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El Rey en la eterna campaña

Joaquín Romero
5 min

En este país nunca dejamos de estar en campaña electoral. Pese a lo que dicen los independentistas, debe haber pocos territorios en el mundo donde se acuda a las urnas con más frecuencia que en Cataluña.

No obstante esa propaganda continuada, hay momentos en los que se percibe la subida de los decibelios. El detonante suele ser la concreción de una fecha, como ocurre ahora con el 14 de febrero.

El disparo de salida lo dio TV3 el domingo pasado con una entrevista-repaso a Quim Torra en la que la televisión pública, al servicio de los intereses de Carles Puigdemont, le explicaba a sus telespectadores que los nacionalistas estaban contritos porque se habían equivocado al poner a un pobre hombre al frente de la Generalitat, alguien que no había sabido hacer ni de vicario. Tomaba distancias.

El expresident se disculpó por haber enojado al mundo de Waterloo con su ridícula desobediencia de pancarta. Solo quería disponer de un título –“presidente inhabilitado”-- para afrontar su defensa en Europa, según confesó. Es toda mi herencia política, mi paso por Palau no dejará más huella que la inhabilitación. No me despojéis de ese honor, venía a decir.

JxCat o como vaya a llamarse el vehículo neoconvergente transmutado en movimiento nacional nihilista, no solo abomina –con la boca pequeña-- de la memoria de Jordi Pujol, sino que tira al cubo de la basura a su último bastión, un president del que nadie se acordará pasado mañana.

Así que toca poner la directa y dejar atrás los hechos --que ayudan bien poco--, para buscar nuevas promesas e inocularlas con gesticulaciones y performances del calibre que sea. Según la última versión de los medios públicos catalanes, las movidas de los CDR no son delito; así, que barra libre.

En esa misma línea, toca construir la republica, un proceso que ahora mismo pasa por boicotear la presencia del jefe del Estado en Barcelona. Ada Colau se suma a la comedia y se acuerda del Rey emérito para justificar su ausencia en la entrega de diplomas del Barcelona New Economic Week (BNEW). La alcaldesa no pierde ocasión de meter baza si cree que le puede rendir electoralmente.

La ANC, por supuesto, se ha apuntado a la fiesta con la quema de fotografías del Rey que convocan los CDR --cómo le gusta jugar con fuego a esta gente, con lo peligroso que es--. Ya solo falta que el inefable Joan Canadell, ese gran empresario que preside la Cámara de Comercio de Barcelona, anuncie un disatino equivalente para tener el auca completa.

El Gobierno no se equivocó evitando la visita de Felipe VI a Barcelona el mismo día que estaba prevista la comunicación de la sentencia de inhabilitación de Torra. Es posible que sobrevalorara los riesgos de la movilización de los nacionalistas --ya hemos visto hasta qué punto tienen amortizado a Torra--, y con seguridad que minusvaloró la capacidad de respuesta de Carlos Lesmes, que ya el 7 de septiembre había aprovechado la presencia del Rey para meterse donde no debía, y que el mismo día 25 difundió la palmadita en la espalda de Felipe VI.

A partir de ahí, lo condenable sería la ausencia del jefe del Estado en Cataluña por la presión del nacionalismo. Algún día tenía que producirse la vuelta a la normalidad y el elegido, este viernes, es tan bueno como cualquier otro; o mejor, porque pone en evidencia lo que le importa la situación económica a nacionalistas y populistas catalanes. Si el Gobierno tomara nota de que al Rey le habría gustado asistir al acto de la escuela de jueces, pese al riesgo de que le montaran una algarada mayúscula, cometería un error. Es posible que el monarca no tenga memoria de lo que sucedió en la Casa de Juntas de Gernika en 1981, poco antes del golpe de Estado del 23F; era muy pequeño. Pero el Gobierno está obligado a recordarlo.

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¿Quién es... Joaquín Romero?
Joaquín Romero

Periodista desde 1975. Fue redactor de Tele/eXprés y El Correo Catalán, entre otras publicaciones. Ha sido redactor jefe de El Periódico de Catalunya entre 1994 y 2014. También ha sido director de Crónica Global.