Pujolismo sin Pujol, ¿es necesario?

Manel Manchón
6 min

Hay debate, de nuevo, y de altura. Bronca, posiciones distantes, argumentos que se defienden con convicción, números que se analizan con lupa. ¡Que interesante! Todo ello aderezado con algunos gestos valientes por parte de instituciones económicas que saben que han perdido peso en tiempos en los que llevar corbata tiene connotaciones negativas. Sí, se abre un nuevo periodo, que, de hecho, conecta con etapas que se daba por amortizadas. ¡Es curioso!

Algunos lo lamentan, porque eso implica asumir gravísimos errores: los cometidos en los últimos diez años. La política catalana, sin liderazgos claros, está enfrascada en las cosas del día a día, y en proyectos de infraestructuras que pueden garantizar el futuro. La ampliación del aeropuerto de El Prat; las inversiones de la Administración central en Cataluña; el porcentaje de ejecución de esas inversiones; los presupuestos del conjunto de España; las cuentas de la Generalitat; los planes para asegurar una Formación Profesional Dual a los jóvenes; el bloqueo y la necesidad de reimpulsarlos de proyectos de energía renovable…Todo eso es ahora motivo de controversia y de pugna política. Perfecto. Es algo “saludable”, como señala el comisionado para el seguimiento del Corredor Mediterráneo del Gobierno español, Josep V. Boira, al recordar que en Valencia existe un enorme debate sobre la ampliación del puerto de la ciudad.

Claro que si el deseo era conseguir un Estado propio, con todo lo que eso implica --se recuperaría el supuesto déficit fiscal, pero se debería poner en pie toda una estructura ‘estatal’ que cuesta un potosí y que ahora ya la presta España-- entonces se ha perdido el tiempo. Sí, se ha perdido, esa es la lección, con enormes consecuencias de todo tipo, para empezar para los propios dirigentes que se vieron encarcelados por sus actos. Y el mundo en ese lapso no se ha parado.

Siempre hay tiempo, sin embargo, para la reacción. Esas instituciones económicas de las que se hablaba al principio, han levantado el dedo: el Círculo de Economía y Fomento han señalado con determinación que tanto el Ayuntamiento de Barcelona como la Generalitat deben moverse rápido si no quieren que el conjunto de Cataluña entre en una vía ciega, en una dulce decadencia, en una “irrelevancia económica”. No debería ser así, porque existe un tejido económico potente --el sector tecnológico en Barcelona debería levantar la bandera y asumir un mayor protagonismo-- y profesionales con talento, y un tejido asociativo de primer nivel. Pero es necesario un cambio de mentalidad, asumir ya sin disimulo que en el pasado algunas cosas se hicieron bien y que hay una parte de la sociedad catalana que no sabe cómo decir que quisiera recuperar la ‘praxis política’ del pujolismo, sin que eso implique que se abraza la figura de Jordi Pujol, cuya defensa legal acaba de negar que se sirviera de la Generalitat para favorecer económicamente a su familia.

Porque, ¿hubo, puede haber, un pujolismo sin Pujol? ¿Es una manera de ejercer la política, con una ideología determinada, orientada hacia un centro-derecha-catalanista-pactista con los gobiernos centrales de distinto signo? Si la respuesta es afirmativa, si eso existió en algún momento, Cataluña lo necesita ahora más que nunca. Hay en España un gobierno del PSOE, en coalición con Unidas Podemos, pero habrá gobiernos del PP, con el concurso de fuerzas regionalistas y, tal vez, con algún apoyo de Vox. Y las negociaciones siempre serán necesarias, aquí, hoy, y mañana. ¿Hay cintura suficiente en Cataluña para adaptarse a situaciones cambiantes en las que se puedan acordar inversiones, mejoras en infraestructuras, e, incluso, pactar posiciones comunes que España pueda defender en el seno de la Unión Europea? Eso se hizo con el llamado pujolismo, denigrado porque se relaciona con la imagen de Jordi Pujol, manchado tras la confesión de fraude fiscal en 2014.

La alternativa a eso la quiere impulsar Esquerra Republicana, pero se confunde, porque nunca ha sabido si quiere ser más liberal --lo pretendió en la etapa de Joan Puigcercós-- o pretende ser el socio fiel de la CUP. Y el PSC nunca podrá abarcar todo el espacio que se abre a su derecha, de signo catalanista. Si hay un consenso sobre ese diagnóstico --no le llamen pujolismo, póngale otra etiqueta-- ¿a qué esperan los dirigentes que se identificaron y defienden ese legado? Porque lo que interesa en Cataluña, a todos, es que se abran debates duros, con convicciones, sobre los asuntos que sí cambiarán nuestras vidas: tener o no un aeropuerto con conexiones internacionales; energías renovables que sí sean alternativas a las fósiles; ciudades limpias y respetuosas, ayudas a los sectores sociales que más lo necesiten; fiscalidad justa y no confiscatoria; planes de viviendas sociales realistas; o debates serios sobre la protección a los propietarios.

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¿Quién es... Manel Manchón?
Manel Manchón

Periodista barcelonés, especializado en política y economía. Jefe de la sección de Opinión y del cultural Letra Global.