Mucha tecnología... y poco disfrute

Gerard Mateo
5 min

Barcelona vuelve a estar en el mundo, y eso siempre es buena señal, en especial para un lugar que depende tanto del visitante, a pesar de los intentos de Ada Colau de convertir la ciudad en un pueblo aislado con circuito de obstáculos. El Mobile World Congress (MWC) es la muestra de que algo ha cambiado, aunque seguimos en pandemia; y de que hemos aprendido a convivir (no todos, véanse los macrobrotes de Mallorca y Menorca) con el virus que llevó a suspender la última edición de la feria tecnológica y ha retrasado la actual.

El MWC21, no obstante, llega sin grandes novedades (y con el plantón de numerosas de las grandes marcas). Tampoco se esperaban muchos avances en la edición del 2020, que se suspendió por la pandemia, y ese fue, precisamente, uno de los argumentos esgrimidos para justificar entonces la cascada de bajas de última hora. En aquellos momentos, las autoridades insistían en que apenas habría uno o dos casos de Covid-19 en España. Así las cosas, la muestra de este año se centra en asuntos más conceptuales.

Claro que hay nuevos gadgets, como las camisetas inteligentes, pero, en general, no son muy llamativos. Algunos rozan el frikismo, como la rueda de hámster… para gatos. Eso sí, el concepto de moda es el desarrollo del 5G y todo lo que implica. 5G para arriba, 5G para abajo. En resumidas cuentas, lo que se promete es una mayor velocidad de descarga para el usuario, para que, entre otras cosas, pueda descargar una película en segundos y navegar por internet sin ninguna interrupción temporal.

La parte que no se explica (o no se quiere escuchar) es que, lejos de aumentar el disfrute de la población, lo que hará esta supervelocidad es tenernos más controlados. Esta tecnología permitirá seguir los pasos de los ciudadanos más de cerca, por un lado, y posibilitará que el usuario esté más tiempo pegado a la pantalla, con lo que ello supone: más opciones de dejar un rastro de gustos y preferencias y mayor exposición ante anunciantes y poderes de todo tipo, con el riesgo de ser manipulados.

Otros asuntos de debate en este MWC inusual sugieren que no hay vuelta atrás. Se pide un nuevo marco legal para avanzar en la era de la digitalización, para poder competir de tú a tú con China y Estados Unidos. O entras en el juego de la globalización y la hiperconectividad o, por desgracia, te quedas fuera del mundo. ¿Está la democracia en peligro? ¿Cederemos más libertades con el pretexto de estar más seguros? ¿Nos convertiremos en cyborgs algún día, con chips y otros elementos implantados para vivir más y con mayores capacidades? Es decir, ¿dejaremos de ser zombis, anestesiados, para ser semirrobots (a los que poder apagar con un botón)? Es lo que teme Yuri Harari. Y puede que tenga razón.

La tecnología evoluciona y, bien empleada (como todo), tanto por los proveedores como por los usuarios, es buena, pero mal empleada… se acabó el disfrute. Lo vemos con las redes sociales, por ejemplo, que provocan adicciones, fobias, aislamiento. En cambio, nadie ha dado con la tecla de algo que sí haría gozar a la población, y es la transmisión de olores y sabores a distancia. Existen traductores instantáneos (muy bien, pero también frenan el esfuerzo de aprender idiomas), pero no hay manera de probar ni oler ese plato que está preparando Arguiñano. Ni siquiera las películas de fútbol están bien resueltas, porque este deporte o se vive en el momento o pierde toda la esencia. Queda mucho por hacer.

Mientras eso llega, los zombis se quitan la mascarilla por la calle sin pararse a pensar si es lo adecuado (ir con la boca descubierta en la ciudad es una temeridad) o si es una simple maniobra de distracción para tapar asuntos tan escandalosos como los indultos. Por cierto, no parece que los agraciados hayan levantado el pie del acelerador, al menos en su vocabulario y en gestos infantiloides como el semiplantón de Aragonès y Colau al Rey, aunque después cenen juntos. Tampoco esperen que Pedro y Pere arreglen nada.

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¿Quién es... Gerard Mateo?
Gerard Mateo

Barcelona, 1990. Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su camino profesional como colaborador en las publicaciones deportivas digitales Madrid-Barcelona y Defensacentral, antes de dar el salto al Diario Gol. Con posterioridad, y tras casi cinco años, aterrizó en Crónica Global, donde hoy por hoy ejerce de redactor jefe de actualidad y edición. Buscando explicación a todo.