña y se ha mantenido en la Generalitat desde 1980, excepto en las dos breves legislaturas del tripartito. ERC ha sido, incluso en el Govern, un subalterno: nunca ha tenido un papel protagonista.

Y pese a las anómalas circunstancias que vive Cataluña, con políticos que han huido de la justicia y otros que están en la cárcel, las elecciones del domingo son la primera ocasión clara que tiene ERC de matar al padre. El 14F les puede brindar la oportunidad de dejar de ser los subordinados del nacionalismo convergente y formar una nueva mayoría que aleje a los herederos de Jordi Pujol de las instituciones. Esa nueva etapa le daría la oportunidad de demostrar su capacidad de gestión, cosa que aún no ha hecho, y de cortar la financiación institucional que hasta ahora ha sufragado el movimiento nacional convergente de construcción de Cataluña.

Las jugadas de este calado tienen riesgos, obviamente. Pero da la impresión de que ha llegado el momento del despegue de los republicanos: los acuerdos alcanzados con Pedro Sánchez en Madrid podrían ser ensayos de la gran movida. En las elecciones generales de 2019 ERC desplazó a JxCat y al PSC como primer partido en Cataluña, con 15 escaños el 28 de abril y 13 el 10 de noviembre. Fue una señal que los republicanos deberían estudiar a fondo, sin olvidar los peligros que conlleva.

En las generales de 2011, CiU desbancó por primera vez al PSC como primer partido en Cataluña: obtuvo 16 diputados frente a los 14 de los socialistas. (ERC solo consiguió tres.) Un hito que se le subió a la cabeza a Artur Mas. Animado por esos resultados y por unos estrategas hoy merecidamente desaparecidos, decidió jugárselo todo a una carta, disolvió el Parlament a mitad de legislatura y llamó a urnas. En 2010, había logrado 62 escaños, lo que le permitía gobernar cómodamente en solitario con acuerdos puntuales. Dos años después, el Astut se dejó 12 diputados en la aventura y, pese a su retórica nacionalista, se apoyó en el PP local, que obtuvo 19 actas --ERC logró 21--, a cambio de sus 16 votos en el Congreso, un respaldo que Mariano Rajoy no necesitaba porque tenía mayoría absoluta. Leyó mal las señales y el tiro le salió por la culata, con las nefastas consecuencias para el país que todos conocemos.

De momento, parece claro Esquerra no se atreve a dar el paso. El riesgo le produce vértigo. Anoche, Pere Aragonès, el candidato republicano, no se atrevía a mirar a los ojos a Laura Borràs, la genuina representante convergente --está imputada por corrupción-- en el debate electoral de TV3. La actitud de ambos ponía sobre la mesa la sombra de un pacto de no agresión. Todos los participantes defendieron sus espacios electorales frente a quienes les pueden quitar votos, todos menos ellos dos, como si no compitieran entre sí, como si los de Oriol Junqueras aceptaran el papel auxiliar para siempre. Solo al final, la representante de Puigdemont se atrevió a dar un paso adelante y emplazó a ERC sobre los pactos tras el 14F, una aclaración que no obtuvo.

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¿Quién es... Joaquín Romero?
Joaquín Romero

Periodista desde 1975. Fue redactor de Tele/eXprés y El Correo Catalán, entre otras publicaciones. Ha sido redactor jefe de El Periódico de Catalunya entre 1994 y 2014. También ha sido director de Crónica Global.