Salario mínimo, otro debate mal enfocado

Gerard Mateo
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El Gobierno vuelve a subir el salario mínimo, 15 euros (hasta los 965, unos 13.000 anuales), y la noticia llena artículos y debates por los efectos que puede tener este ajuste sobre los trabajadores y sobre las empresas.

Todo el mundo merece vivir dignamente, y es necesario fijar unos mínimos para evitar la explotación y la miseria. Sin embargo, no es de recibo celebrar este aumento, que beneficia a 1,5 millones de españoles (7,6% de la población ocupada), como la gran solución a todos los problemas. Entre otros motivos, porque no repercute en el resto de las nóminas, que llevan estancadas demasiado tiempo (aunque la productividad se ha disparado en las últimas décadas), por mucho que sean suficientes (o no) para tener ese teléfono de última generación o realizar un viaje al año.

De hecho, hay que considerar diversas variables en este asunto de interés. Por ejemplo, si un negocio es incapaz de generar y asegurar unos salarios mínimos dignos en un periodo de dos o tres años, es que no tiene demasiado futuro. Tampoco parece muy equitativo que el SMI sea igual para todas las compañías; tal vez habría que aumentarlo en función de los beneficios de cada una, de su tamaño, y de si reciben dinero público, ya sea en forma de subvención o de rescate. En estos casos, a las firmas se les debería imponer unas reglas más estrictas de juego que a los demás competidores, sin importar el sector. 

En todo caso, ya estamos en otro punto del debate. Ahora, el foco está en el teletrabajo (aunque no termina de cuajar), en las semanas de cuatro días (tampoco está muy claro el modelo), en la conciliación y en la renta mínima, que tarde o temprano tendrá que llegar de forma generalizada porque los robots trabajan en lugar de muchas personas. Todo ello se desarrollará en los próximos años, y la discusión modificará o enterrará el debate del SMI (llegarán otros), aunque está bien subirlo --seguramente llega tarde-- hasta que se implanten las nuevas fórmulas.

Aun así, la cuestión del salario mínimo se enfoca mal, como tantas otras. Se presenta esta medida como el gran favor al pueblo, a sabiendas de que, mientras este tenga algo que llevarse a la boca, no generará conflictos ni inestabilidad. Sin embargo, el pueblo estaría aún más contento si se le enseñase a hacer su propio pan, en lugar de vivir de migajas. ¿No sería bueno que, a la par que se fija un SMI digno para quienes, por circunstancias de la vida, no pueden o quieren aspirar a algo más, se nos inculcase la cultura del emprendimiento y se nos dieran herramientas y facilidades para ello si es que preferimos este camino? Ese es el debate, pero no interesa.

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.