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¿Quién tiene el poder?

Cristina Farrés
7 min

El caos que se ha vivido esta semana con la cancelación del Mobile World Congress (MWC) de Barcelona también tiene otra consecuencia en el reparto de poder. Hasta la fecha, la organizadora del evento tecnológico más relevante de Europa, GSMA, había actuado con mano de hierro en todo lo relativo al acontecimiento. Tiene la potestad de decidir dónde y cómo se ubica una celebración que riega con 500 millones de euros la economía local de la ciudad receptora y lo ejerce. Pero este año, por los motivos que sean, han sido los propios socios de esta suerte de patronal de todas las empresas relacionadas con la telefonía móvil --un grupo muy amplio y heterogéneo en el contexto actual-- los que le han torcido el brazo.

GSMA no manda sobre el sector. Esto ha quedado de forma meridianamente clara con lo sucedido en los últimos siete días. La cara más visible de la organización, John Hoffman, se ha pasado más de una semana subido a un avión intentando convencer a los suyos de que en Barcelona todo estaba bajo control y no había ningún riesgo para sus trabajadores frente a la amenaza internacional del coronavirus. El resultado salta a la vista. Sólo Telefónica se mantuvo hasta el último momento en el salón, decisión en la que pesa el hecho de ser la operadora anfitriona del evento.

Cierto es que a Hoffman le ha tocado la parte más compleja. No sólo ha tenido que luchar contra el histerismo de lo que pueda suceder con una enfermedad surgida en China sobre la que hay incertidumbre. En las decisiones de las tecnológicas también ha pesado la necesidad de demostrar que sí se piensa en sus empleados, casi como una cuestión de responsabilidad social corporativa más que empresarial, con el telón de fondo de la pugna entre EEUU y China que aún no está resuelta y que tiene el 5G como el principal campo de batalla.

A todo esto se le debe añadir que el formato de ferias más tradicional está en cuestión y que muchas de las compañías que participan en el MWC son cada vez más partidarias de organizar eventos propios. Cuentan con el músculo económico y el interés social necesario para ello, dos atributos que los principales grupos chinos mostrarán en Barcelona en los próximos días tal y como avanzó Crónica Global.

Pero el correctivo del sector que ha recibido GSMA no se ha traducido en ceder lo más mínimo en el terreno institucional. A nivel de gobernantes, no se ha estado a la altura de la crisis que se vivía. Mientras el MWC se hundía, en el Congreso de los Diputados se debatía de forma ardua sobre Venezuela y en el Parlament sobre lo mismo de siempre, el procés en una legislatura que toca su fin --además, salía a la palestra algo tan racista como el aspecto que deben tener los catalanes, planteamiento que se estrella contra una sociedad cada vez más multicultural y que por suerte tiene incluso reflejo en el Govern de salida--.

En Barcelona, el ayuntamiento ha esperado a verlas venir. Se debe reconocer que GSMA no ha dejado demasiado espacio, pero los mensajes institucionales han llegado tarde. Ha sido este viernes cuando la alcaldesa, Ada Colau, ha afirmado que estudiará una solución empresarial para aprovechar el slot que deja el MWC. No en Fira de Barcelona, cuyas cuentas anuales quedan tocadas (cuestión no menor), sino de todo el negocio que ya se había activado a escasos 15 días del congreso. Pero, de nuevo, llega casi en tiempo de descuento.

Ha sido el propio tejido económico y empresarial local el que ha tomado la delantera. Mención especial merece gente como Miguel Vicente, Miquel Martí y Carlos Blanco, pioneros en el panorama emprendedor español que tras la cancelación del MWC no esperaron ni un minuto en activar un plan B para que el 4YFN, la parte del congreso dedicado a las startsups, tenga continuidad. Además, han hecho otra tarea muy importante: anunciar a los cuatro vientos que cuentan con inversores de todo tipo para llevar a cabo el proyecto alternativo (les apoyan las grandes corporaciones que ya dieron empaque al Tech City). Han dado la píldora de la confianza que tanto se requería en la ciudad.

También se mantendrán los activos de la llamada Mobile Week, una parte más social cuyo objetivo es divulgar las nuevas tecnologías en toda el área metropolitana; y la Mobile World Capital deja en agenda unas sesiones tan importantes como las englobadas en el llamado Digital Future Society. Un espacio donde se abordan cuestiones que van desde la necesidad de que los datos personales sean realmente privados a los efectos que tienen los últimos avances en el mundo laboral, entre otros. Aunque en esta ocasión se han convocado a 150 asistentes que debatirán a puerta cerrada. El macroevento abierto al público tendrá lugar en la ciudad en la última mitad del año y se abordará cómo se organiza y cuáles son los principales puntos a tratar.

Todo ello suponen buenas noticias para Barcelona. La capital catalana cuenta con un dinamismo económico y empresarial capaz de autoorganizarse para superar un bache como el que se ha vivido en estos días. A la vez, deja en entredicho a los partidos de todo signo por su falta de reflejos y su actitud pasiva sobre la que ha caído. Ni siquiera han sido capaces de reforzar a GSMA en su momento de mayor debilidad, a la que sólo se ha brindado una fotografía de Hoffman con el presidente de la Generalitat más débil de la democracia, Quim Torra. ¿Esto es ejercer poder?

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¿Quién es... Cristina Farrés?
Cristina Farrés

Periodista especializada en el área de economía y coordinadora de la sección de empresas.