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Sánchez y Junqueras, se abre paso lo posible

Manel Manchón
8 min

Hay una línea de pensamiento en España, pero también en todo Occidente, que se centra en descalificar a la izquierda por, entre otras razones, defender una posición “buenista”. Hay razones para la crítica a partidos del ámbito socialdemócrata que, al no poder presentar un programa socioeconómico alternativo, han buscado refugio en la defensa de minorías y en las identidades. Esa crítica, en el caso de España, se refiere, principalmente, a la relación de esa izquierda con los partidos nacionalistas o periféricos, con la idea de que hay un único modelo para fortalecer el Estado y que no se debe buscar ninguna solución a problemas como el que ha planteado el independentismo catalán, porque eso sería una cesión, o una auténtica traición. Sin embargo, ha llegado el momento, una especie de deshielo que las dos partes implicadas desean y necesitan y que puede desarmar a los que están instalados en la comodidad de la trinchera.

Pedro Sánchez que ha buscado sobrevivir en todo momento, y que se ha especializado en mantenerse en el poder, busca un deshielo efectivo con Esquerra Republicana. A cambio, el presidente del Gobierno deseaba un gesto claro de los republicanos, que ha llegado con la renuncia explícita de Oriol Junqueras a la vía unilateral. Que los republicanos aspiren a un referéndum de autodeterminación no se puede condenar. Y la negociación con el Gobierno español de turno para convocarlo, sea ahora o de aquí a 20 años, --si hay mayorías para ello-- no se puede rechazar. Pero aquí y ahora lo que está en juego es llegar a un entendimiento entre el Ejecutivo central y el gobierno de la Generalitat que, en todo caso, no debería nunca dejar en la estacada al PSC, que representa la alternativa en Cataluña, cosa que sí ocurrió con los gobiernos de Jordi Pujol cuando alcanzaban acuerdos con el PSOE de Felipe González.

La mesa de diálogo, los indultos, la normalización de las relaciones institucionales, la presencia en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, todo eso puede llevar a un nuevo ciclo positivo para el conjunto de la sociedad catalana y española, aunque de forma personal es evidente que conviene a Pedro Sánchez para seguir en la Moncloa. Los republicanos disponen de 13 diputados en el Congreso. Y ejercer el juego de la política implica hacerlos servir, mientras que Sánchez dispone de los presupuestos del Estado y de la palanca del poder que supone la Moncloa para convencer a esa parte del independentismo que pueda tener dudas de que sólo hay una única salida: volver a lo razonable, a las instituciones, a dejar de apelar a los sentimientos y a dejar de forzar a la ciudadanía con actos unilaterales. Es lo que señalaron Pedro Sánchez y Pere Aragonès en el acto de reconocimiento a la figura del editor Javier Godó en la sede de Foment del Treball.

Se podrá argumentar que es un síntoma de debilidad, que constata que a Sánchez sólo le mueve el poder, y de que a los republicanos solo les interesa gobernar en la Generalitat y desmarcarse de Junts per Catalunya. Y si fuera así, ¿es tan negativo? ¿No se ha pedido en todos estos años que todos los actores implicados regresaran a la política?

La alternativa no tiene un gran plan. El PP, como principal partido de la oposición, se empeña en una apuesta que ya se comprobó que tenía las patas muy cortas. ¿Firmas contra los indultos? ¿Y luego qué? Pablo Casado ha dado muestras de que prentendía otra cosa. Lo hizo hace unos meses en el Círculo de Economía, apostando por un nuevo modelo de financiación autonómica para que la Generalitat pudiera prestar todos los servicios que tiene comprometidos con mayores garantías. Pero Casado, poco después, duda y se une a Vox en una manifestación.

Y es que el PP no asume que, aunque una parte de Vox se haya sumado al partido de Santiago Abascal procedente del Partido Popular, es ya otra cosa. Lo explica Anne Applebaum, en El ocaso de la democracia, al señalar las relaciones de Vox con gurús en las redes que se aprovechan de robots para agitar las más bajas pasiones, en concordancia con partidos populistas y de ultra derecha de todo el mundo, y en alianza con ellos. ¿Quiere estar el PP en esa línea? ¿Lo único que persigue es derrotar a Pedro Sánchez utilizando todo lo que lo pueda desgastar, o tiene un proyecto para el conjunto de España, que agrupe también a todos los catalanes, independentistas y no independentistas? Applebaum se entrevistó con Rafael Bardají, un hombre de confianza de José María Aznar, en su etapa como presidente del Gobierno. Bardají es uno de los prohombres de Vox, sabe lo que quiere y cómo puede incidir Vox a partir de agitar las aguas de forma constante. ¿Es lo que desea Pablo Casado?

Esa es la realidad en España y en otros muchos países occidentales, que ven como se deterioran los sistemas democráticos. En el caso que nos ocupa, lo posible pasa por una vía de entendimiento, que no comportará el programa que pretende el independentismo, el referéndum de autodeterminación, un derecho que no tiene aplicación en Cataluña. Cuando Esquerra señala que no renunciará a ninguna vía “democrática”, está en el lado correcto. Será todo aquello que se pacte, y que venga respaldado por mayorías.

Otra cosa es que en Cataluña se actúe con determinación y se haga entender al nacionalismo catalán que debe proteger los guardarraíles de la democracia. Y el papel que ocupe el PSC será determinante para ello. Se puede llegar a acuerdos entre ERC y el Gobierno de Sánchez, mientras los socialistas catalanes reclaman cambios en los medios de comunicación públicos de la Generalitat o fiscalizan cada euro que gaste la Generalitat en determinadas entidades.

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¿Quién es... Manel Manchón?
Manel Manchón

Periodista barcelonés, especializado en política y economía. Jefe de la sección de Opinión y del cultural Letra Global.