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La prensa catalana

Xavier Salvador
8 min

Tras la publicación por El Periódico de Catalunya del documento que acredita la existencia de alertas de posibles actividades terroristas, la prensa de Cataluña se ha radicalizado con meteórica velocidad, al igual que la sociedad, en dos frentes, los que apoyan la independencia y los que están en contra. Hasta ese momento hubo tiempos de dificultades para saber qué planteamientos defendía cada quien y los dos grupos líderes del mapa, el propio medio citado y La Vanguardia, estaban en posiciones de supuesta equidistancia que se han quebrado de manera definitiva.

La Vanguardia ha preferido poner sobre la mesa los errores formales de Enric Hernàndez, director de El Periódico, a los aciertos de fondo que ha logrado. Los articulistas del medio, algunos incluso formando parte de su staff directivo, han cargado de manera sibilina contra lo que consideran una actividad propagandística. El diario del Grupo Godó vive en un constante quiero y no puedo, en una dualidad permanente que se hace más visible entre su edición tradicional en papel, dirigida por Màrius Carol, y la digital, que comanda Jordi Juan.

El Periódico ha sido reprendido por el Gobierno de la Generalitat. Su sheriff policial incluso les chuleó en rueda de prensa, pistola al cinto incluida. Entre otras razones porque es una de las empresas que malvive gracias a las subvenciones públicas y a la publicidad institucional que recibe. No se respeta al dependiente. Algunos debieron pensar que esos fondos eran capital suficiente para granjearse el silencio cómplice del rotativo. El chasco ha sido monumental y ahora sus detractores están en aquella posición del inversor que ve cómo decae su capital en una empresa.

La Vanguardia ha preferido poner sobre la mesa los errores formales de Enric Hernàndez, director de El Periódico, a los aciertos de fondo que ha logrado

En el caso del diario de los Godó la cosa es más compleja, su medio de papel editorializa en contra del procés mientras sus articulistas bien pagados lo defienden y dan artillería a los promotores. La edición digital está menos acomplejada y gracias a algún periodista soberanista con hiperactividad profesional logran dar una visión del país que apunta en una determinada y unívoca dirección: Cataluña será independiente o no será.

No me referiré ni al diario Ara ni a El Punt Avui, porque ambos sólo subsisten con su actual morfología gracias al dinero público. El mercado no les acompaña ni la audiencia los refrenda, situación que los convertiría en irrelevantes en un mercado normalizado. Cataluña puede vivir sin ellos y sus editores seguirán siendo grandes carniceros, tenderos, vendedores de publicidad o de sopicaldos.

En un escalón diferente, cada vez más relevante, se encuentran los medios digitales. El nacionalismo lleva años amamantando a un grupo no menor de editores independentistas que han hecho de la causa un negocio. Tanto da que se trate del más veterano Vicent Partal y su Vilaweb que del más novedoso José Antich y El Nacional. En todos los casos la postura crítica con el Gobierno de la Generalitat es nula, y la aclamación, la actuación de claca o el servilismo político se convierten en la principal seña de identidad de medios que serían irreconocibles, por idénticos, en otro escenario sin la politización actual.

El nacionalismo lleva años amamantando a un grupo no menor de editores independentistas que han hecho de la causa un negocio. La aclamación, la actuación de claca o el servilismo político se convierten en su principal seña de identidad

Las redes sociales se nutren de la prensa digital catalana. Esa mitad de la Cataluña que vive el independentismo como una fiesta permanente aprovecha su existencia para generar un discurso tan uniforme como demagógico. Hay que reconocer su utilidad, aunque sea más difícil admitir su profesionalidad. El Gobierno catalán da el pistoletazo de salida y todos ellos se lanzan como un único hombre en defensa de las posiciones de la formación política dominante en el Parlamento y la de sus aliados, por más radicales y excéntricos que resulten.

Desde Barcelona quedamos pocos editores empecinados en que la libertad de prensa, entendida más como honestidad que como independencia, es un activo democrático a preservar. Aunque nos avalen unas excelentes cifras de audiencia, que en agosto han superado todos los récords anteriores, el nacionalismo ha logrado tomar unas posiciones en el ámbito de los medios de comunicación que convierten en anacrónica la libertad de expresión. Todo se estigmatiza y cualquier información que pueda resultar dañina para sus intereses es convertida en una opción política contraria a la causa soberanista.

Hoy la prensa catalana huele a podrido

Es lo que le ha sucedido a El Periódico. En los últimos años, el medio nunca se entregó del todo a la política procesista, aunque navegó en sus aguas durante mucho tiempo y contribuyó a estimularla. Le daba jabón y le prestaba el desodorante. Cuando intenta virar y poner en tela de juicio la unanimidad independentista y se atreve a cuestionar --con información, no con opiniones-- el papel de la policía autonómica en materia de seguridad antiterrorista se le estigmatiza y se pone en cuestión su profesionalidad. Algo que jamás se haría con aquellos medios que ríen las gracias de los dirigentes del proceso, entre otras cosas porque no tendrían los arrestos para enfrentarse a ellos. El servilismo de Antich, Partal, Macià, Puig y compañía son de tal magnitud que merecerían una tesis doctoral para explicar cómo se entregaron por la vía económica a una causa política.

Hoy la prensa catalana huele a podrido. Atrás quedaron aquellos tiempos en los que el periodismo más avanzado radicaba en Barcelona, donde la pluralidad política convertía a los profesionales en vanguardistas directivos, locutores o realizadores de programas. Si hoy quisiéramos emular el fenómeno lo que nos aparecería sería tan degradante como inservible. El periodismo barcelonés es sólo una práctica comunicacional que vive del entreguismo, del dinero público y del sí señor. Y sí, no es exclusivo de los nacionalistas catalanes, también existen nacionalistas españoles con pseudomedios que intentan equilibrar las posiciones, pero que incurren en idéntico y fatal error. El periodismo independiente, estimados, es otra cosa.

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¿Quién es... Xavier Salvador?
Xavier Salvador

Pese a nacer en Barcelona en un ya lejano 1965, he acabado siendo un tipo de pueblo. Hoy dirijo CRÓNICA GLOBAL después de haber dado bandazos periodísticos por ahí durante años (El Observador, Diari de Barcelona, El Periódico, Economía Digital...). He escrito dos libros. El más leído, Pujol KO, junto a varios autores. Del otro (El yugo milenario) es del que me siento más orgulloso, pero fue un divertimento intelectual de otro tiempo y otro lugar. Me gustan las personas auténticas, trabajar en equipo, la familia y el buen vino. Bonhomía en estado puro, vamos.

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m.a. 04/09/2017 - 23:47h
Del "moderado" antoni puigvert en L V:: La igualdad de todos los españoles" es una expresión de ida, pero no de vuelta. El Gobierno español podría haber dado pasos para invertir tan flagrantes contradicciones de la igualdad. Los diarios de Madrid podrían al menos haberlas denunciado. Esto habría servido para crear las bases de una alternativa creíble de tercera vía. Pero ni el primer paso se ha querido dar. De ahí que, ahora, justo antes de iniciarse la madre de todas las batallas, la pregunta sea: ¿quién es más responsable de la crisis de Estado que viviremos? ¿Quién es más responsable de la mordedura: la bestia que hinca el colmillo o el cazador que la acosa en un rincón sin permitirle salida alguna?"...Eso es justificar y por ende apoyar el golpe de Estado que están urdiendo. ¿Debe estar permitido en función de la libertad de expresión o es una llamada a la insurrección y por tanto un delito? Neofecismo de corte joseantoniano, sólo le faltaba decir" escucharán
m.a. 05/09/2017 - 00:23h
...."La violencia puede ser lícita cuando se emplea por un ideal que la justifique. La razón, la justicia y la Patria serán defendidas por la violencia cuando por la violencia —o por la insidia— se las ataque "»Y queremos, por último, que si esto ha de lograrse en algún caso por la violencia, no nos detengamos ante la violencia. Porque, ¿quién ha dicho al hablar de "todo menos la violencia" que la suprema jerarquía de los valores morales reside en la amabilidad? ¿Quién ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes que reaccionar como hombres, estamos obligados a ser amables? Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y de las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la Patria ("Catalana" cosecha propia, el resto José Antonio con más de lo mismo que A P pero versión Falange auténtica...
m.a. 05/09/2017 - 00:50h
Y luego están los equidistantes " no sabemos todavía quienes ganaremos" Llatzer Moix, Sergi Pamies, Joan de Segarra, San Agustín...Se salvan muy pocos, Laura Freixas, Joaquín Luna...a Gregorio Morán ya se sabe cómo le ha ido...Lástima de algunos venerables, pienso en Tomás Alcoverro, corresponsables en el extranjero, incluyendo a Rafael Poch, que se encontrarán a faltar. Pero ¡adiós Vanguardia! 55 años comprándola y leyendola; con sus altibajos, pero siempre manteniendo un cierto nivel de independencia y respeto a sí misma, hasta que su deriva faszio, la han convertido en tóxica, sólo apta para su secta. Adiós
m.a. 05/09/2017 - 11:39h
Desconocía que Iñaqui Gabilondo tenía a antonio puigvert como periodista de referencia para asuntos catalanes. Entiendo mejor ahora lo desacertado de sus juicios al respecto. Sigue sin enterarse de que un movimiento nazionalista con unya acusado perfil totalitario se encuentra a las puertas de dar un golpe de Estado, con el beneplácito, si no apoyo, de una significativa parte de la sociedad catalana incluidos conspicuos periodistas. Entre ellos, su estimado colega. Antes de emitir sus erróneos juicios, debería escuchar a la otra parte, a D. Gregorio Morán, sin ir más lejos. Sucede que en la SER, al igual que en numerosos círculos de izquierdas, parece que se tema ser tildados de derechistas inmovilistas cada vez que se aborda el drama catalán. Sí, drama para los ninguneados por no ser nazionalistas. Y somos muchos.
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