Plató-Clínic: escándalo en la zona alta

Ignasi Jorro
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Lo que ha ocurrido entre el Hospital Plató y el Clínic Barcelona es una de las peores operaciones corporativas conducidas en los últimos años en la Ciudad Condal. La peor en el sector sanitario, sin duda. Lo que prometía convertirse en una integración de valor que explorara sinergias entre el mejor centro sanitario catalán y su satélite en la zona alta de la Ciudad Condal [ver nota de prensa aquí] ha terminado en dudas, premios sin merecer, opacidad y una petición de comparecencias parlamentarias justificadas por los numerosos interrogantes que rodean el proceso. 

Este medio ya apuntó que las due diligences revelaban prácticas dudosas de gestión en la institución de Sarrià-Sant Gervasi. Ello vino después de un escándalo mayúsculo por el sueldo del director gerente, el doctor Jordi Pujol Colomer, de quien se publicó que cobró más de 287.000 euros solo en 2014. Para poner en contexto: el gestor de Vall d'Hebron, que es varias veces más grande, no llega a los 100.000 euros al año. Lo denunció Metges de Catalunya y avanzó El País

Esos emolumentos sonrojantes ya presagiaban que algo no funcionaba bien en el hospital de la zona coqueta de Barcelona. El auditor que examinó a Plató y al Clínic antes de su fusión lo confirmó. De hecho, el primer centro sanitario llegó a estar hasta salpicado por la Operacion Voloh, como detalló Crónica Global. Es factual decir que hubo descontrol en la gestión y fiscalización de Plató. Cuanto menos. 

Después, la fusión, una integración inocua, según vendieron las dos partes, no ha resultado tal. El doctor Pujol Colomer ha terminado enrolado en los órganos de gobierno del Clínic con arreglo a algún derecho adquirido que no se ha explicado a los medios [ver documento aquí]. La Fundación Social que han creado él y los expatronos ha terminado sostenida con los recursos públicos del Clínic y, quizá aún más grave, teniendo derechos urbanísticos adquiridos en este hospital público. 

En otras palabras: un hospital fundado por médicos en 1925 y sin ánimo de lucro acaba convirtiéndose en una fundación dopada con recursos públicos pero menor control administrativo que, además, puede construir a su antojo en un complejo médico costeado con el dinero de todos. Tanto Plató --que vivía en un 92% del mismo-- como el Clínic habrían sido insostenibles sin el concierto del CatSalut. Y, sin embargo, ambos paren una fundación opaca para recolocar a los expatronos. Un premio por... ¿hacer su trabajo?

El cambalache es para que más de uno se sonroje, y no son pocos los que se preguntan dónde está ERC en este asunto. Un asunto que, como muchos en la sanidad, lleva el color político de su adversario y ahora socio de gobierno: la antigua Convergencia, ahora Junts

El asunto merece fiscalización, mucha más, de muchos partidos distintos, y es de justicia decir que solo Vox y su diputada María García son quienes la han hecho. 

Porque Plató no era una empresa privada. Era un dispositivo concertado que pagábamos entre todos y todas por la vía del CatSalut, y que regían médicos. Y que, en teoría, no tenía ánimo de lucro. Es inaceptable que su fusión con el Clínic acabe generando un dinousario de elefantes jugosamente regado con dinero que, salvo que salga de Barnaclínic, es de la caja común por medio de un concierto. 

El equipo del doctor Colomer no ha hecho más que otros muchos más médicos de, por ejemplo, el ICS o la sanidad privada. Que desempeñan su labor de forma dedicada y encomiable durante años y que, cuando les toca, se jubilan. La mera posibilidad de dádivas, recompensas o enriquecimiento pagado con dinero público subrepticiamente por la vía de una fundación debería hacer sonar todas las alarmas. 

La cuestión tendría que ser explicada en el Parlament y quizá más allá. Estaremos atentos. 

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¿Quién es... Ignasi Jorro?
Ignasi Jorro

Ignasi Jorro (1982), periodista de Crónica Global, especializado en empresa y salud