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Nuevas etapas, las mismas mochilas

Cristina Farrés
5 min

El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, hará mañana en Foment del Treball otro gesto con el que intenta demostrar que el Gobierno catalán abre una nueva etapa en el independentismo. La voluntad de separarse del Estado continúa, pero con la unilateralidad aparcada --nadie está dispuesto a asumir el coste personal que implica, incluso los que la reivindican en voz alta-- y con el diálogo como prioridad.

Años ha que el presidente catalán asistiera a un acto de la patronal catalana y posara al lado del presidente del Gobierno no era nada destacado. Después del procés, el posado y los gestos de ambos al lado de Josep Sánchez Llibre serán analizados con lupa. Pedro Sánchez y Aragonès protagonizarán el deshielo de las relaciones entre Barcelona y Madrid, pero el intento de mostrar que se ha abierto un nuevo ciclo en Cataluña debe ir más allá.

Por ahora, el ruido procesista prosigue. ERC decidió jugar la baza de la moderación del secesionismo y asume hasta la fecha con entereza el reguero de agravios diarios que recibe por parte de los duros. Erqui ya es otro insulto de uso habitual entre esos catalanes tan acostumbrados a estar cerca del poder público y que olvidan que la mayoría de sus conciudadanos no comparten sus tesis políticas radicales. Y los republicanos ya forman parte de este grupo.

Antes de las autonómicas, un dirigente del partido explicaba que el objetivo de los próximos dos años será el de “abandonar la narcosala” en el que se ha convertido el proceso independentista. La unidad entre formaciones hace meses que está rota e incluso el reparto de carteras de la Generalitat ha dejado claro que no hay sitio para los duros. La voz más radical es la del vicepresidente Puigneró (cuyo cargo no es precisamente irrelevante por el poder que está bajo su control) y es más fiel a Puigdemont que a los Borràs, Torra o Canadell. De nuevo, un gesto del president.

Aragonès ha vinculado su futuro político a la mesa de diálogo que se inaugurará a lo largo de este mes. Sánchez le brindará los indultos, que serán bien acogidos por el partido que le garantizará acabar la legislatura (la única posible, ya que no hay otras mayorías posibles en el Congreso) e implicarán que el líder socialista se queme. La medida política es difícilmente defendible sin ningún informe jurídico que la apuntale.   

El discurso público de los republicanos es el de exigir una amnistía imposible, ya que no hay ningún cambio de régimen a la vista que la justifique. Con todo, el perdón a las penas, reversible si hay reincidencia, es válido por el “sufrimiento” de los afectados y sus familias. No todos los políticos en la cárcel comparten estas tesis, pero esta realidad será la que finalmente les sea impuesta y les permita dejar atrás el centro penitenciario en el que están internos antes de alcanzar el tercer grado. Otra ofensa para el secesionismo más radical.

La legislatura que ha echado a andar en Cataluña dista mucho de las dos anteriores. Aragonès tiene ante sí dos años para demostrar que hay otro camino que no pasa por la radicalidad en el secesionismo catalán. De intentar ocupar los espacios de poder que los neoconvergentes, aún sumidos en sus luchas internas, dejan poco a poco y ante un PSC empleado en ganar posiciones tanto aquí como en Madrid.

ERC deberá demostrar que es capaz de abordar grandes debates sociales y económicos que el procés ha dejado en el aire, con un primer match ball de altura como es la ampliación del aeropuerto de El Prat, y de que es un partido que también sabe gestionar. La mochila que arrastra es la de siempre y, por ahora, no ha conseguido alcanzar ninguno de estos objetivos. Cabe recordar al president el viejo lema político del “hechos, no palabras”.

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¿Quién es... Cristina Farrés?
Cristina Farrés

Periodista. Especialista en economía. Directora de Crónica Global desde el 1 de enero de 2020.