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Las represalias de Borrell

Joaquín Romero
3 min

¿Qué haría el Gobierno francés si Roger Torrent, el presidente el Parlament, estuviera descalificando cada dos por tres a París hasta el punto de reclamar su expulsión de la Unión Europea a propósito de los independentistas corsos? No cabe la menor duda de que respondería de forma contundente. Tirar de las orejas al embajador español y retirar cualquier estatus diplomático de que gozara Cataluña, como mínimo.

Eso no ocurrirá, por supuesto. Y no pasará por dos razones. Primero, porque nadie en Cataluña se atrevería a hacer semejante tontería y si lo hiciera, el eco difícilmente llegaría a Quai d’Orsay. Pero, sobre todo, porque en Francia ningún representante de otra administración española que no sea la central dispone de algo parecido a rango diplomático.

Los franceses lo tienen claro. Y carecen de los complejos que llevan a un país a consentir que un agitador del separatismo flamenco disponga de ningún tipo de privilegio.

Desde esa perspectiva, es evidente que Josep Borrell ha hecho muy bien dando una respuesta enérgica y clara a las veleidades del homólogo de Torrent en Flandes, Jan Peumans.

De hecho, el Gobierno español ha tardado demasiado en poner en su sitio a André Hebbelinck. Bélgica le acreditó ante el Gobierno español como miembro de su embajada en Madrid, pero en realidad siempre trabajó para el Gobierno separatista de Flandes. No es que fuera un caballo de Troya de Bruselas introducido en Madrid, sino el producto de los complicados equilibrios entre el Gobierno belga y los independentistas flamencos que seguramente se repetirá en otras embajadas. Eso es lo que explica que el primer ministro belga se ponga ahora de perfil y diga que el conflicto es un asunto entre Flandes y España.

A la vista de que el trabajo de Hebbelinck en territorio español no respondía a las credenciales presentadas por Bélgica y de la nula respuesta de Bruselas tras las represalias adoptadas, está claro que el palacio de Santa Cruz debería haberle retirado la condición de diplomático mucho antes. Como hizo con los cónsules honorarios (empresarios catalanes) de Finlandia, Bulgaria, Filipinas, Letonia y, ahora, Grecia con los que la Generalitat intentó una vía sui géneris de internacionalización del procés.

La táctica del diálogo y el deshinchamiento del conflicto de Pedro Sánchez tiene sentido en política interior, pero de ninguna manera en lo referente a la exterior. Y eso puede ser muy importante ante los ojos de la Unión Europea, sobre todo si la respuesta la dirige precisamente un político de origen catalán.

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¿Quién es... Joaquín Romero?
Joaquín Romero

Periodista desde 1975. Fue redactor de Tele/eXprés y El Correo Catalán, entre otras publicaciones. Ha sido redactor jefe de El Periódico de Catalunya entre 1994 y 2014. También ha sido director de Crónica Global.